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Presentan “La Ecoestética de lo Juchiteco” en Ecuador

Publicado por @Shinji_Harper el Domingo, 7 Diciembre 2008
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Oaxaca, México.-  El escritor zapoteca  Jorge Magariño participó en el Encuentro Intercontinental  “Nuevas Estéticas de los Pueblos Originarios, realizado en la Universidad “Simón Bolívar” em Quito, Ecuador con la ponencia La Ecoestética de lo Juchiteco, de la que Ciudadanía Epress da cuenta.

 

 

La ecoestética de lo juchiteco

Jorge Magariño

 

Ay, diidxazá, diidxazá,

diidxa’ rusibani naa

naa nanna’ zanitilú

dxi guiniti gubidxa ca.

 

Ay, zapoteco, zapoteco,

lengua que me das la vida,

yo sé que morirás

el día  en que muera el sol.

 

Gabriel López Chiñas

1.    La cocei

 

 El 3 de agosto de 1983, la Cámara de Diputados del Congreso del estado de Oaxaca, un territorio ubicado al sur de México, decretó la desaparición de poderes en el municipio de Juchitán de Zaragoza, la causa: violencia, sedición, provocada desde la autoridad local, el Ayuntamiento Popular, encabezado por la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo, la COCEI. Días antes, el 31 de julio, la provocación orquestada desde el palacio de gobierno estatal había dejado como saldo heridos, comercios saqueados, enfrentamientos entre ciudadanos y dos muertos, de todo lo cual se responsabilizaba al presidente municipal, Leopoldo De Gyves De la Cruz y a los dirigentes de la COCEI.

 

Cuatro días más tarde, la convocatoria coceísta hace sentir su fuerza con la presencia de miles y miles de personas que acuden a un referéndum frente al palacio, mediante el cual se decidirá qué camino seguir ante la desaparición organizada por el Partido Revolucionario Institucional, instalado como autoridad estatal y nacional.

 

En un emotivo y puntual recuento de ese día, y de los sucesos vividos por el pueblo juchiteco, desde que iniciara la administración de Leopoldo De Gyves en marzo de 1981, Carlos Monsiváis[1] recuerda la presencia de los escritores Fernando Benítez y Óscar Oliva; de los pintores Felipe Ehrenberg y Francisco Toledo; y  del antropólogo Arturo Warman, entre otros. Por primera vez –anota Monsiváis- se oye gritar en una plaza pública “¡Vivan los intelectuales! ¡Vivan los artistas!”. El dato no era mínimo ni gratuito, la cultura y el arte habían sido parte sumamente importante de este proceso inédito en la política mexicana: por primera vez en la historia del país una organización de izquierda había ganado un municipio en elecciones constitucionales.

 

Pero ¿qué es la COCEI?, se pregunta Monsiváis[2], y nos responde:

 

“La decisión de un grupo de estudiantes, campesinos y profesionistas juchitecos, que a principios de los setentas (del siglo pasado) se reúnen y se organizan para crear una zona de pensamiento y acción independiente. En el nacimiento y primer desarrollo de la COCEI concurren varios factores:

-la fuerza activa de la tradición de Juchitán, el sentido histórico regional y local, tan infrecuente ya en México, las características de una población bilingüe que al idioma zapoteco le confía las vivencias más entrañables.”

 

En junio de 1983, Arturo Warman[3] describió a la COCEI como una organización moderna, sostenida por gente que respeta y ama sus tradiciones. Es quizás –decía- “el tipo de organización que nos habla de un futuro político, donde habrá no solo grandes partidos nacionales, sino también organizaciones políticas regionales, con muy firmes bases, que tendrán el control sobre la vida municipal y serán capaces de participar en alianzas con partidos políticos nacionales”.

 

2.    los antecedentes

 

Pero ésta no era la primera vez que los zapotecos se rebelaban y luchaban en contra de las decisiones del centro del país. A lo largo de su historia, durante los últimos siete siglos al menos, han existido ejemplos de la decisión permanente de ejercer el derecho a vivir en su territorio y con sus formas de vida, con autodeterminación.

