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Advierten incremento de bandas juveniles por la crisis

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 8 marzo 2009
2 Comentarios


 

  • Al ofrecerles pocas posibilidades de integración, la sociedad empuja a los jóvenes a la violencia: Herlinda Suárez Zozaya, integrante del CRIM
  • El investigador del IIS, Héctor Castillo Berthier, opinó que el empleo es clave para resolver este problema
  • Se requieren áreas para la generación de cultura, educación y redes que permitan suplir las carencias en la escuela, la familia o el trabajo, recalcó

 

Por Emiliano Parra

 

Oaxaca, México.- A tres décadas del surgimiento de Los Panchitos, académicos de la Universidad Nacional reconocieron que la actual crisis económica, la violencia, el desempleo, la falta de espacios y otros factores detonarán un incremento en el número de bandas juveniles en México.

 

Las pandillas, tanto en México como en el resto el mundo, son asociaciones integradas por chicos que anhelan pertenecer a una comunidad, apropiarse de un espacio e identificarse con un gremio, algo que no encuentran en su entorno, subrayaron.

Crisis y falta de políticas públicas detonan la creación de más bandas juveniles que se encuentran en riesgo de caer en acciones delictivas

Crisis y falta de políticas públicas detonan la creación de más bandas juveniles que se encuentran en riesgo de caer en acciones delictivas

 

María Herlinda Suárez Zozaya, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, con sede en Cuernavaca, Morelos, aseguró que la sociedad, al negarle a los muchachos posibilidades de integración, los empuja a la violencia y a la búsqueda de áreas para ejercer dominio.

 

Por ello, entre más se profundice la crisis económica, habrá menos sitios de inserción y los afectados reclamarán territorios. Este agravamiento de la situación, opinó la experta, quizá no se aprecie en la cantidad de tropeles que surjan, sino en el número de integrantes que los conformarán.

 

La investigadora de la UNAM, señaló que hay un ataque (real, simbólico, material y policiaco) cada vez mayor de la sociedad hacia los jóvenes, sobre todo porque se trata de un sector poblacional que tradicionalmente provoca sospecha. Estas actitudes no hacen otra cosa que generar actitudes de resistencia y rechazo de parte de los agredidos, agregó.

 

El grafitti simbología de la incoformidad de los jóvenes mexicanos ante la desatencion  gubernamental y social

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El sentimiento de exclusión entre quienes no han alcanzado la madurez es grande, algo que los lleva a agruparse, pues de otra forma se sentirían perdidos.

 

En ese sentido, el integrante del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS), Héctor Castillo Berthier, señaló que un factor para solucionar esta circunstancia es la ocupación laboral, siempre y cuando se encuentre ligada a la familia, la educación y la cultura.

 

Por ello, añadió, el gobierno debe proponer una nueva estrategia de espacios y crear lugares públicos para que los chavos se integren a la comunidad de una forma no institucionalizada.

 

No se trata de corporativizarlos o reclutarlos por algún partido político, sino de impulsar áreas para la cultura, educación, empleo y redes de solidaridad que suplan las carencias que los menores de 25 años enfrentan a diario en la escuela, la familia o el trabajo.

 

Herlinda Suárez señaló que las bandas en México, al igual que en todo el mundo, son asociaciones formadas por individuos con necesidad de pertenencia, y agregó que ser parte de un clan es un acto ritual, pues así se adoptan los usos y costumbres de un círculo social reducido y exclusivo.

 

 

De Los Panchitos a los emos: 30 años de historia

 

En 1978 surgió una de las cuadrillas más temida del país, Los Panchitos. La sola mención de ese nombre era suficiente para sembrar desconcierto y hasta pánico; pero no fue la única, también estaban Los Nazis, Los Sapos, Los Mocos y otras que se hicieron famosas en la década de los 80.

 

Según se consigna en Juventud popular y bandas en la Ciudad de México, un diagnóstico realizado por Héctor Castillo Berthier (junto con sus colegas Alicia Ziccardi y Sergio Zermeño), a mediados de los 80, en el Distrito Federal había mil 500 pandillas y dos mil 300 en la zona conurbada del Estado de México, que aglutinaban a entre 700 mil y 800 mil individuos.

 

Héctor Castillo Berthier señaló que las pandillas han evolucionado y que los jóvenes de hoy se agrupan más por sus intereses que por su pertenencia a un mismo barrio, como hacían los chicos banda.

Héctor Castillo Berthier señaló que las pandillas han evolucionado y que los jóvenes de hoy se agrupan más por sus intereses que por su pertenencia a un mismo barrio, como hacían los chicos banda.

 

Sin embargo, con el avance de los medios de comunicación, la modernización, la educación y otros factores, esas hordas legendarias se apagaron hasta casi extinguirse. En la actualidad, comentó el universitario, sobreviven sólo 10 ó 20, cuyos miembros se siguen reuniendo.

 

Una de las características principales de estos conjuntos, apuntó Castillo Berthier, eran los nombres denigrantes que se daban a sí mismos: Los Sapos, Los Cerdos, Los Bastardos, Los Nazis, Los Picudos, una forma de echarle en cara al mundo su condición social.

 

Éste no es un fenómeno nuevo, explicó el académico, pues la historia de las tribus urbanas tiene 60 ó 70 años. La primera multitud de inconformes que acaparó la atención de los medios de comunicación fueron Los Tarzanes, conformada por tipos que usaban chamarras de cuero y se peinaban con vaselina.

 

Más tarde vinieron “los pachucos”, gremio de inmigrantes con una forma de hablar, música y vestimenta que mezclaban la idiosincrasia mexicana con el american way of life estadounidense.

 

En los años 50, aparecieron “los rebeldes sin causa”, émulos de James Dean que adoptaron un estilo particular a partir del boom del cine posterior a la Segunda Guerra Mundial.

 

En los 60, los muchachos asumieron el mote de “hippies”. En los 70, la moda era pasar el tiempo con “la flota”. Finalmente, en los 80, aparecieron los “chavos banda”, sujetos que solían pintar las paredes y defender un territorio, detalló el investigador del IIS.

 

Hoy, la aparición de punketos, darketos, emos y demás tribus urbanas ha cambiado el panorama. “Antes, los miembros de las bandas eran pobres y vivían en un barrio que definía su identidad; hoy, los grupos se conforman por intereses mutuos como la música y el desarrollo de propuestas culturales propias”, comentó.

 

En la transformación de los chavos banda en “emos” se aprecia un proceso evolutivo, aseveró Castillo Berthier, y explicó que el fenómeno de las pandillas ochenteras sólo se explica en una sociedad que tenía un excedente de pobres, segmentados poblacionalmente y sin medios de comunicación; aunque con el paso del tiempo, estas condiciones se han modificado, concluyó.

 

 

Comentarios

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2 Comentarios »

  • Brenda dijo:

    Muy buen artículo, me sirvió para mi trabajo de Antropología y me gustaria saber si me pudieran ayudar más con la repentina emergencia de pandillas juveniles, que hablen mas sobre eso, o me puedan dar mas datos.

    Gracias.

  • Brenda dijo:

    que diferencia hay entre bandas y pandillas?

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