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Poco que celebrar el Día de la Mujer en México

Publicado por @Shinji_Harper el sábado, 7 marzo 2009
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Opinión

 

Por San Juana Martínez/Cimac

 

Oaxaca, México.- ¿Cómo celebrar cuando la mujer en este país vive en condiciones de profunda desigualdad y la equidad es una quimera difícil de alcanzar? El Día Internacional de la Mujer es la oportunidad para hacer balance de nuestra lacerante realidad.

 

No existe voluntad política en el gobierno de Felipe Calderón por cambiar el espectro opresivo del aparato del Estado que bloquea la equidad de género en México. La Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia que el Ejecutivo aprobó con bombo y platillo el 1º de febrero de 2007 es una ley sin efecto, hueca, existente solo en el papel.

 

Calderón utiliza esa ley como maquillaje para su gobierno. Es uno de los presidentes más machistas que ha tenido México en la “época moderna” que vivimos. Su desprecio sobre temas de equidad se traduce en una falta de presupuesto hacia el mejoramiento de la vida de millones de mujeres y la ausencia de una apuesta firme para erradicar los problemas más acuciantes sobre materia de género.

 

La Ley que aprobó es letra muerta. No es para menos. A la vista de los hechos, Calderón nunca tuvo intención de que funcionara. El inquilino de “Los Pinos” se tardó nada mas y nada menos que 13 meses en aprobar el Reglamento de la nueva ley (el plazo legal era de 90 días). Más aún, sus graves errores de origen la hacen inaplicable debido a su ambigüedad y falta de presupuesto.

 

El Partido Acción Nacional (PAN) y sus grupos dominantes ultraconservadores ubicados en la administración lograron que la ley se aprobara de manera “light” y, como consecuencia, padece de serias inconsistencias, limitaciones, e imprecisiones jurídicas que la hace inoperante.

 

Además, no existe unidad nacional para el respeto y aplicación de la misma. De los 32 estados de la República solo cinco han creado reglamentos para ponerla en marcha, con la salvedad que de esos, tres: Guanajuato, Oaxaca y Nuevo León, sus reglamentos ni siquiera han sido ratificados por sus gobernadores. La armonización de la ley en la República es inexistente.

 

PASO TAMBALEANTE

 

Esa Ley fue un primer paso. Verdad. ¿Pero de qué sirve un paso tambaleante que nunca se llega a dar? Las mujeres mexicanas padecemos involución y retroceso en materias tan esenciales como la creación de albergues.

 

Las normas internacionales señalan que por cada 100 mil habitantes debe haber un albergue para atender a las mujeres maltratadas y sus hijas e hijos. En México con 100 millones de habitantes, solo tenemos 60 albergues. La discutible y costosa campaña gubernamental de “…A Patricia ya no le volverán a pegar…”, resulta una broma de mal gusto con estas cifras.

 

La distancia que separa a las mujeres mexicanas y a las que viven en países con democracias consolidadas es abismal. En México, las estadísticas hablan por sí solas: siete de cada diez mujeres ha vivido violencia, cada dos horas y 20 minutos fallece una mujer por cáncer de mama, cada cuatro minutos una mujer o una niña es violada y por si fuera poco la crisis les afecta más a ellas con un 71 por ciento de los 750 mil empleos perdidos durante el 2008.

 

Sigamos con el recuento de la realidad: en México hay 100 mil denuncias al año por violación. Este delito es el quinto más importante en cifras, pero no siempre es castigado debidamente, ni gestionado con protocolos internacionales que protejan a las víctimas.

 

El aborto producto de una violación parece normal, pero aquí sigue teniendo obstáculos administrativos, prejuicios en el sector Salud que permite a médicos negarse a practicarlos y negligencia de las autoridades policíacas y judiciales.

 

La Constitución Mexicana dice que a puestos iguales salarios iguales, sin embargo en la práctica las mujeres padecen una diferencia de hasta 35 por ciento en los niveles salariales respecto a los hombres que hacen el mismo trabajo.

 

En el sector Salud las mujeres mexicanas enfrentan graves peligros debido a la desatención del Estado. El cáncer de útero, junto al de mamá, es la primera causa de defunción entre los mujeres de 30 a 59 años, pero todas las mexicanas no pueden disfrutar de los beneficios de la vacuna contra el Cáncer Cérvico Uterino (CACU) en el seguro social porque cuesta 6 mil pesos las tres dosis requeridas.

 

Las mujeres mexicanas siguen muriendo por enfermedades prevenibles, como el cáncer de mama que provoca 10 muertes diarias en México. No todos los hospitales del sector salud cuentan con equipo moderno para realizar mamografías que a consecuencia del atraso tecnológico resultan dolorosas. No todas las mujeres pueden pagar una mamografía que en las clínicas privadas cuesta de 300 a 800 pesos.

 

Las enfermedades no son las únicas causas de muerte de mujeres. La violencia es producto de la discriminación y cada vez que una mujer muere a manos de su pareja, entorno familiar o ajeno, el Estado ha fracaso en su deber de propiciar un sistema que prevenga, atienda y sancione debidamente el delito de violencia de género. Por eso, en México más de 30 millones de mujeres son víctimas de violencia hoy en día y el 49 por ciento de los hogares presentan alguna violencia contra las mujeres.

 

En los últimos 10 años el Ejército Mexicano ha violado a 200 mujeres. En la práctica totalidad de estos casos los militares agresores no han sido castigados por las leyes civiles ya que disfrutan de una patente de corso: el fuero militar. Una casta de privilegiados que continúa ejerciendo violencia sexual en zonas pobres y rurales sin responder a sus delitos.

 

Al fin y al cabo ¿Cuánto cuesta la vida de una mujer en México? Poco o casi nada.

 

Los feminicidios son una muestra del escaso valor que el espectro político, social y gubernamental le brinda a las mujeres: en los últimos 10 años, aproximadamente 10 mil mujeres y niñas han sido asesinadas de manera violenta, según estimó en su último informe la Red de Investigadoras Por la Vida y la Libertad de las Mujeres.

 

Los feminicidos se registran en todo el país y con especial incidencia en Estado de México, Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Cancún, el Distrito Federal, Chihuahua, Nuevo León o Yucatán.

 

Si la violencia contra la mujer es predecible, entonces significa que es también evitable. Por consiguiente, el que agrede debe irse. Así es en casi todos los países civilizados. Lamentablemente en México es la mujer la que tiene que salir de casa porque las leyes protegen al agresor y si no hay albergues para acogerla, se queda sometida a su pareja soportando durante años o toda una vida, el maltrato físico, psicológico, sexual o económico.

 

La mujer tampoco tiene acceso efectivo a la tutela de la justicia, ni mucho menos igualdad jurídica frente al hombre. Así será mientras existan jueces y ministerios públicos sin capacitar en equidad de género, machistas y prejuiciosos en torno a los derechos de la mujer. Las leyes sin jueces o fiscales preparados en juzgados especializados o mixtos, de poco sirven.

 

El Día Internacional de la Mujer representa en México una fecha sombría, llena de nubarrones que solo pueden ser despejados por la luz que emanan millones de mujeres dispuestas a seguir en la lucha.

 

* Sanjuana Martínez, es periodista de investigación freelance, autora de varios libros, el último “Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical” (Editorial Planeta).

 

 

 

 

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