 

Los zapotecas, uno de los dieciséis grupos étnicos que se asientan en el estado de Oaxaca, habitaron inicialmente los llamados Valles centrales, donde vivieron su época de esplendor desde los años 200 hasta los 900 de nuestra era, en Monte Albán, actualmente ubicada en la periferia de la actual capital del estado, la ciudad de Oaxaca. Con el paso del tiempo, y hacia el siglo XIV se establecieron en la planicie costera, desplazando para ello a los antiguos pobladores de esa zona: los ikoods o huaves, los zoques y los mixes.

 

Hacia el siglo XV, los zapotecas ubicados ya en Tehuantepec, poblado cercano a Juchitán, sostuvieron una larga lucha contra los aztecas, quienes ocupaban la zona como paso hacia el Soconusco y Centroamérica, en sus actividades comerciales; sin embargo, reacios a pagarle tributos a la entonces poderosa Tenochtitlán, los guerreros zapotecas resistieron un largo sitio, luego de lo cual acordaron un matrimonio entre hijos de las nobles familias de ambos bandos.

 

 Llegada la conquista española, los enviados de la corona aposentaron una alcaldía en Tehuantepec. Pero la codicia de los conquistadores no tardó en mostrar sus excesos elevando los tributos a pagar, por ello, en 1660, los zapotecas se rebelaron, mataron al alcalde y sus ayudantes e instauraron un gobierno indígena que duró un año, hasta que el Virrey en turno envió una tropa numerosa que sofocó aquella rebelión, matando a los principales, degollándolos y despelucando a las mujeres que habían participado activamente.

 

Para el siglo XIX, ya en Juchitán, un guerrillero local, José Gregorio Meléndez, se levantó en armas contra el gobierno federal, en defensa de la salinera que hasta entonces había sido explotada de manera comunal y ahora se pretendía entregarla a un particular extranjero. Ese fue el inicio de una lucha que más tarde derivó en la exigencia de la autonomía del territorio del Istmo. La intervención directa de Benito Juárez, a la sazón Gobernador de Oaxaca, permitió aplacar momentáneamente la revuelta.

 

Un poco después, en 1866, y no obstante la reciente lucha de Meléndez, los juchitecos abrazaron la causa nacionalista ante la intervención francesa, que había puesto ya a la cabeza de un fugaz imperio mexicano a Maximiliano de Habsburgo. En territorio istmeño, los juchitecos concitaron el apoyo de diversos pueblos cercanos para hacer frente a los invasores, logrando el triunfo sobre estos el 5 de septiembre de ese año, en una fecha que forma parte del calendario cívico local, cuando los alumnos de las escuelas salen a las calles para desfilar y recordar la gesta liderada por indígenas, hombres y mujeres.

 

La lucha por la autodeterminación fue también el móvil que orilló a otro personaje de nuestra historia, José F. Gómez, quien encabezó a principios del siglo XX, una rebelión que demandaba el derecho a decidir el nombramiento de las autoridades municipales, y en contra de la decisión del gobierno estatal de simplemente enviar a un emisario para ejercer el cargo. Al igual que Meléndez, F. Gómez fue asesinado por el ejército federal luego de presuntamente haber negociado.

 

Como puede verse, un elemento ha sido parte consustancial de la vida, la historia de los zapotecos de Juchitán: la resistencia. Resistir para poder seguir siendo zapotecas, para poder seguir siendo juchitecos, para poder respirar la vida de un modo único, con la unicidad que le otorga su lugar específico en el mundo; para continuar comunicándose en un idioma cuyas vocales se cortan, se alargan, se elevan y regresan a la garganta de los más de cien mil habitantes del municipio, de las más de setenta mil personas que viven en la cabecera municipal; en donde el 63 por ciento habla y disfruta de esa lengua viva; viva, aunque ciertamente asediada por españolismos, anglicismos, pero que no pierde su esencia, una esencia que lo ata a la madre tierra, ahí donde se guardan nuestros ombligos, luego de ser separados, apenas saliendo del vientre materno.

