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“Las mujeres en la cultura, son aún el segundo sexo, lo raro y exótico”:Elena Simón

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 1 marzo 2009
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Por Cristina Consuegra/Antecultura.com

 

Oaxaca, México.- Escuchar a Elena Simón, una de las mayores especialistas en género de la actualidad, es un placer difícil de cuantificar. No sólo por la sabiduría que transmite a través de las palabras, sino también por el entusiasmo que despierta con su amplio conocimiento y experiencia en el campo del feminismo. En su último libro, Hijas de la igualdad, herederas de la injusticia (Nancea, 2008), la autora invita a reflexionar sobre el concepto de igualdad, especialmente en las personas nacidas durante los años 70 y 80. Hijas de la igualdad describe cómo en la cotidianeidad de estos hombres y mujeres todavía coexisten muchas formas de desigualdad e injusticia, y cómo las mujeres de estas generaciones se mueven entre los límites de un suelo pegajoso y un techo de cristal. Con motivo de la publicación de este libro, Antequltura ha podido conversar con su autora. Todo un privilegio.

 

¿Qué implica ser mujer en la actualidad?

Ser mujer no es algo uniforme que se pueda contestar de manera inequívoca y rotunda, a no ser que nos conformemos con una definición descriptiva como “hembra de la especie humana”. Las mujeres, en el mundo actual, estamos en todos los lugares, las culturas y las clases sociales, con muy distintas situaciones y oportunidades, pero si hablamos de las mujeres de los países democráticos, ser mujer ya no quiere decir algo cerrado, una obligación de seguir un destino prefijado y una adscripción casi obligatoria a la domesticidad y a la conyugalidad. Por eso hay tantas situaciones diferentes, pero lo que sí permanece como “marca de género” es un cierto valor restado por ser mujer, que implica tener dificultades añadidas en el desarrollo del proyecto propio de vida y, por otra parte, ser población de riesgo como objetos de violencia específica: la violencia de género. Todo ello en mayor o menor medida, según las condiciones  en que se desarrolle la vida de cada una. A esto hemos de unir la poca voz pública de las mujeres, las obligaciones o deberes añadidos a los laborales y cívicos, respecto a la crianza y al cuidado de personas, tanto dependientes como independientes, y las pegas que en el acceso a puestos de poder y de decisión aparecen por todas partes. Ser mujer hoy y aquí es ser una ciudadana (con derechos y deberes, por tanto), pero con zancadillas y obstáculos interpuestos en el camino de cualquier consecución o logro que nos propongamos. Aunque el discurso de la Igualdad tapone la percepción de todas estas situaciones discriminatorias y de desigualdad.

 

Elena Simón en la lucha cotidiana para lograr que la mujer sea reconocida como una ciudadanana plena/Foto:antequltura.es

Elena Simón en la lucha cotidiana para lograr que la mujer sea reconocida como una ciudadanana plena/Foto:antequltura.es

 

¿Qué podemos encontrar en Hijas de la igualdad, herederas de injusticias?

 

Espero que mucha gente encuentre una guía para salir del laberinto de trampas machistas, sexistas, misóginas y androcéntricas. Lo veo como un hilo de Ariadna, para facilitar claves que ayuden a encontrar salidas, justas y satisfactorias para cada mujer, donde no se dañen ni dañen, con sentido de la Equidad. También encontraremos pistas para una renovación del lenguaje, descripciones de los avances en los derechos, de la historia y geografía del feminismo y de las mejoras en la vida de muchas mujeres, explicaciones de conceptos, un repaso por la actualidad de las desigualdades entre mujeres y hombres, a través de una reflexión crítica feminista y una serie de propuestas alternativas, tanto personales como colectivas, recogidas en lo que yo llamo “La Agenda de la Equidad”.

 

En materia cultural, ¿cuál es la situación real de la mujer?

 

Como en otros aspectos del poder y de la visibilidad, se encuentran con barreras invisibles y con una insuficiente masa crítica, parece que aún son pocas, dispersas, casi invisibles, raras. A veces se piensa que cuando las mujeres crean alguna obra es para “entretenerse”, no para ofrecer al mundo su trabajo e influir con él en conciencias, personas y grupos humanos. Las mujeres en la cultura son todavía el “segundo sexo”, o lo raro y exótico, cuando no son frontalmente rechazadas en reductos masculinizados en extremo, en distintos oficios o profesiones relacionados con el mundo cultural, como por ejemplo en la crítica literaria, la música, la escultura o la programación cultural. Faltan aún muchas expresiones de las mujeres bien divulgadas, apoyadas y bien tratadas, para que sus mensajes influyan y salgan de lo todavía llamado “privado”.

 

¿Cuál es la principal respuesta que debe encontrar la mujer en este siglo XXI?

 

No soy partidaria de dar respuestas ni soluciones únicas, pero quizás deberá encontrar la respuesta adecuada a la discriminación o desvalorización histórica, y encontrar la representación, la influencia y la voz que les corresponde como mitad de la humanidad. Esto se podría explicar como que logre suficiente reconocimiento, la paridad en todos los aspectos de la vida, el igual trato, las iguales condiciones, la representación adecuada. En suma: la mitad del mundo, pero no dividido en compartimentos azules y rosas, no con arreglo a la división sexual del trabajo clásica, sino la mitad de todo y el doble de nada.

 

¿Conseguiremos erradicar el terrorismo de género?

