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México no cumplirá metas del Milenio para reducir la mortalidad materna

Publicado por @Shinji_Harper el Domingo, 14 Junio 2009
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Por Dolores Magallón

maternoinfantilthumbOaxaca, México.- El país no podrá cumplir con el quinto Objetivo de Desarrollo del Milenio, cuyo compromiso es reducir la mortalidad materna de 89 –nivel en 1990– a 22 casos por cada 100 mil nacidos vivos en 2015, lo que pone de manifiesto la incapacidad del sistema de salud.

 

Lo anterior se señala en el más reciente número de la revista de divulgación científica Gaceta Urbana. Proyecto Urbano de Salud. Mortalidad Materna en Chiapas de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en la que se establece que sólo con un descenso anual de seis por ciento a partir del año 2000 habría sido posible lograr ese objetivo, que dista mucho de consumarse, debido a que entre 2000 y 2004 se dio una disminución de apenas 2.5 por ciento.

 

En la editorial se subraya que es lamentable que en pleno siglo XXI una mujer muera por complicaciones derivadas del embarazo, el parto o el puerperio, cuando se tiene un vasto conocimiento médico sobre este evento fisiológico.


 
Este fenómeno de salud pública expresa las profundas desigualdades económicas, la inequidad de género y de etnia que aún arrastra la sociedad mexicana.

 

El estado de Chiapas –la segunda entidad con mayor marginación del país, la cual fue reducida en la década de 1990 a 2000 en 0.11 por ciento– ocupa uno de los primeros lugares en mortalidad materna en el país, esto ratifica que las causas vinculadas con el problema son las condiciones socioeconómicas de una población.

 

Los estudiantes de la Licenciatura en Medicina de la Unidad Xochimilco Áurea Hernández Sánchez, Luz María Soto Pizano y Nubia Durán Mora, quienes realizan su servicio social en la citada entidad, colaboraron en la revista con el artículo “Dificultades para acceder a los servicios de salud en Chiapas”.

 

En el trabajo los jóvenes describen los diversos elementos que dificultan el acceso a los servicios de salud del estado y que influyen en la muerte materna: pobreza, caminos y veredas, transporte y radiotelefonía, subordinación, monolingüismo, calidad de atención y distribución y acceso en los servicios de salud.

 

Destacan que Chiapas ocupa el penúltimo lugar del país en la cobertura de Atención Primaria a la Salud con 43.9 por ciento, cifra que contrasta con Coahuila, Distrito Federal y Nuevo León, que registran 84.6, 83.2 y 81.1 por ciento, respectivamente.


 
En México, lamentaron los autores del artículo, la distribución de los servicios de salud mantiene un modelo que continúa estableciendo desigualdades regionales, su concentración en lo urbano afecta a las comunidades de menos de mil habitantes, por ende, el riesgo de muerte tiende a elevarse más en las zonas rurales.


 
Para ejemplificar la dimensión de la dificultad de acceso a los servicios médicos en el ámbito rural indígena,  señalan que las distancias entre las localidades de Chiapas y el centro de salud más cercano fluctúa entre los 100 metros y hasta los 50 kilómetros, con tiempos de traslado que pueden superar las seis horas por falta de transporte o por carreteras intransitables por deslaves.


 
La pobreza de las comunidades indígenas de Chiapas es extrema: de un total de 957,255 nativos sólo 304,018 están empleados, de éstos 122,345 no registran ingresos y 127,682 sobreviven por debajo de un salario mínimo mensual. Sólo 9.9 por ciento gana de uno a dos salarios mínimos mensuales.


 
No cuentan con seguridad social y para una mujer salir de la comunidad en busca de un servicio de salud implica contar con dinero para transporte, comida y medicinas, por lo que mientras lo consigue, pierde un tiempo valioso para salvar su vida o evitar secuelas graves.


 
Municipios y comunidades están unidos por vías de terracería inaccesibles la mayor parte del año por un periodo de lluvias extenso, los deslaves en los caminos estrechos y sinuosos de las carreteras que los comunican impiden el tránsito o elevan los costos del transporte, por lo que caminar es la única alternativa, incluso para mujeres que están cercanas al parto.


 
El transporte público es limitado, poco frecuente y costoso, las ambulancias para traslados de emergencia están a disponibilidad de la presidencia municipal, con ellas se realizan diversos favores no propiamente médicos, o se utilizan para transportar carga diversa o como vehículo para la policía del ayuntamiento, relatan los alumnos.


 
Los servicios telefónicos locales para pedir ambulancia son escasos, la señal telefónica vía celular es casi nula y sólo en algunas localidades existe el uso de radio comunicaciones.


 
Además de estos obstáculos, la mujer no siempre decide respecto a su salud, es la figura masculina (padre, esposo o hermano) la que determina lo que debe hacerse; la subordinación de género está presente.


 
Otra dificultad más para las mujeres indígenas que llegan a centros de salud es el monolingüismo, hablar el tzeltal, tzotzil, chol, zoque o tojolabal como única lengua impide la comunicación.


 
Los alumnos censuraron la falta de profesionalismo por parte del personal de salud: “cuestionan a las mujeres indígenas sobre el número de hijos que tienen, la ignorancia sobre el uso de métodos anticonceptivos, la falta de aseo personal, la desnutrición que presentan, y desdeñan el empleo de la medicina tradicional, por lo que muchas de ellas prefieren no acudir a este servicio”.


 
Proponen medidas para remontar estas dificultades, entre otras: el reconocimiento, la captación y capacitación intercultural de las parteras de las comunidades chiapanecas por organismos públicos y privados, para que éstas lleven el control prenatal, identifiquen complicaciones obstétricas y canalicen a las mujeres que así lo requieran a servicios de salud, apoyadas con radiocomunicación facilitada por estas instancias.


 
La mejora en las condiciones de caminos y veredas con apoyo económico público, privado o de organizaciones descentralizadas; optimizar la disponibilidad de instalaciones equipadas, con abastecimiento de medicamentos y personal médico bilingüe; sensibilizar a los profesionales sobre la atención dirigida a la salud de la mujer indígena para lograr equidad y un trato digno.


 
Una reforma de las políticas públicas de salud; descentralizar los servicios de las zonas urbanas; acceso a la seguridad social médica para toda la población, eliminando prioridades según su afiliación al “Paquete Básico” de servicios; aumento en el número de trabajadores en este ramo; facilidades para el financiamiento y autonomía fiscal con la administración estatal, para su mejora en la distribución económica de salud pública, sugieren los prestadores de servicio social.

 

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