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Playboy y los rumbos del periodismo erótico

Publicado por @Shinji_Harper el Viernes, 19 Junio 2009
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Por Paul Alonso/ Centro Knight

logoplayboythumbOaxaca, México.- El imperio Playboy comienza una nueva etapa este julio de 2009. Por primera vez tendrá un director general que no es parte de la familia Hefner: Scott N. Flanders tratará de remontar la crisis en que se encuentra Playboy, hacer nuevos socios empresariales y un uso más lucrativo de la marca —ese conejo juguetón y encorbatado que ha estado en demasiados lugares—, y adecuarse al medio digital.

¿Sobrevivirá uno de los referentes más polémicos de la cultura popular y el periodismo gráfico de los últimos 56 años?

Desde que Marilyn Monroe apareció en la portada de la primera edición de la revista Playboy en 1953, el mundo de los medios ha cambiado mucho y la revolución sexual se ha vuelto una dictadura. Hace algún tiempo pocos hubieran pensado que el mítico Hugh Hefner consideraría vender su revista (por cerca de 300 millones de dólares) tras la renuncia de su hija a la dirección. Es más, el binomio periodismo-erotismo parecía tener un lugar tan privilegiado como el de las cucarachas en la cadena de extinción. Sin embargo, Playboy ha sufrido grandes pérdidas (13,7 millones de dólares sólo el primer trimestre de 2009), su lectoría decreció en más del 50 por ciento, tuvo que cerrar sus oficinas en Nueva York, y despedir alrededor del 25 por ciento de sus empleados. Han acusado a la crisis económica y a la pornografía gratuita en Internet de la debacle de la revista.

Sin embargo, con una circulación alicaída de 3 millones de copias mensuales (en noviembre de 1972 vendió más de 7 millones de ejemplares), Playboy ha liderado el mercado de las revistas masculinas, que incluye desde sus primeras competidoras de los setenta —Penthouse y Hustler— hasta otras más recientes como Maxim o FHM.

No sólo por esto el caso de Playboy es sintomático, sino también por el influyente rol cultural que ha tenido la revista durante más de medio siglo. La historia de Playboy está intrinsecamente ligada a la mejor tradición del periodismo narrativo norteamericano. Una misma edición —la de diciembre de 1968, por ejemplo— reunía textos de Truman Capote, Lawrence Durrell, Allen Ginsberg, Arthur Miller, Henry Miller, John Updike, un ensayo de Marshall McLuhan y hasta la primera traducción al inglés de un poema de Goethe. The Playboy Interview es casi un género en sí misma. La revista ha entrevistado a personajes como Fidel Castro, Martin Luther King Jr., Malcolm X, Jean-Paul Sartre, Orson Welles, John Lennon y Yasser Arafat, entre otros.

Al mismo tiempo, Playboy ha suscitado una gran variedad de estudios. Para algunos, la publicación ha reforzado ciertas nociones —arbitrarias, discutibles— de belleza, determinando la (in)satisfacción de muchas mujeres con la imagen su cuerpo. Rich y Cash han comprobado en Sex Roles que Playboy prefiere a las rubias, publicando un porcentaje mayor de rubias que el que existe en la realidad y más que en las revistas de mujeres. Una supuesta violencia sexual también ha suscitado análisis de contenido como el de Scott y Cuvelier en The Journal of Sex Research, mientras que Matacin y Burger han mostrado que en las historietas de Playboy “las mujeres son más a menudo las víctimas de coerción sexual y retratadas más seguido como ingenuas y aniñadas, mientras que son mostradas con un cuerpo más atractivo que el de los hombres”.

Por otro lado, Conekin examina en Fashion Theory el rol de Playboy en la configuración de la imagen masculina del consumidor ideal de la postguerra: el hombre heterosexual, urbano y sofisticado. Para Conekin, la revista retrataba más bien las fantasias y deseos del hombre norteamericano de los años cincuenta y sesenta, y presentaba una combinación de imágenes arriesgadas y modas conservadoras. Al mismo tiempo, otros como Began, Cagné y Allison en The Journal of Men’s Studies, han indicado cómo la voz editorial de Playboy, más bien, ha tomado acciones para inhibir la misoginia y desalentar la aplicación de estereotipos de hombres y mujeres.

En pocas palabras, Playboy ha sido más que una revista de mujeres desnudas. Ha sido un símbolo contradictorio y moderno de lo que fue y en lo que se convirtió la revolución sexual, un espacio de literatura, fantasía, política y periodismo audaz, una genial oportunidad de provocar, que siempre es más divertido. Portadas y desnudos como los de Madonna, Kim Basinger, Drew Barrymore, Nancy Sinatra, Bo Derek o Juliette Binoche serán siempre memorables, aunque los científicos ya hayan mostrado que la mayoría de hombres prefiere a las mujeres de cuerpo promedio antes que a las llamativas modelos de la página central. Más bien, está señalada la relación entre la conejita de Playboy con la situación económica y social. Cuando son tiempos difíciles, las modelos tienen más edad, pesan más y son más altas. En los actuales momentos críticos, la realidad se ve más o menos así:

 

Antes que ser la causa de la crisis de Playboy, el crecimiento de la pornografía en Internet debería ser una oportunidad para que la revista refuerce su mejor tradición de periodismo narrativo y erótico. La pornografía de Internet tiene un fin principalmente onanista, muestra y vulgariza el coito, lo hace accesible a cualquiera con una conexión a Internet, no tiene narrativa ni estilo propio. Playboy fue un éxito porque ofreció lo que nadie ofrecía a comienzos de los cincuenta. Llenó un vacío que, de manera diferente, siempre existe: el espacio para los productos arriesgados y para el buen periodismo.

Alguna vez trabajar para revistas como Playboy fue el sueño de muchos periodistas. Sin embargo, las nuevas ideas y sensibilidades quizá aún están ligadas a las mismas fórmulas, y por eso Jamie Malanowski, ex editor de Playboy, transmite el siguiente consejo a los periodistas en ciernes: “Escribe todo lo que puedas y anda a todas las fiestas posibles”.

 

 

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