 

3.    la ebullición de la cultura y el arte.

 

 

El discurso reivindicador de la cultura y el arte que formaba parte del bagaje político de los líderes de la COCEI encontró pronto su caldo de cultivo en los jóvenes que se integraron a las marchas, a las pintas, a los mítines. Pronto se inauguró Radio Ayuntamiento Popular que emitía su programación con un alto contenido cultural y con locutores que realizaba su tarea en zapoteco. Saltando de un lado a otro del dial para evitar ser neutralizada, la radio coceísta mantuvo su labor hasta el último día de la gestión de Leopoldo De Gyves.

 

Atareados por las conexiones de los viejos aparatos de sonido para el mítin de la tarde, los músicos primerizos fueron aprendiendo el arte de la composición de la mano de viejos guitarristas, y al amparo del cancionero revolucionario latinoamericano, donde destacaban: Víctor Jara, Daniel Viglietti, Zitarrosa y la Violeta Parra.

 

Por su parte, los aspirantes a escritores tenían que afanarse primero en reproducir los volantes que debían repartirse en las calles, en el mercado, antes de irse al taller de creación literaria que funcionaba de manera improvisada en la Casa de la Cultura, desde donde se imprimieron después y casi sin dinero las primeras plaquetas de los poetas. Más tarde había que ir al acto cultural programado en alguno de los barrios, pedirle prestada a un vecino la mesa sobre la cual posó su brillantez un bagre horneado apenas media hora antes, y sobre ella, alumbrados por una bombilla de 60 watts, leer los bisoños textos, para enseguida ir a preparar el siguiente mitín o encabezar una demanda, o morir en el intento, como le ocurrió al poeta Alejandro Cruz, asesinado a balazos mientras gestionaba un pozo para unos campesinos.

 

A un lado, los aprendices de pintores se apuraban a terminar de rotular con mensajes políticos o educativos, o de salud, un largo muro encalado; con la pintura sobrante, después, a un lado del texto, balbuceaban sus primeros trazos, sus ensayos con el color.

 

Y en todo este ir y venir, brillaba la imagen del maestro Francisco Toledo, quien se sumó al esfuerzo colectivo, aportando los recursos para editar los libros que después saldrían bajo el sello del ayuntamiento popular, o entregando material para los pintores, o invitando a destacados artistas mexicanos de diversas disciplinas. Para entonces Toledo ya tenía en su haber exposiciones en diversas galerías de Francia y Estados Unidos, además de una gran muestra retrospectiva montada en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de México, con motivo de sus cuarenta años.

 

De esa generación surgieron excelentes músicos, escritores, artistas plásticos, que se han presentado en escenarios de muy diversa índole; con discos grabados, con libros editados, con premios y reconocimientos, con numerosas exposiciones. Cierto es que todo esto ocurrió ya después del 3 de agosto, y al amparo de la Casa de la cultura. Pero el proceso de la lucha social dejó, indudablemente, su impronta en la memoria de los artistas, de la gente, de los visitantes, de los investigadores.

 

4.    la ecoestética.

 

Y es precisamente esa historia de resistencia, la lucha social, el profundo amor a la cultura propia, como raíz que afirma, lo que integra la estética de los juchitecos, su ecoestética.

 

La ecoestética, dice Juan Acha[4], constituye la cultura estética en su acción modeladora de las sensibilidades personal y colectiva, que suscitan en la persona individuaciones y socializaciones sensitivas, como respuestas que propiamente son identificaciones tanto con la persona del individuo como con los diferentes grupos de la colectividad. Si se quiere –remata Acha-, la ecoestética sería la sociedad vista en sus aspectos sensitivos.

