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Adolfo de la Huerta un presidente de México con alma de artista

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 17 mayo 2009
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Por Dolores Magallón

 

 

Oaxaca. México.- Revolucionario, presidente interino, secretario de Hacienda y dirigente de una rebelión que llevó su nombre, Adolfo de la Huerta (1881-1955), fue también maestro de ópera durante su exilio que duró 11 años en los Estados Unidos y donde cobró gran fama y renombre.

Esta faceta desconocida del sonorense que fue presidente interino de México del 1 de junio al 30 de noviembre de 1920 es el pretexto para que Roberto Guzmán Esparza ofrezca en su más reciente entrega literaria un manuscrito nunca antes publicado.

 

 

El documento que da cuerpo al libro El desconocido, editado por la Dirección de Publicaciones y Promoción Editorial de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) es el testimonio personal de su experiencia como alumno de canto del eminente maestro y político.

El estudio preliminar del trabajo editorial es autoría del historiador Pedro Fernando Castro Martínez, profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Unidad Iztapalapa de la UAM, quien desvela en estas páginas al político con alma de artista.

Adolfo de la Huerta (derecha) a lado del entonces presidente alvaro Obregon/Foto: Hemeroteca Nacional

Adolfo de la Huerta (derecha) a lado del entonces presidente alvaro Obregon/Foto: Hemeroteca Nacional

En su estudio Castro Martínez destaca que Adolfo de la Huerta, el maderista, jefe de la rebelión de Agua Prieta, el presidente provisional, el líder antiobregonista, es más conocido por su trayectoria política que por su faceta artística, que de hecho es casi ignorada.

 

Esa parte del conocido político y revolucionario era una suerte de segunda piel espiritual distinta de las rudeces de la política, característica del tiempo revolucionario.

El historiador puntualiza que tras ser figura señera en la última guerra Yaqui, De la Huerta inició en Los Ángeles, California, su extraordinaria carrera como maestro de canto.

Así, de manera irónica, con ello se cumplía la profecía que le hizo el presidente Álvaro Obregón (1880-1928) –su sucesor- en 1921, cuando dijo que en el destierro “Adolfo al menos podría dar clases de canto”, mientras que él, con un solo brazo, “no podría conseguir trabajo ni de barrendero”.

El político con alma de artista o el artista con alma de político proyectó en esta dualidad una fuerza moral en la vida pública; no obstante, esta faceta le produjo ser objeto de escarnio de sus detractores quienes, le impusieron motes como tenorcillo o corista. 

 

 

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