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Las sociedades actuales en una fuerte contraposición adulto contra infancia

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 22 junio 2009
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De la Redacción

 

Oaxaca. México.-  Una de las contraposiciones más dramáticas de las sociedades modernas, es la del adulto versus infancia, señaló el Fernando Viveros durante el Foro  “Miradas sobre la infancia”,  efectuado en esta ciudad el pasado viernes.

 

Ciudadanía Express da cuenta de esta importante ponencia que desvela la visión adulta que se tiene y ejerce sobre los niños, las niñas y adolescentes.

 

 

Miradas sobre la infancia

 

Por Fernando Viveros

 

El mundo de la infancia, como todos los mundos tiene diversas interpretaciones, varias formas de entenderla y de nombrarla, existen diferencias en como se concibe en una región rural a una región urbana, la visión de los pueblos indígenas sobre su niñez a los no indígenas, encontramos también diferentes visiones dependiendo a la clase social a la cual se pertenece, ya sea los propietarios de los medios de producción, unos cuantos,  y aquellos, la mayoría, que sólo tienen sus manos y sus ideas para sobrevivir, como vemos, existen más que un mundo de la infancia, un mundo de infancias, dependiendo del lugar en la cual estamos ubicados será nuestra mirada sobre la infancia.

 

Así tenemos que a la infancia la definimos también como: niñez, niñas, niños y adolescentes, escuincles, menores, menores de edad, población infantil, infantes, chamacos, pequeños, el futuro de la sociedad, etc., más adelante señalaremos cuales son las formas más positivas de nombrarla.

 

Podemos señalar al menos tres características básicas sobre la infancia, la primera, que es una etapa de la vida del ser humano, la segunda, que se reconoce o se caracteriza como una etapa en formación, en crecimiento, en desarrollo y tres, que como grupo o sector de la población su contraparte es la población adulta.

 

Fernado Viveros

Fernado Viveros

La primera característica tiene  una base problemática fuerte: a qué edad dejamos de ser niñas y niños? Según a la sociedad o cultura a la que se pertenezca, se dice que deja de ser niño o niña, cuando ya se puede caminar, o también cuando ya se participa en las labores del hogar; también encontramos que se deja de ser niña o niño cuando ya se puede  tener hijos y establecer una nueva familia y también se dice que la infancia llega hasta la edad en que podemos realizar un trabajo remunerado así mismo se deja de ser niña o niño cuando se convierte en un ciudadano cuya definición básica general desde la Constitución mexicana es votar y poder ser votado. Como vemos la infancia puede ser tan larga en edad y tan corta en experiencias dependiendo de la cultura y las pautas de crianza de las niñas y los niños.

 

 

Desde 1989 con la aprobación en el seno de la Organización de las Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño  instrumento internacional al cual el Estado mexicano suscribió y ratificó en 1990 se tiene una definición de niña o niño, el artículo primero señala que: “se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad” la característica básica es la edad, menor de dieciocho años. Sin embargo, el mismo artículo tiene una acotación importante: “salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado la mayoría de edad.” En el caso del Estado mexicano sufrimos una suerte de esquizofrenia, mientras para la Constitución somos ciudadanos y llegamos a la mayoría de edad a los 18 años en leyes secundarias se permite el trabajo remunerado y explotado desde los 14 años, los matrimonios dependiendo del género desde los 14 o 16 años y peor aún en varios estados de la república se puede procesar penalmente a menores de 16 y hasta 14 años con leyes para adultos sin haber ejercido plenamente su ciudadanía.

 

Entre este rango de edad desde recién nacido hasta los 18 años de edad se pueden ubicar  también distintos grupos de edad que marcan una diferencia en su desarrollo, protección y para la implementación de políticas públicas. Así podemos ubicar a los recién nacidos hasta la edad que ya pueden caminar y demandar lo que necesitan, la primera infancia, después aquellos que llegan a la edad escolar, la fase de primaria, y luego los prepúberes hasta llegar a la adolescencia que finalmente te lleva a  convertirte en una persona adulta. Desde la Convención sobre los Derechos del Niño en los últimos años podemos ubicar dos grandes grupos poblacionales en la infancia, desde el nacimiento hasta los doce años etapa definida propiamente como la  niñez y de los doce años cumplidos hasta los dieciocho años como la fase de adolescencia. Esta clasificación en los dos grupos poblacionales significan un avance fundamental principalmente para el impulso de políticas públicas y la atención de las necesidades humanas de la infancia.

