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Travesías del Exilio en la Biblioteca Henestrosa

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 6 febrero 2009
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TRAVESÍAS DEL EXILIO

 

 

Exposición de Guillermo Rito

 

 

Del 7 al 28 de febrero, 2009

 

 

Inauguración:

Sábado 7 de febrero *19:30 horas *Acceso libre

 

 

B I B L I O T E C A   H E N E S T R O S A

Porfirio Díaz 115, esquina con Morelos, Centro, C.P. 68000 Oaxaca de Juárez, Oax.

Tel. 516-9715, fax 516-9750, bibliotecahenestrosa@yahoo.com.mx

 

 

Conjuro en ausencia de deidades

 

A principios del siglo VIII, los artistas de Cacaxtla llevaron a su esplendor temprano el arte del mural al fresco en esta ciudad habitada por un pueblo enigmático, los olmecas xicalancas. En sus manifestaciones artísticas confluyeron elementos mayas, teotihuacanos, zapotecos, y referencias a otras culturas preamericanas, como la huasteca. Los temas de estos murales son de guerra, pero como es usual en el arte de la época, los devotos pintores no dejaron de insertar, en la exaltación del poderío político y militar de sus dirigentes, complejas alusiones a hazañas de las divinidades. Estas referencias sagradas tienen su cifra en los colores empleados: blanco, rojo amarillo, azul y verde. Cada uno de esos tintes corresponde a una deidad y un concepto cosmogónico que, en conjunto, componen la idea del orden universal que estos pueblos cultivaron, y que combinan un sorprendente refinamiento con las prácticas guerreras más violentas.

 

En un tiempo en que los dioses protectores han sido arrasados por la violencia del orden económico, así como por la brutalidad de manifestaciones criminales que asfixian a la sociedad global, Guillermo Rito introduce de nuevo una invocación ritual en que lo sagrado se proyecta mediante la conjunción de colores propios de la pintura antes de la llegada de europeos al Nuevo Mundo.

 

 Sin embargo, la profunda crisis de los símbolos sagrados en un dominio profano se manifiesta con la ausencia de figuraciones tranquilizadoras. Si los artistas del siglo VIII confiaban en conjurar el caos con representaciones de hombres vinculados a lo divino, el artista del siglo XXI presenta la ausencia de lo divino en este mundo donde sólo queda el entrecruzamiento de rutas sin amparo sobrenatural. Lo que antes presidieron dioses está hoy clamando por su retorno, y la pintura sin efigies es un signo más de esa ausencia. Sin embargo, al mostrar el abandono sufrido por la humanidad, el pintor opera una catarsis y una ceremonia de recuperación. La vuelta de lo sagrado es inminente si se denuncia el apartamiento de las divinidades. Como escribió el poeta Fernando Pessoa, no haber dios es un dios, también.

 

La densa cualidad de este arte abstracto también tiene que ver con el espeso entorno en que se mueve el creador. Este tiempo de arenas movedizas y suelos fangosos nos advierte que la ligereza otorgada por la confianza en otros horizontes, ha sido arrebatada de nuestro campo de visión, del suelo que pisamos. La representación del momento exige, pues, una consistencia untuosa con atisbos de amenaza. Así lo entiende el artista, y traslada esa densidad de la zozobra a los lienzos en que oficia su conjuro.

 

Casi un siglo después que los muralistas de Cacaxtla, los artistas mayas de Bonampak retomaron el gran arte pictórico de los olmecas xicalancas para dejar constancia de las costumbres y creencias de un orden a punto de eclipsarse. El colapso de los señoríos mayas sobrevino poco después de pintada la celebración de su último apogeo.

 

En el siglo XXI, Guillermo Rito y otros creadores perspicaces también señalan, con su obra, la inminencia de una desaparición, el fin de un apogeo político, militar y económico, la transformación de una cultura prestigiosa en incertidumbre. Lo que aparecerá después del colapso es un misterio aún, pero ya se prefigura en los clamores del arte, con colores incontrovertibles, porque son los matices de un ciclo histórico que se cierra. Aciagas premoniciones no cesan de estremecer la superficie del mundo, pero esa conmoción se resolverá al fin en una vuelta al equilibrio, y la pintura sagaz recoge esa oscilación de la esperanza. Como en la ceremonia del fuego nuevo que las culturas preamericanas concibieron, la devastación ritual permitirá el resurgimiento de la especie humana. Es la expectativa que sostiene al mundo, y sus mejores artistas la proyectan. Así Guillermo Rito, quien no hace mucho nos recordaba que somos mujeres y hombres de maíz, y hoy nos atrae hacia los colores de los rumbos sagrados por los que avanzaron las grandes culturas originarias de América.

 

Por ello, la vibración particular de las densas barras cromáticas que componen los cuadros de Guillermo Rito, conmueven un sustrato del imaginario colectivo cuyo origen proviene de la antigüedad remota. Al contemplar estos campos rojos, blancos u ocres surcados por barras y líneas negras, azules, blancas o doradas, lo que se agita en la imaginación y en el sentimiento es la vuelta de pretéritos rituales concebidos para desafiar centurias.

 

¿Qué refleja un pintor abstracto además de sus obsesiones personales? Es difícil responder a esta pregunta para todos, pero en el caso del oaxaqueño Guillermo Rito, al observar su producción más reciente se va esclareciendo su liga a una tradición ancestral, su arraigo en los fundamentos de la cultura que secretamente sostiene su identidad. Los entrecruzamientos que se prodigan en su nueva producción van más allá de la vaga geometría: aluden a una antigüedad ancestral y compleja, a un tiempo en que los dioses podían ser atraídos a este mundo mediante conmociones iconográficas.

 

JORGE PECH CASANOVA

 

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