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El legado de Samuel Huntington “el profeta del caos”

Publicado por @Shinji_Harper el Lunes, 29 Diciembre 2008
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En mayo de 1995 Samuel Huntington fue a Madrid dos años después de que hubiera estallado la gran conmoción que representó la publicación, por parte de este profesor de la Universidad de Harvard, de un extenso ensayo titulado “El choque de civilizaciones” en la revista norteamericana Foreign Affairs. Como  homenaje a su aportación a la teoría política mundial tras su fallecimiento el 24 de diciembre pasado, reproducimos la entrevista que, en el transcurso de aquel viaje, Carlos Salas efectuó a Samuel Huntington, y que fue publicada el 24 de mayo de ese año en el periódico “El Mundo” de España

 

Por Carlos Salas

 

En su ensayo El choque de civilizaciones, el profesor Huntington describe un mundo futuro sacudido por una nueva clase de conflicto que no tiene base ideológica, religiosa, ni económica, exclusivamente. Es mucho más: un conflicto entre civilizaciones en lucha por la supervivencia.

Samuel Huntington, un hombre delgado, con gafas de carey, casado, con dos hijos y que sonríe maliciosamente cuando afirma que es de Nueva York, es director del Instituto John Olin para Estudios Estratégicos de la Universidad de Harvard. Achaca la enorme repercusión de su artículo al momento en que fue publicado: «Había acabado la euforia del fin de la Guerra Fría; el mundo volvía a ser testigo de nuevos conflictos, a pesar de que Fukuyama había profetizado el fin de la Historia».

 

Fue la similitud de sus teorías con ciertos acontecimientos mundiales lo que llamó la atención de los analistas. «Bosnia, Chechenia, Tayikistán, Cachemira, Filipinas, son lugares donde chocan las civilizaciones», afirma Huntington, y enumera estas civilizaciones: occidental-cristiana (Europa Occidental y Estados Unidos), eslavo-ortodoxa (Rusia y países eslavos), confuciana (China), islámica, japonesa, hispanoamericana, hindú (India) y, quizá, africana.

 

Los analistas le tildaron de «profeta del caos». Él lo niega sin alterarse, y hasta promete escribir un libro sobre el «choque de civilizaciones», donde anunciará que Estados Unidos y China se enfrentarán en el próximo siglo porque «Estados Unidos no permite otras superpotencias».

 

Explica la matanza de Ruanda diciendo que no fue un choque de civilizaciones sino tribal: «No había peligro de una escalada».

 

No cree que surja un conflicto fronterizo entre Estados Unidos y México porque «las diferencias entre México y Estados Unidos, en términos de cultura y civilización, son mínimas».

 

Invitado por el Club de Debate de la Universidad Complutense, es la segunda vez que pisa España.

 

P.- ¿Qué es Occidente?

 

R.- Es la cristiandad, y lo que la distingue es su lenguaje de origen europeo, su herencia clásica grecolatina, la separación entre Iglesia y Estado, el individualismo, el pluralismo… así ha sido durante mil años.

 

P.- ¿Por qué las ideologías están en plena decadencia?

 

R.- La idea de la ideología es muy reciente, algo minúsculo comparado con la existencia de la Humanidad. Yo las distingo de las religiones. La ideología se refiere a cuestiones políticas, pero las religiones van mucho más allá. Nos hablan de cuestiones éticas y morales, de la Humanidad, las relaciones con los demás…

 

Huntington en una de sus múltiples conferencias por el mundo

Huntington en una de sus múltiples conferencias por el mundo

P.- Islam y Occidente: ¿será la batalla del siglo XXI?

 

R.- Va a ser uno de los problemas más serios de las sociedades occidentales debido a la tremenda explosión demográfica de los árabes. La diferencia entre esos países y Occidente radica en la visión de los Derechos Humanos, el terrorismo, las armas nucleares… El Departamento de Estado de Estados Unidos elaboró una lista de siete países terroristas de los cuales cinco son musulmanes.

 

P.- Usted propone ayudas a otras civilizaciones, pero ¿no cree que ese tipo de ingerencias pueden afectar su identidad y producir una reacción negativa como en Argelia?

 

R.- No, porque ya definirán su propia identidad, no podemos cambiarla. Ni ellos son capaces de cambiarla.

 

P.- ¿No? Si uno viaja a Japón se encuentra japoneses vestidos con vaqueros, zapatillas deportivas y que almuerzan en McDonald´s.

 

R.- (Interrumpiendo) Pero eso no es civilización occidental. Es algo trivial. Sin importancia. Hace trescientos años, en Occidente, hubo una enorme explosión de todo lo chino. Todo el mundo vestía ropas chinas, tenía cosas chinas, pero, ¿les hizo chinos? Claro que no. Por eso, si los japoneses visten vaqueros, y comen «sneakers» (un dulce de almendra de Estados Unidos), ¿les hace occidentales? No.

 

P.- ¿Qué va a pasar con nuestra civilización, que sufre tan baja expansión demográfica?