 

Son los factores señalados  líneas arriba los que le dan a Juchitán su sabor propio, su sello, de donde le viene el orgullo, la autoestima. Es en la diaria interacción con estos elementos como los y las juchitecas refuerzan su sentido de la vida, su modo de ver el mundo en una ebullente alegría, en la tolerancia; una tolerancia sublimada luego del fuerte proceso de los ochentas, cuando la sociedad se polarizó, pues no necesariamente todos los pobladores apoyaban la lucha de la COCEI , existía un sector considerable que persistía en su pertenencia al PRI, y ello llevaba no pocas veces a enfrentamientos más que verbales entre vecinos.

 

Y en medio de todo, la mujer brillando como un sol. La mujer que es dueña casi absoluta del mercado, que vende y compra en su lengua, que hace de esa actividad algo más que una relación comercial, pues el mercado se vuelve zona de comunicación, de reforzamiento de afectos, de constatar la salud física y económica de los demás. La mujer que es la gran mantenedora de la tradición, la que conoce los ensalmos necesarios para la transmisión de las mayordomías, la que hereda el viejo idioma a los hijos. Esa mujer que con su enorme presencia en la vida social y económica dio pie para que se haya creado el mito del matriarcado juchiteco.

 

Junto a ello, la visible presencia de los gays, los homosexuales, los muxhes, los que no viven ciertamente en el paraíso, como algunos quieren ver, pero sí encuentran espacio para vivir su presencia… hasta ciertos límites, como los establecidos en las máximas fiestas denominadas Velas, en donde aun no pueden acceder si portan el traje de gala de la mujer juchiteca.

 

La ecoestética, un espejo para mirarse, una fotografía para recordar; un libro diario para leerse uno mismo y leer a los demás. Es esa ecoestética con la cual trabajó desde sus inicios la Casa de la Cultura, institución fundada por el maestro Toledo e inaugurada por el Presidente de la república de ese tiempo, en marzo de 1972.

 

Al llegarse los tiempos de la efervescencia política de los ochentas, la Casa gozaba de una amplia reputación en el país, merced a la calidad de sus actividades y a la profundidad de su propuesta. Por supuesto que la mano de Toledo siempre estuvo tendida para apoyar a la institución. Así ocurrió con sus primeros cuatro directores, hasta que tuvo diferencias con el que permanecía al frente y retiró su apoyo, al tiempo que retiró también la colección de artes plásticas que pendía de sus muros, acervo que contaba con la obra de artistas como el nicaragüense Armando Morales, el catalán Chillida, los mexicanos: Tamayo, Orozco, Soriano y el mismo maestro Guayasamín. Con este hecho comenzó el declive de la Casa, un deslizamiento que no se detiene, que no se ha podido revertir hasta la actualidad.

 

5. Lo que sigue

 

A la desaparición de poderes siguió una dura etapa de reorganización política en el exilio, fuera de Oaxaca, y siguió asimismo el éxodo de los artistas quienes salieron en busca de mejores horizontes, unos a realizar estudios concernientes a su disciplina, otros –como los pintores- a buscar mercado para su producción, a dejar atrás una etapa marcada por el tequio, el trabajo colectivo no remunerado.

 

Tuvieron que pasar seis años para que la COCEI volviera a ganar las elecciones, manteniéndose en el poder hasta el año 2001, en que el PRI volvió a ganar, retornando al poder los coceístas tres años más tarde y reafirmándose en las elecciones del año pasado, pero con un evidente desgaste, no solo en el discurso sino también en su imagen ante la sociedad, que vio cómo poco a poco la ambición por el poder fue minando la fuerza ideológica de los dirigentes, el compromiso real con el pueblo, llegando incluso al extremo de formarse hasta cinco grupos que detentan el nombre de la COCEI, pero cada uno con apellido diferente: COCEI-alternativa patriótica; COCEI-frente por la democracia y el desarrollo de los pueblos; COCEI-coordinadora democrática de pueblos, y así por el estilo. Esta multiplicación de panes políticos llevó a Oscar Cruz, uno de los fundadores de la organización, a expresar ante Elena Poniatowska que hacían falta partidos en el país para cobijar a todos estos fragmentos, o expresiones, como les llaman eufemísticamente sus líderes; así, en las elecciones estatales del año pasado se pudo ver COCEI-PT, COCEI-PAN, COCEI-PANAL, COCEI-PRD; incluso a la fracción que encabeza Héctor Sánchez, dirigente coceísta que llegara a ser Senador de la República y candidato a la gubernatura del estado, se le conoce irónicamente como COCEI-PRI.

