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Olvidado en su tierra Rufino Tamayo a 110 años del nacimiento

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 28 agosto 2009
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Fortino Torrentera

 

Oaxaca. México. Rufino Tamayo, oaxaqueño enorme. Admirado en su momento por Diego Rivera, José Vasconcelos, David Alfaro Sequeiros, Carlos Chávez; este pintor recordado en muchos países, parece haber pasado a segundo término en la memoria de su pueblo, ya que este 26 de agosto se cumplieron 110 años de su natalicio.

 

En otros años, el Taller de Pintura Infantil y Juvenil que llevara su nombre y que desapareció con la muerte del maestro Atanasio García Tapia, era el único tributo para recordar al célebre oaxaqueño; hoy lo rememoramos con una semblanza de su vida.

 

El genio del pintor oaxaqueño Rufino Tamayo

El genio del pintor oaxaqueño Rufino Tamayo

 

 

 

 

 

Rufino Tamayo Arellanes nació el 26 de agosto de 1899; a muy temprana edad quedó huérfano y estuvo al cuidado de su tía Amalia con quien vivió a partir de 1911 en la capital de la república mexicana, para posteriormente inscribirse (15 años de edad) en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde estudió pintura por las noches.

 

Una creativa formación

Durante la primera fase de su actividad creativa, Tamayo se apegó a la perspectiva lineal, una de cuyas mejores muestras es su Autorretrato de 1931. En el curso de la segunda tuvo fuerte influencia de Braque, según se advierte, por ejemplo, en El barquillo de fresa (1938). Y en la tercera se libró de ataduras y desarrolló su propio estilo.

 

Desde sus primeras obras, Rufino Tamayo, demostró su inconformidad ante los convencionalismos relacionados con la pintura de su época, tendiendo a ir más allá de los mismos.

 

En 1917 se inscribió en la Academia de San Carlos, alternando sus estudios con la atención de un negocio de frutas en el mercado de la Merced; dos años más tarde se dedicó a pintar e investigar por su cuenta.

 

En algunas ocasiones y en su época de estudiante, Rufino Tamayo sugería a sus profesores para que llevaran a cabo cosas diferentes, sugerencias que eran rechazadas por lo que él, se salía a pintar al patio de la institución.

 

Tamayo y sus condiscípulos montaron una exposición, en la cual participó con un cuadro de una capilla de Oaxaca y al verlo Diego Rivera dijo: “Este muchacho es pintor”.

 

Posteriormente, al ser nombrado José Vasconcelos, secretario de Educación Pública por Obregón en 1921, el primero invitó a Rufino Tamayo a trabajar en el Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología de México, y en ese mismo año alquiló su primer estudio en la calle de La Soledad, en la Ciudad de México.

 

La experiencia que adquirió en su trabajo le dio la oportunidad de involucrarse profundamente con el arte prehispánico y las artes populares; su trabajo consistía en hacer copias de los dibujos prehispánicos y proporcionárselos a los artesanos con el fin de impulsar la artesanía nacional.

 

Compartiendo una amistad con al músico mexicano Carlos Chávez, parten a la ciudad de Nueva York a fin de enriquecer su propia perspectiva pictórica, sin embargo la experiencia no fue del todo exitosa porque tuvieron limitaciones económicas y además no hablaban inglés.

 

A pesar de las dificultades que Tamayo pasó en el vecino país del norte, su estancia en él le dio oportunidad de reflexionar y madurar su propia conceptualización de la pintura así como investigar sobre la historia de la pintura y la escultura en el mundo.

 

Durante su permanencia en la ciudad de los rascacielos asistió a dos importantes exposiciones: De Ingres a Picasso y Arte francés de los últimos 50 años, que de alguna manera lo pusieron en contacto con movimientos artísticos, tales como el impresionismo, el fauvismo y el cubismo.

 

Refiriéndose a la obra de Tamayo, Paul Westheim dijo: “No es posible traducir una idea en pintura de manera más sencilla, más precisa y más expresiva”.

 

La expansión del genio

Su primera exposición individual tuvo lugar en la Galería Weyhe de Nueva York, simultáneamente a la que presentó en el Pasaje América de la capital mexicana. La última que pudo presenciar en vida en su propio país fue la gran retrospectiva de homenaje celebrada a la vez en el Museo Rufino Tamayo y en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México en 1987.

