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Es tiempo de considerar si honre a mi lengua y mi ciudad: José Emilio Pacheco

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 26 junio 2009
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Agencias

 

Oaxaca, México.- A escasos cinco días de cumplir siete décadas de vida, el poeta y narrador José Emilio Pacheco expresó que “por más que todavía espere tener un periodo de gracia para escribir lo que aún no he escrito es momento de considerar si he hecho lo que podía, si he honrado a la lengua en la que escribo y si, como decía Cavafis de Marco Antonio de Alejandría, he sido digno de esta gran ciudad”.

 

Desde la tribuna del Salón de Cabildos del Palacio del Ayuntamiento, donde recibió de manos de Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno de la Ciudad de México, la Medalla 1808 como parte de las celebraciones por sus 70 años, aseguró no reconocerse en la imagen que se ha proyectado de él en estos días.

 

El escritor José Emilio Pacheco durante el reconocimiento hecho por el Gobierno del Distrito Federal

El escritor José Emilio Pacheco durante el reconocimiento hecho por el Gobierno del Distrito Federal

 

“Lo agradezco en el alma, sé que el domingo cuando todo termine, estaré de nuevo a solas frente al silencio de la página en blanco y la pantalla desierta. Habrá que comenzar otra vez como si nada hubiera sucedido, aunque ahora tendré el inmenso apoyo del afecto bondadoso de ustedes”.

 

Ante el jefe del gobierno capitalino, Marcelo Ebrard; Consuelo Sáizar, presidenta de Conaculta; Enrique Márquez, coordinador de la Comisión Bicien del Gobierno de la Ciudad, y miembros de la comunidad cultural, el autor de Las batallas en el desierto, dijo ser para bien o para mal, un producto de esta ciudad. “Todo lo que he hecho y lo que he dejado de hacer es consecuencia de ello. México fue mi cuna, es mi casa y será mi sepultura. Estoy unido a ella por un lazo indisoluble”.

 

Agregó que ser habitante de esta ciudad es un calvario; ser escritor, en cambio, es un tesoro y un desafío. “Lo primero por la abundancia de temas e incitaciones que ofrece, lo segundo porque me temo no he estado ni estaré ya a la altura de lo que se puede hacer con esta materia. Para empezar, no sé donde termina México y empieza el Distrito Federal, un Distrito Federal a su vez rebasado por las poblaciones que ya forman una entidad todavía sin nombre y encarnan como poco las distropías o como se llamen las monstruosidades contrarias a la utopía que son la materia misma de nuestro siniestro siglo XXI”.

 

Pacheco refirió que 70 años son demasiados y cubren un inmenso trecho de historia. “Crecí en un lugar que se salvó de los horrores de la guerra, en los años de la mayor prosperidad y paz que ha tenido esta parte del mundo. A costa de mucha sangre y muchos sacrificios, el país había logrado el milagro de un desarrollo creciente.

 

Nuestro orgullo era estar libre de los problemas étnicos capaces de incendiar otros lugares, todas las injusticias serían reparadas, todos éramos mexicanos sin distinción, todos teníamos las mismas oportunidades”.

 

Y aclaró que el desengaño no iba a tener límites. “Ya que elegimos como poeta nacional a López Velarde, diré con sus palabras que aquella supuesta Suave patria de mi niñez, se convirtió –complementó con otra cita del poeta jerezano– la patria espeluznante que nos atormenta ahora”.

 

Luego de afirmar que no es nadie para dar consejos de cómo enderezar el rumbo, “cómo salir de lo que –con el título de un libro de López Velarde– llamaré zozobra en sus dos sentidos: congoja, pena, angustia y condición de un barco que se va a pique. La respuesta es de una desoladora humildad, hacer mi trabajo lo mejor que pueda, a sabiendas de que lo quiera o no, será un testimonio oblicuo o directo de cuanto nos ocurre”.

 

Inesperadamente y luego de aclarar que jamás cometería el agravio o la ingratitud de decir que se despoja de la medalla para entregarla a otra persona, indicó que no podría estar a solas frente a su íntima conciencia si no dijera que más que a él, esta medalla corresponde a Cristina Pacheco.

