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Migrante oaxaqueña protesta con acoso migratorio en EU

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 30 julio 2009
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De la REDACCIÓN

 

Oaxaca. México. Flor Crisóstomo, nacida en Oaxaca, México, decidió emigrar a los Estados Unidos para poder sostener a su familia al dejar atrás a su madre y a tres hijos. Afirma que no fue por vivir el sueño americano, sino a consecuencia de los desiguales tratados comerciales que conducen a una emigración forzosa de millones de mexicanos a través de la frontera.

 

La joven de solo 20 años de edad, manifestó que es miembro de esa iglesia desde que la arrestaron, en el 2006, durante una redada en la compañía IFCO Systems, cuando detuvieron en todo el país a mil 200 hombres y solo dos mujeres. “Fue la redada que marcó el tiempo que estamos viviendo ahora, de enorme persecución contra el migrante indocumentado”, manifestó y dijo estar apoyada desde entonces por el Centro Sin Fronteras, que forma parte del trabajo social de esa iglesia.

 

Flor Crisóstomo, joven oaxaqueña, ejemplo de dignidad.

Flor Crisóstomo, joven oaxaqueña, ejemplo de dignidad.

 

 

 

 

“Durante dos años desarrollamos mucho trabajo político, pero el proceso de lucha culminó cuando el juez de migración dictó que el 28 de enero de 2008 era el día final para salir voluntariamente del país. Yo decidí quedarme, y aquí me he mantenido, durante más de 500 días, haciendo mucho trabajo.”

 

En la entrevista, Crisóstomo habla de las humillaciones que, como mujeres, sufrieron frente a los hombres en el centro de detención donde estuvieron retenidas: “Me sentaban en una silla atada de pies y manos, y me enseñaban documentos para que firmara mi salida voluntaria. Los agentes de migración torturan psicológica y físicamente. Violaron nuestros derechos. Yo no podía quedarme callada después de eso”, asegura.

 

También de la labor concientizadora que, desde la iglesia, realizan hablando de la separación familiar por el desplazamiento forzado de inmigrantes en busca de trabajo. Se reúne ella con estudiantes de las universidades de todo el país y les explica en qué se basa el Tratado de Libre Comercio, a contraposición de la imagen idílica de ese mecanismo de sometimiento económico que le explican en las aulas: “Somos más de seis millones de mexicanos indocumentados, el TLC nos negó la oportunidad de mantener nuestro pequeño negocio, le negó a nuestros campesinos poder trabajar sus tierras, y a muchos profesionales el ejercer su profesión. Yo les digo que soy una mujer indígena que nunca quiso llegar aquí a vivir el sueño americano, soy una mujer a la que se le negó el mantener su cultura, su lengua, su tradición, y a su familia junta”, afirma Flor.

 

También habla de otros proyectos como el de crear un sistema de medios independientes y el de trabajo con mujeres que están quedando desempleadas al sufrir abuso de sus parejas o ser madres solteras; “Las apoyamos para que realicen trabajos colectivos, que formen sus cooperativas y puedan cambiar sus vidas.”

 

 

la oaxaqueña en ejercicio de sus libertades.

la oaxaqueña en ejercicio de sus libertades.

 

 

 

La joven luchadora por lo derechos de los emigrantes se encuentra en la misma iglesia donde estuvo también, en similares condiciones, Elvira Arrellano, cuyo caso fue internacionalmente conocido y con quien compartió su primera huelga de hambre tras ser arrestada.

 

En cuanto a la solución del tema, en la nueva administración de Washington, Flor plantea que la reforma migratoria prometida por Obama, durante su campaña para la elección presidencial, parece desvanecerse después que se han rebasado los cien días de su Gobierno puestos como límite por él mismo. De esa forma las exigencias sobre el tema son aún mayores. Evidencia de ello es que el pasado 25 de junio, varios congresistas, se reunieron con el presidente a fin de que inicie una política más justa y humana. Obama nombró, entonces, a Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interna, como dialogante entre el Congreso y el tema.

 

Luego entonces, la joven indígena reclama que se declaren en moratoria las redadas y las deportaciones hasta tanto se llegue a una definición al respecto.

 

Sobre su destino personal, Flor Crisóstomo, concluye: “Me dicen que lo único que queda es que me deporten o que me den entre 15 y 35 años de cárcel. Es muy difícil de asimilar incluso para mí, pero puedo aceptar cualquier castigo por haber desobedecido una orden federal. Esto es una acción de desobediencia civil. Estoy mostrando que sus leyes no sirven.”

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