 

Las sandías de Tamayo

Las sandías de Tamayo

Disfrutó personalmente de su muestra individual en el Ermitage de Leningrado (hoy nuevamente San Petersburgo) en 1990. Entre sus múltiples comentarios sobre pintura, dejó el siguiente: “Una de las venturosas peculiaridades de la pintura es la de que su futuro siempre está abierto al infinito, como lo están también sus posibilidades y nunca podrá sufrir desvíos hacia otras formas plásticas de expresión, en virtud de que tiene compromiso específico, que es el de expresarse en forma bidimensional y con un material del que precisamente toma su nombre: “pintura”.

 

 

 

Dicha observación establece polémica con las opiniones de David Alfaro Siqueiros sobre la escultopintura.

 

Expuso en San Francisco, México, Nueva York, Chicago y Cincinnati, y vivió indistintamente en la Brooklyn Museum Art School; asimismo participó en otras exposiciones en las galerías de mayor renombre tanto en México como en el extranjero; al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Tamayo se trazó una meta: Europa.

 

Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo fueron los representantes de México en la XXV Bienal de Venecia, en 1950; pero fue la instalación de la Sala Tamayo en aquel lugar que despertó el interés de los críticos europeos. A ese acto siguieron las exposiciones en la Knoedler Gallery de Nueva York, la Galerie Beaux Arts de París y el Palais des Beaux Arts de Bruselas. En septiembre de 1952 recibió el segundo premio de la Pittsburgh Inernational Exhibition y terminó su primer mural en el Palacio de Bellas Artes de México.

 

Asimismo pintó el mural de la Hillyer Art Library de Northampton, Massachusetts.

 

Su obra de caballete se ha expuesto prácticamente en todo el mundo. Guardan obras suyas los museos de Arte Moderno de México, París, Nueva York y Río de Janeiro, la Galería Nazionale de Arte Moderna de Roma, el Royale de Bruselas, los de Cleveland, San Luis Misouri, Filadelfia, Arizona, San Francisco, Cincinnati y Dallas, The New York Public Library, el Bank of the Southwest de Houston y el barco Shalom, de bandera israelí.

 

El Palacio de las Bellas Artes de la ciudad de México, es el recinto donde se encuentran los murales Nacimiento de nuestra nacionalidad y México de hoy.

 

Otro de sus murales se localiza en el edificio central de la UNESCO en París titulado: Prometeo da el fuego a los hombres.

 

Después de gran número de exposiciones por todo el mundo, Rufino Tamayo que para entonces residía en París, 1962, comienza a sentir una gran nostalgia por su patria, llegándole a afectar en su obra pictórica hasta el clima lluvioso de la ciudad Lux, y los colores gris y negro se hacen presentes en su pintura, motivo por el cual regresa a México.

 

Entre la técnica y el gusto

Este pintor oaxaqueño normalmente trabajaba en forma directa sobre la tela, sin bocetos; trazaba la estructura general del cuadro y pintaba con óleo o acrílico

 

El genio pictórico de Tamayo

El genio pictórico de Tamayo

Otra de sus particularidades al pintar, es que siempre lo hace a la luz del día porque ésta le permite dar a los colores los tonos precisos, además utiliza toda clase de instrumentos para buscar texturas y obtener mayor riqueza pictórica

 

 

 

Por su parte Tamayo se negó a pintar siguiendo un estilo predeterminado con temas típicamente nacionalistas, sosteniendo que la pintura no tenía porque servir a intereses políticos puesto que ésta debía ejercerse con entera libertad.

 

A pesar de no permitir la imposición de un estilo, nadie puede poner en tela de juicio la mexicanidad de las obras de Tamayo, realizadas con pleno conocimiento de la cultura popular, en las que plasmó el espíritu del pueblo.

 

La portada y viñetas del Cancionero Mexicano fueron hechas por Rufino Tamayo en 1931; en 1932 fue designado Jefe de la Sección de Artes Plásticas del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública.

 

Para Tamayo, la universalidad sería la característica de la pintura y era el ideal defendido frente a la corriente muralista que como orientación de la pintura mexicana pretendían sus promotores: Diego Rivera y David Alfaro Sequeiros.

 

La Escuela Mexicana de Pintura, con la corriente muralista, aportó el rescate y reivindicación de la identidad nacional, aspecto de gran trascendencia para nuestro país.