 

R.- El poder de Occidente está declinando en relación con otras civilizaciones cuya población se extiende y desarrolla económicamente. Occidente sólo se limita a mantener a duras penas su nivel de población. La población rusa también decae. Japón afronta los mismos problemas. Esto sólo se puede arreglar si las sociedades occidentales aumentan la inmigración. Los japoneses no aceptan inmigrantes por lo cual su población cada vez es más anciana. Estados Unidos tiene por el contrario, una masa constante de inmigrantes…

 

P.- ¿Decaen también los valores occidentales?

 

R.- Bueno, pues… nuestros valores, creo que los mantenemos, y… la gente en todas partes cree que son atractivos.

 

Fuente: www.elmanifiesto.com

 

 

En contexto:

OBITUARIO

Samuel Huntington, el gran valedor de la idea de Occidente

Plasmó sus teorías políticas en la polémica obra ‘El choque de civilizaciones’

Por Fernando Vallespín/El País

 

La labor de los científicos sociales no se limita a acumular conocimientos sobre la realidad social para luego ponerla al servicio de la sociedad. Su dimensión más notable consiste en que, a través de su trabajo, la sociedad pueda tomar después conciencia de sí, contribuir a la autocomprensión colectiva. Ésta es la función en la que siempre destacó la obra de Samuel Huntington, y quizá por ello fue valorado por sus pares como el politólogo número uno del mundo. Su impacto siempre se ha medido así más por la forma en la que sus teorías ayudaron a crear una determinada imagen del mundo en la que vernos reflejados que por la sofisticación de sus análisis sociopolíticos.

De su extensa obra -centrada sobre todo en temas como la democratización, las relaciones entre los poderes civil y militar, el desarrollo político o la política comparada-, hay dos libros que dejaron una importante huella en la ciencia política y en nuestra visión de nosotros mismos. El primero, La tercera ola (1991), aborda los procesos de democratización habidos durante los años setenta en el sur de Europa y América Latina. Lo peculiar del análisis de Huntington reside en resaltar la importancia de la “influencia exterior” sobre los países que entonces comenzaron su proceso de transición democrática. En particular, de Estados Unidos u otros países democráticos desarrollados, que por aquellas fechas harían de la democratización una de las señas de identidad de su política exterior.

El segundo ya es bien conocido por el gran público, El choque de civilizaciones (1996), que tiene su origen en un artículo con el mismo título publicado en 1993 en el Journal of Foreign Affairs. Su tesis básica es que el orden mundial se construye sobre diferencias culturales, no sobre ideologías, y es aquí, en el enfrentamiento entre esas disensiones culturales, donde se encuentra la sede de los conflictos del presente y del futuro. Dichas diferencias no pueden aspirar, en principio, a una aminoración desde supuestos principios compartidos. Lo que prevalece en el mundo es una radical inconmensurabilidad entre diferentes órdenes culturales o “civilizaciones”, construidas a partir de diferentes principios religiosos, que no se dejan domar por el recurso a valores con eficacia universal. El particularismo y las diferencias culturales estarían ahí para quedarse.

En su visita a Canadá en 2005 donde habló de sobre los ataques racistas contra migrantes sobre todo hispanos en su conferencia Los cambios en la identidad nacional americana;Foto Simon Hayter del Toronto Star/Zima Press

En su visita a Canadá donde habló de sobre los ataques racistas contra migrantes sobre todo hispanos en su conferencia Los cambios en la identidad nacional americana /Foto Simon Hayter/Toronto Star/Zuma Press

La preocupación fundamental de Huntington no reside en afirmar una supuesta superior capacidad de Occidente por haber sido capaz de vislumbrar principios dotados de valor universal.

Su interés es exclusivamente estratégico. No se trata de extender el “universalismo occidental” a otros lugares del mundo. Lo que se busca es más bien lo contrario: que la protección de la identidad y seguridad de Occidente -sus “intereses de civilización”- no se vea amenazado por los dos movimientos que supuestamente más lo desafían: el afán por intervenir en áreas culturales distintas a la occidental para potenciar los derechos humanos. Y, en segundo lugar, el continuo proceso de “multiculturización” interna.

El multiculturalismo en Europa y Estados Unidos se vislumbra como la gran amenaza para la estabilidad de un bloque cultural en conflicto potencial con otros bloques culturales.

El objetivo reside más bien en estabilizar y reforzar la identidad cultural de Occidente en unos momentos de un supuesto declive del credo cristiano, su mayor factor de cohesión cultural. De lo que se trata, pues, es de aceptar la multiculturalidad en el ámbito externo y en negarla hacia dentro, en el propio interior de la cultura occidental. Esto último salió claramente a la luz en su último libro, ¿Quiénes somos? (2004), donde aborda el desafío que la inmigración latina está planteando a la identidad nacional estadounidense.

Samuel Huntington pasará a la historia, sin embargo, por haber explicitado en forma de tratado científico la necesidad de mantener una oposición casi existencial entre Occidente e islam, algo de lo que tomaron buena nota los neocons y la Administración del ya casi ex presidente George Bush.

Fernando Vallespín es catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.

 

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