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¡Aguas! inauguración de exposición fotográfica en la BH

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 4 marzo 2009
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Oaxaca, México.- La Biblioteca Henestrosa, inaugura este jueves la exposición ¡Agua! de la fotógrafa Lucero González como un llamado a las consecuencias por no cuidar este recurso natural.

 

 

  ¡AGUAS!

 

 

Fotografías de Lucero González

 

 

Inauguración

Jueves 5 de marzo, 2009

8 PM * Acceso libre

 

 

 

 

 

 

B I B L I O T E C A   H E N E S T R O S A

Porfirio Díaz 115, esquina con Morelos, Centro Histórico, C.P. 68000 Oaxaca de Juárez, Oax.

Tel. 516-9715, fax 516-9750, bibliotecahenestrosa@yahoo.com.mx

 

 

De agua, rituales y fotografía

 

Josefina, Gregoria y Julia caminan de frente, mirando al horizonte.

            Sus huaraches sortean pastizales verdes y tierra pero de repente el suelo se convierte en una especie de rompecabezas seco y quebradizo donde todo se agrieta. Es una superficie que pide a gritos un poco de humedad, un respiro. Las tres mujeres zapotecas lo recorren pero siguen con la vista puesta en la lejanía. Buscan ese ojo de agua, ese pequeño manantial de no más de un metro y medio de ancho donde rendirán tributo a la tierra. En su ritual ancestral, los bules les ayudarán a sembrar agua en la tierra para que ésta siga siendo fuente de vida. Para que el líquido no fenezca e impida la existencia eterna de esa explanada enjuta que sus pies, vaya tristeza, acaban de transitar.

 

            Cargan bules sobre los hombros, junto a las trenzas o al rebozo que oculta su cabellera. A veces, los guajes van enlazados como en cadena que cae entre sus pechos. Otras, los bules son su compañía entre el rebozo que los sostiene como a sus críos. Las tres ríen. Son campesinas de Oaxaca, que conservan esta tradición de pedimento para que el agua no falte en la comunidad.

 

Divisan el manantial. Se acercan con sus bules y vierten en ellos el líquido. Toman de su fuente pero luego la regresan. Porque hacen un hoyo en la tierra y luego colocan en ella los guajes colmados de agua como un símbolo de retribución vital, de devolución natural para mantener el equilibrio de su entorno zapoteca y, lo saben, del ecosistema mundial.

 

Lucero González provoca el clic, clic, clic del obturador de la cámara que registra esta recreación prehispánica de una siembra líquida. Ella, junto con Josefina, Gregoria y Julia viajaron en auto hasta arriba de la presa de Teotitlán del Valle, a una hora de la capital oaxaqueña. Y después las cuatro caminaron durante una hora más en la búsqueda del manantial. Al encontrarlo, presas de total libertad, fotógrafa y sembradoras recrearon esta práctica ceremonial que nos muestra el respeto por el ambiente que se mantuvo por generaciones y generaciones en México. Se encuentra en franco descenso, más en las zonas urbanas que en el entorno rural.

 

Los bules o guajes son vasijas hechas de la cáscara dura de calabaza seca, con formas sinuosas y provocadoramente femeninas. Puede ser matriz o símbolo de nutrimento. Por ello, cuando la fotógrafa observó a sus amigas sembrando agua en esos recipientes, vio también una imagen de fertilidad. Y retrató a Josefina con los bules a lo largo de su torso, haciendo las veces de pechos u otras redondeces de la madre naturaleza.

 

Las tres participan con la fotógrafa. Dan sugerencias y atienden el bien estar de la blusa o de la trenza antes de la toma. Siempre ríen. Y al final el resultado es un vínculo estrecho entre una comunidad que en la vida diaria toma agüita del pozo para beber y asearse la cara cada mañana porque el agua potable, cuando hay, está sucia o en los estanques lo que prolifera es basura.

 

¿Sembrar agua? Pareciera un despropósito, una acción que no ha lugar. Pero sucede. Es como la petición de lluvias que cada mayo congrega a las comunidades zapotecas en el intento de mejorar la vida colectiva. En este caso, la siembra del agua es el portafolio que revela la tradición de un rito rico en significados y consistencia para alertar en la importancia del vital líquido. Pero va más allá de la mera educación ambiental pues nos muestra una forma de vida que se mantiene a pesar de las influencias externas al reconstruir esa versión ancestral de una profunda interacción con la naturaleza para prodigar de fluido a la comunidad.

 

Angélica Abelleyra

 

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