 

Sin embargo, en todo este transcurrir de tiempos y sucesos, una nueva generación de artistas ha ido formándose, sí con el peso de la decepción política, pero también con su reafirmarse zapoteco ante los avatares de la vida. Así nos lo muestra un joven antropólogo juchiteco de nombre más que metafórico, Gubidxa (sol) Guerrero, quien en un intercambio epistolar con el que escribe señala:

 

“…una brecha generacional se fue abriendo entre quienes habían participado activamente en el movimiento coceísta y quienes sólo habíamos conocido sus decepciones. No sé en qué momento dos concepciones de la participación se contrapusieron. De repente me vi rodeado de jóvenes con otras inquietudes, otras formas de relacionarse, con otros códigos de comunicación, que no querían formar parte de la “élite” cultural juchiteca como le denominaban. Aquellos muchachos dispersos, anónimos, fuimos reconociéndonos y planteando soluciones a las necesidades nuestras. Por ahí hace más de 5 años surgió la pequeña revista Naderías, nacieron las Caravanas Culturales, el primer intento de Radio Comunitaria… todo sin aparente orden, y con el único propósito de abrir espacios para dar a conocer lo que pensábamos, para liberar nuestras turbaciones.

 

El caso es que de 6 años para acá, esa generación amorfa, fue definiéndose, creando grupos, según las inquietudes y necesidades de cada quien. Y lo más importante, estas agrupaciones diversas, nacieron sin el amparo de grupo o institución alguna. Cada conjunto buscó reflejarse, eso sí, en las tradiciones históricas e intelectuales de nuestro pueblo, pero sin la guía moral de nadie”.

 

Cierto es que éste transcurrir del tiempo, este relevo generacional, no ha sucedido, no está sucediendo sin sobresaltos. Al crecimiento desordenado de la mancha urbana se suma el altísimo impacto que tienen las dos empresas cerveceras instaladas en la ciudad, creando aquí con sus políticas comerciales la zona de mayor consumo de estas bebidas en el país. Por otro lado, los dos últimos presidente municipales coceístas han tenido que gobernar soportando movilizaciones en contra, o incluso “tomas” del palacio, patrocinadas por sus supuestos compañeros.

 

Y por si esto fuera poco, el narcotráfico en pequeña, mediana y gran escala hizo su aparición desde hace algunos años, llegando a utilizar –esta última vertiente- una laguna cercana para arrojar desde avionetas paquetes de droga, que luego eran recogidas por lanchas rápidas. A esto se suma la alarmante presencia de una célula del grupo conocido como los Zetas, brazo armado del cártel del Golfo. Los Zetas han realizado diversos secuestros desde hace un año, en Juchitán y en ciudades aledañas, cobrando fuertes sumas por el rescate de las víctimas; aún más, este grupo criminal adiestró a un número indeterminado de jóvenes de la localidad, quienes ahora realizan este “trabajo”, bajo la supervisión de sus mentores. En medio de este escenario, apenas ayer 30 de noviembre, fue hallado fortuitamente el cadáver de quien fungiera como comandante de la policía municipal. El cuerpo, con señales de tortura, estaba siendo desenterrado en las inmediaciones de un rancho por unos perros.