 

“Nadie como ella ha documentado en prosa, en diálogo y en imágenes lo que han sido los últimos 30 años de esta ciudad –subrayó. Desde los más célebres: Rufino Tamayo, Octavio Paz, Juan Rulfo, hasta la costurera anónima, el pepenador, el mendigo ciego; desde la opulencia insultante hasta la más abyecta y acusadora miseria; desde las figuras ya históricas o prehistóricas como María Conesa y la Madre Conchita al más reciente conjunto de rock, ella le ha dado voz a los que forman el coro de esta ciudad sin límites ni fronteras”.

 

Cuando todavía resonaban en el Salón de Cabildos los aplausos, el poeta añadió que “sin Cristina Pacheco jamás me hubiera acercado a los universos que forman este planeta llamado México, Distrito Federal. Nunca antes expresé en público la gratitud infinita que le debo y ahora le manifiesto”.

 

José Emilio Pacheco cerró su intervención con otro verso lopezvelardiano, con el que evocó a todos los poetas muertos: “sobre tu capital vives al día, de milagro como la lotería”.

 

“Este milagro que nos ha permitido seguir vivos otras 24 horas, nos obliga a dejar atrás la zozobra y remplazarla por la esperanza contra toda esperanza. En el mundo de la posmodernidad desecha, del neoliberalismo en ruinas y de las grandes esperanzas que se convierten en ilusiones perdidas, nos vamos al origen, al más antiguo poema escrito acerca de esta ciudad por Nezahualcóyotl que es, a la vez, reconocmiento de las tinieblas y confianza en la vida que siempre triunfa y se renueva: la niebla se tiende sobre nosotros, que broten nuevas flores”, concluyó.

Minutos antes, Enrique Márquez, coordinador de la Comisión Bicien del gobierno capitalino, celebró que se entregara a José Emilio Pacheco esta Medalla 1808 que simboliza el tema de la soberanía popular.

Hizo notar que las ciudades casi no premian a sus poetas y que hacía tiempo que nuestra ciudad, ocupada en entrar y salir de sus atolladeros, no volteaba la vista hacia sus poetas.

“Las ciudades no premian a los poetas porque ellos a la hora de escribir sus inventarios, suelen ser los críticos más punzantes del poder y de su tiempo. Las ciudades casi no premian a sus poetas porque a veces ellos, seres inescrutables o escurridizos, no sólo desconfían de los premios sino de contar con los méritos de una obra” puntualizó.

Porque a diferencia de los arquitectos, de los escultores e incluso de los misericordiosos filántropos, más que la obra, la tan perseguida e inasible o inacabada obra, para los poetas lo importante, lo inevitable, está en el infinito viajar con la pérdida diaria e ingrata hacia la muerte.

En su oportunidad, Marcelo Ebrard, externó dirigiéndose al laureado escritor que “eres culpable de la adicción a la ciudad de México que se ha generado en todos los que aquí vivimos. Eres parte de esa gran corriente, de esa gran vivencia. Cada vez que te leemos nos llenas de optimismo y de cariño por ella”.

Celebró que la poesía haya tomado el Salón de Cabildos, símbolo de la vida política y social de la ciudad.


Finalmente, el mandatario local le dijo que su propuesta respecto a Cristina Pacheco es muy atendible y que la ciudad de México sabrá tomar nota de lo expresado. “Ya se votó con aplausos, fue arrollador y es cierto que nadie conoce y quiere a nuestra ciudad como ella”.

Medalla de Oro de Bellas Artes a José Emilio Pacheo

El poeta, ensayista, narrador y periodista José Emilio Pacheco recibirá el próximo domingo 28 de junio, a las 12 horas en el Vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, la Medalla de Oro de Bellas Artes, en ocasión del Homenaje Nacional para celebrar sus 70 años y en reconocimiento a la gran obra literaria de este autor.


Conaculta y el INBA entregarán la presea en una ceremonia a la que asistirán como invitados los escritores Margo Glantz, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y Francisca Noguerol.

 

Posteriormente, el martes 30 de junio (fecha del cumpleaños 70 del escritor) a partir de las 17:00 horas, se llevará a cabo el Maratón de lectura  Las batallas en el desierto y selección de poemas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

 

 

 

El escritor José Emilio Pacheco al recibir la Medalla 1008 con el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard

El escritor José Emilio Pacheco al recibir la Medalla 1008 con el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard

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