 

Aún cuando es un avance en la definición de niña o niño desde la edad, es también un convencionalismo, una forma de definir desde quienes proponen, discuten y establecen las leyes, nacionales e internacionales a partir del desarrollo, requerimientos y crecimiento de la economía y del excedente para mantener a una parte de la población en la capacitación y reserva de mano de obra.

 

Cuando abordamos la segunda característica básica de la infancia, la infancia como una fase en formación, de desarrollo, de crecimiento, nos surge una  pregunta: cuándo dejamos de formarnos, de crecer, de desarrollarnos? Una primera respuesta a la pregunta, es que, existen rasgos físicos que marcan una diferencia en el crecimiento durante la infancia, primero nuestro crecimiento en la altura y en el peso, durante gran parte de estos años aumentamos de altura y de peso, en este proceso van apareciendo otros rasgos físicos que nos transforman continuamente, los dientes, el pelo, después los vellos, nuestros olores, la posibilidad de poder engendrar nuevas vidas, de reproducir la especie humana, como se aprecia desde los rasgos físicos estamos en continua transformación durante la infancia, la pregunta es: este crecimiento se termina cuando dejamos la infancia e iniciamos la vida adulta? Ahora, el asunto se complica un poco más cuando pasamos a la formación, el desarrollo en valores, en el crecimiento intelectual, en el conocimiento del mundo que nos rodea y la posibilidad que tenemos de transformarlo. Cuándo dejamos la infancia dejamos de crecer intelectualmente, dejamos de maravillarnos de la naturaleza física y humana, dejamos de indignarnos por todas las atrocidades que se cometen cotidianamente, dejamos de jugar de divertirnos con el mundo que nos rodea o son formas distintas las que utilizamos para socializar en el mundo de adultos.

 

En la tercera característica básica el problema se hace más complejo, mientras en los asuntos de género tenemos que frente al género femenino se encuentra al masculino y en esto tenemos que señalar las grandes luchas de la mujer por su reconocimiento en la cual ellas mismas son las protagonistas, así también podemos señalar como los pueblos indígenas en las solución de sus  demandas son ellos quienes encabezan como sujetos sociales las luchas, así podemos mencionar más ejemplos, sin embargo, distinto es el caso de la infancia, porque en el caso de la infancia su oponente son los adultos, en este sentido se refleja nítidamente como la forma de organización social, el ejercicio del poder minimiza al contrario aparentemente débil: el hombre sobre la mujer, el blanco mejor al negro, el occidental superior al indígena, al propietario contra el no propietario, podemos señalar algunas otras contraposiciones pero la última que queremos mencionar y la cual distingue negativa y fuertemente al mundo actual es la contraposición  adulto versus infancia.

 

Si tomamos como referencia la edad señalada en la Convención, es decir las niñas y los niños como aquellos menores de dieciocho años, para el caso de México casi un cuarenta por ciento de su población es decir aproximadamente cuarenta millones de personas conforman la niñez del país y esta parte significativa de población no cuenta, los seguimos considerando como objetos de protección y de cuidado, proporcionándoles sólo lo que los adultos creemos que según nosotros es lo mejor para ellos, sin escuchar sus palabras, sin tratar de entender sus sentimientos, sus necesidades, ejerciendo sólo el poder: “niño deja ya de jugar con la pelota, que eso no se hace, que eso no se dice” como bien nos recuerda Serrat, la pedagogía del no, de la represión, de la castración.

 

Ahora relizaremos un breve recorrido de la mirada de algunos adultos sobre las niñas y los niños en el estado de Oaxaca. Ya hace casi más de tres años que venimos participando en un espacio de red a nivel de mesoamérica, en el realizamos un ejercicio de diagnóstico para saber como se definen los mismos niños y niñas, cual es la mirada que tienen los adultos sobre ellos y en estos podemos diferenciar a los padres de familia, profesores y autoridades locales por un lado y por otro a aquellos adultos que trabajan directamente en la promoción y defensa de sus derechos en los equipos operativos de las organizaciones.

 

Los padres y madres de familia consultados de una de las organizaciones del FONI respondieron en el dato de la edad que las niñas dejan de serlo entre los 11y 12 años de edad y los niños entre los 13 y 14 años, la adolescencia no existe, podemos afirmar que después de esa edad entran a la adultez. Sobre las actividades se mencionan algunas diferenciadas entre las niñas y los niños, mientras los niños barren los patios, cuidan los animales, trabajan con la yunta y cortan leña, las niñas lavan los trastes, calientan las tortillas y arreglan la casa. Los niños y las niñas tienen necesidades de cariño, alimentación, seguridad,  salud, entendimiento, protección, un hogar, y participan en la comunidad cubriendo los tequios de las agencias municipales o de las escuelas.