 

Pero no todo es desaliento, al menos no en el terreno del arte y la cultura. Han surgido en los recientes años varias Organizaciones No Gubernamentales, tales como: Neza nabani A. C, Fundación Histórico Cultural de Juchitán, Comité Che Gorio Melendre y Gubidxa soo, A.C., de la cual soy presidente. Estas agrupaciones promueven actividades, ediciones, investigaciones, teniendo como eje primordial la cultura y el arte de los zapotecas. Asimismo, funcionan actualmente ¡doce! estaciones de radio de frecuencia modulada, más, incluso, que las establecidas en la capital del estado; ciertamente, cobijados bajo la bandera de ser radios comunitarias, ninguna de ellas cuenta con la concesión legal para operar, pero igualmente varias de ellas sin saber bien a bien lo que implica la comunitariedad.

 

Hace falta, por supuesto, realizar un trabajo organizado, donde se conjunte no sólo el esfuerzo sino también la inteligencia de estos actores. Es necesaria la puesta en marcha de un proyecto sólido, nacido de la colectividad y no de los trabajos aislados; que optimice los recursos, sí, pero sobre todo que tenga claridad en la delimitación de objetivos comunes, comunitarios. Solo así podremos vigorizar la brillante espiral de nuestra historia.

 

La ecoestética de lo jichiteco presentada en la Universidad "Simón Bolívar"

La ecoestética de lo jichiteco presentada en la Universidad

 

 

6.    para finalizar.

 

Ser original es ser potente, dijo alguna vez el poeta mexicano Óscar Oliva. Originario viene de original, orígine. Somos originales en la medida en que asumimos nuestra unicidad, en ese sentido la cultura zapoteca ha sabido asumirse como una cultura que tiene valores propios que mostrar, una forma propia de ser para estar frente a los otros, que a su vez son únicos. Y más allá de las formas epidérmicas, visibles, que nos ubican ante los ojos de los demás, perviven formas de relacionarse con el mundo –las tradiciones, los rituales- y una lengua que nos encierra y también nos da forma y contenido.

 

Soy como aquel que siempre llevaba un ladrillo bajo el brazo, para mostrar al mundo como era su casa –escribió maese Brecht. Y ése es el punto, queremos seguir llevando nuestro ladrillo zapoteca, para mostrar que los demás también pueden mantener su casa de un modo especial, esencial, lejos de la homogeneización hacia la cual pretende propender la economía global.

 

Juchitán, Oaxaca, México. Diciembre de 2008

 


[1] MONSIVÁIS, Carlos. Prólogo, en H. Ayuntamiento Popular de Juchitán, fotografías de Rafael Doniz. Ediciones del H. Ayuntamiento Popular de Juchitán. México, 1983.

[2] Ibidem, p. 11

[3] WARMAN, Arturo. The Future of the Isthmus and the Juárez Dam, en Zapotec Struggles. Editado por Howard Campbell et al, Smithsonian Institution Press. USA, 1993. p. 105.

[4] ACHA, Juan. El consumo artístico y sus efectos. Editorial Trillas, México, 1988. pp. 30-39.

Comentarios

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2 Comentarios »

  • Felipe Ehrenberg dijo:

    Valiosisimo recuento (lastima que no este firmado) de un importante capitulo en la historia del estado libre y soberano de Oaxaca!!
    Solo un capitulo mas…

    Desde Montevideo, los saludo emocionado
    Felipe Ehrenberg

  • JUAN dijo:

    QUIEN ESCRIBIO ESTO, SE OLVIDO QUE LA BRECHA GENERACIONAL SE DIO HACE MAS DE 6 AÑOS, MUCHO MAS, CON LOS GALACTICOS (GENERACION 95), FUERA DE TODO INTERÉS PARTIDISTA, Y NO PEGADOS AL PATERNALISMO, PRUEBA DE ELLO SOMOS VARIOS QUE ESTUDIAMOS QUE ESTAMOS FUERA DE JUCHITAN , CON EXITO Y VIENDO COMO LOS LLAMADOS NUEVOS SIGUEN EN LO MISMO, Y SI ACTUAMOS, DICEN QUE NO SE PUEDE…PERO ARRIBA JUCHITAN

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