 

Primero hay que erradicar la desigualdad de género y la tolerancia hacia el sexismo. Pero este tema es muy difícil de comprender desde el lugar en que ahora nos encontramos, pues apenas acabamos de nombrarlo como un delito, agravado por la estrecha relación y por el sexo masculino de los que infligen esa violencia a sus próximas e iguales. No olvidemos que aún tenemos un pie en la justificación de las conductas de abuso contra las mujeres, de los honores heridos de los varones, en la sospecha de mal comportamiento de ellas y en su culpabilización. Hay que pensar, invertir, sensibilizar y formar, escribir, denunciar, lograr alianzas, ampliar cada vez más el número de personas, mujeres y hombres, dispuestas a trabajar activamente para su desaparición, a parar cualquier tipo de vejación, instrumentalización o cosificación de las mujeres por el hecho de serlo. No olvidemos que el terrorismo de género acaba o malogra muchas vidas de mujeres, cuando pueden tener encima la amenaza continua de violación, secuestro, asalto o acoso sexual, prostitución, embarazo forzoso, incesto, abuso económico, explotación de su trabajo, culpabilización. La violencia de género ha sido la base social que ha sustentado  a todas las sociedades del mundo y unas se han podido sustraer mejor que otras a este legado terrorífico, pero este difícil cambio está en proceso. Al menos ahora, en gran parte del mundo democrático y no teocrático, la violencia y la discriminación contra las mujeres está considerada y tipificada como delito.

 

La obra de Elena Simón/Imagen: antequltura.es

La obra de Elena Simón/Imagen: antequltura.es

 

¿Cuál es esa deuda cultural a la que hace referencia en el libro?

 

Creo que ya lo he contestado en las anteriores respuestas. La deuda cultural se refiere al déficit de redistribución, de reconocimiento y de representación, respecto a las mujeres, las bases discriminatorias en las que se ha asentado el patriarcado en todo tiempo y lugar. La humanidad le debe a las mujeres su existencia física y la reproducción y cuidado de la vida. Al menos, tendría que lograrse un respeto activo por todo lo que venga de ellas, en consonancia con lo que procede de los varones.

 

¿Qué tipo de evolución se está produciendo en las chicas adolescentes, en esas mujeres del mañana?

 

Una evolución curiosa: hipotecan su libertad a la llamada de la moda o de la demanda masculina, pero, por otra parte, tienen bastante interiorizado que su vida es de ellas y que no están dispuestas a ofertar su trabajo de forma gratuita. De todos modos, esto se dice pronto, pero hay que aclarar que encuentran enorme dificultad en distinguir el “espejismo de la Igualdad”, porque nadie se lo muestra como tal y, por otra parte, una gran cantidad de chicos no están dispuestos a entrar en un juego de relaciones con ellas como sus iguales, buscando a mujeres que ya no existen (sumisas, admiradoras, serviciales). Muchas chicas ceden a esta llamada siguiendo la clásica “Ley del Agrado” y se encuentran no correspondidas, algunas veces abusadas y siempre decepcionadas. La evolución de los niños y de los jóvenes varones se tiene que ir acelerando para evitar todos estos desencuentros y sufrimientos.

 

¿Existe una fórmula para alcanzar la plena ciudadanía?

 

Cuando hablo de la plena ciudadanía, me refiero a la democracia 24 horas, es decir, a poder ejercer la Igualdad y la Libertad tanto en lo personal como en lo político, pero no existe sólo una fórmula sino un conjunto de ellas, que tienen que ver con un nuevo tipo de contrato social, donde las mujeres estén por sí mismas y no como apéndices de los hombres con poder. De esto hay alguna pequeña muestra, pero es muy difícil aún negociar desde posiciones simbólicas de inferioridad. Los varones dominantes siguen pensando que representan al conjunto de la población, se sienten en ello bien asentados y suelen impedir que las mujeres avancen sin impedimentos, les hacen sitio a regañadientes y las propuestas relativas a la mejora del ejercicio de derechos para las mujeres no constituye casi nunca una prioridad política. También hablamos en el libro de las resistencias pasivas y de las reacciones activas que muchos varones con poder interponen en los avances y las mejoras relativas a la Equidad entre los géneros.

 

Usted acaba de ser abuela recientemente. ¿Qué tipo de sociedad espera para su nieto?

 

Yo deseo  y quiero esperar por tanto, para mi nieto y para todos los varones recién nacidos, que esta sociedad no los siga encandilando con la competitividad ni con las relaciones violentas y que puedan vivir con normalidad una nueva masculinidad, que los aparte de la agresividad destructiva y los acerque al cuidado, a la atención, a la mejora de las condiciones y de la calidad de vida y que el concepto “machismo” les llegue a sonar a chino. Les deseo que se relacionen con las niñas y mujeres como sus iguales, que las dejen de ver como carne sexual o decorativa, les reconozcan autoridad y les “cedan el paso”, es decir entiendan que los espacios y los tiempos deben ser compartidos con equidad. Y, sinceramente, creo que estamos a mitad de ese camino pues, al menos en el discurso, todo esto suena a deseable y en las prácticas, aunque aún estamos lejos, ya tenemos experiencias de éxito.

 http://www.antequltura.es/index.php

cconsuegra@antequltura.es

 

Comentarios

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1 Comentario »

  • Cristina Consuegra dijo:

    Gracias por subir la entrevista.
    Saludos desde Málaga (España)

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