 

Por su parte los equipos operativos señalan que la infancia va desde el nacimiento hasta la adolescencia, se mencionan la edad de 0 a 13 años de edad, otros definen a la infancia desde ser bebés hasta los 12 años y los menos citan la definición de la Convención diferenciando la niñez de la adolescencia. Identifican al niño, niña como un ser humano espontáneo con pensamientos, acciones y sentimientos positivos, caracterizada como una etapa de crecimiento físico, desarrollo emocional y social durante la cual la persona es indefensa y vulnerable, se dice además que es inocente, sensible, con mucha imaginación, curioso para descubrir el mundo, también los definen como la luz que ilumina un hogar.

 

En algunas de las respuestas de los adultos de los equipos operativos los comparan en relación a los adultos, por ejemplo se señala que los niños y las  niñas a diferencia de los adultos, tienen una enorme capacidad de asombro por su entorno, una sed de aprender, ganas de jugar y una forma diferente de ver la vida y explicar lo que ocurre, también se les define porque corren, cantan, sueñan, les gusta expresar lo que sienten, creen, dan amor y confianza sin mirar a quien, olvidan pronto en comparación con los adultos, saben disfrutar de la vida.

 

Como podemos observar existe una definición amplia e idílica de la infancia, la mayoría son rasgos positivos que sirven la mayoría de las veces para fundamentar una actitud protectora y paternalista sobre la infancia que finalmente se impone como un ejercicio del poder del adulto, las niñas y los niños como objeto de protección y cuidado y no como sujeto activo y pensante de la sociedad.

 

Las miradas que tenemos sobre la infancia reflejan, expresan una forma de opresión social desde los adultos a aquellos que cuestionan la forma de ejercer el poder. Nos da miedo reconocer que las niñas y los niños tienen derechos, en muchas ocasiones hemos escuchado a padres y madres de familia, peor aún a profesores aquellos que deben tener como principio y mandato la educación, que antes de que los niños y las niñas conozcan sus derechos deben  aprender obligaciones.

 

Debemos por ahora empezar, a parte de conocer y sumarnos en la defensa de sus derechos a definirlos lo más positivo posible, niña, niño, adolescente, niñez, infancia, no podemos seguir utilizando conceptos como menores, es mejor completar la definición a menores de edad y no dejarlos como siempre los adultos utilizamos en categoría de inferioridad, los menores, los que menos valen, es importante dejar de usar infantil, más cuando se utiliza como calificativo y en términos negativos, “eres un infantil”, “tienes actitudes infantiles” como si ser niño es sinónimo de irracionalidad de falta de pensamiento. En muchos casos llegamos al extremo de definir a los niños y niñas como infantes, si bien los infantes es una etapa de edad con menos años, también se utiliza para la realeza, la infanta, el infante, y peor aún los tristemente llamados infantes de marina. Desde la literatura encontramos que una de las definiciones de infantil es también “los que no tienen voz”, ese concepto es muy adecuado a la cultura adulta pero poco favor se hace al respeto de los niños y las niñas como sujetos de derechos, como personas, como seres humanos, debemos cambiar nuestra mirada sobre la infancia.

 

Finalmente, señalaré algunos puntos de esa mirada negativa sobre la infancia que en los momentos actuales estamos observando en las tristes campañas electorales: tenemos a unos amarillos explotando a una niña en sus comunicados, mientras por un lado hipócritamente dicen estar contra el trabajo de niñas y niños felizmente se encuentran explotando a una niña; los azules que con políticas represivas como la revisión de mochilas defienden los derechos de la infancia, de su ignorancia ya no podemos sorprendernos, los verdes creen que con la enseñanza de lenguas extranjeras saldremos del mundo en el cual nos han sumergido con esto sólo expresan su deprecio a las culturas y lenguas de los pueblos originarios, para los tricolores la infancia no existe, mantienen impunidad de todos sus miembros en actos contra la integridad de las niñas y los niños, de los demás colores mejor ni hablar.

Frente a un panorama tan sombrío la sociedad en general debemos ampliar nuestras miradas sobre la infancia, debemos reconocerla como una parte activa y actuante en la vida social y comunitaria, solamente con una nueva mirada sobre la  desde los derechos humanos podemos pensar en una sociedad y un mundo mejor, un mundo con muchas infancia felices y participativas.

 

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