 

La posición que asumía Tamayo con relación a las ideas que manejaba respecto a la pintura, le causaron naturalmente fricciones con los muralistas

 

De acuerdo con Rufino Tamayo, los muralistas seguían técnicas del Renacimiento, sin experimentar otras posibilidades, lo que es muy importante en la pintura para la que es propicia la pintura de caballete

 

A pesar de sus reticencias, Tamayo también realizó murales, naturalmente desde su propia perspectiva, siendo El canto y la música el primer mural plasmado en 1933 en el Conservatorio Nacional de Música, cuando aún estaba en la calle de Moneda, con la técnica del fresco

 

En 1936, Tamayo acepta la cátedra de pintura en la Escuela Dalton de Nueva York y acompañado de su esposa se establece en Manhattan, dedicando las mañanas a sus clases y las tardes a su pintura.

 

Su legado patrimonial

Rufino Tamayo donó al Museo de Arte Prehispánico que lleva su nombre, mil 300 piezas de arte prehispánico de su propiedad; también promovió la donación de 168 obras de arte para el Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo, donaciones hechas por los artistas más relevantes del mundo.

 

Con el deseo de compartir lo que tiene con su pueblo, según sus propias aseveraciones, Rufino Tamayo también ha promovido la construcción de dos casas para ancianos, una en Cuernavaca y otra, aquí, en su natal Oaxaca.

 

Rivera, Orozco y Siqueiros, “los tres grandes”, le propusieron que se integrara a la trinidad y así conformar una tetralogía similar a la de los evangelistas. No accedió a la invitación: aborrecía el llamado “arte de mensaje”, si bien es cierto que toda manifestación artística conlleva un mensaje.

 

Rufino Tamayo conoció en vida un enorme éxito, similar al que gozan pintores como Wifredo Lam y Roberto Matta Echauren. Participó en la fundación del museo que lleva su nombre, cuyo acervo permanente abarca la colección de arte internacional que donó al Estado mexicano. Además de sus murales y sus extraordinarias pinturas de caballete, Tamayo practicó la gráfica (la mixografia es una invención conjunta entre él y Luis Remba) y ocasionalmente la escultura.

 

En 1974 se inauguró en la ciudad de Oaxaca el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo; y el 29 de mayo de 1981 se abrió al público el Museo Rufino Tamayo en el Bosque de Chapultepec.

 

El patrimonio cultural de Monterrey se ha enriquecido con tres grandes obras del creador oaxaqueño: el mural Eclipse total (1978) y los vitrales Homenaje al sol (27 m de alto y 3.5 t, 1988). De 1981 a 1982 Tamayo fue director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

 

Tras su muerte, su esposa Olga agilizó con el Gobierno del Estado, la apertura de la Casa para Ancianos “Los Tamayo” que hasta ahora es un modelo de atención y opera en las faldas del Cerro del Fortín en esta capital oaxaqueña.

 

Honores al talento

Rufino Tamayo es uno de los artistas mexicanos que ha recibido numerosas condecoraciones y premios, entre los que sobresalen el Premio Albert Einsten que le fue otorgado por Israel y la medalla Belisario Domínguez, la más alta condecoración que ofrece el gobierno mexicano.

 

En 1953 se le otorgó el gran premio de pintura en la II Bienal de Sao Paulo, junto con Alfred Mannesier de Francia. Ese mismo año hizo el mural El Hombre, para el Museo de Bellas Artes de Dallas, y concluyó el segundo en el Palacio de Bellas Artes.

 

En 1970 Max Pol produjo la película Tamayo y en 1973 H. Cokin el film La vida artística de Rufino Tamayo.

 

Varias instituciones de enseñanza superior lo han honrado con el título de doctor Honoris Causa: la de Manila, en 1974; la Nacional Autónoma de México, en 1979; y la de San Francisco, Cal. EUA, en 1982.

 

Se le otorgaron, además el Premio Nacional de Artes (1964) y el Colouste Gulbekian, por el Instituto de Artes de París (1969); la Legión de Honor de Francia (1970); el grado de comendador por la República Italiana (1971); la denominación de Hijo Predilecto, por el gobierno de Oaxaca (1972); la Copa de Oro de Florencia (1975); una medalla, por el Departamento del Distrito Federal (1982), y el galardón Albert Einstein, por el Technion Institute de Israel (1983). Llevó a cabo exposiciones individuales en todo el mundo. Murió el 25 de junio de 1991.

 

 

 

Aunque la figura de Rufino Tamayo también fue criticada en su momento e incluso soslayada por artistas locales que pensaban que se había desentendido de su tierra, fue ésta después de casi 20 años de su muerte, la que olvidó al artista oaxaqueño más reconocido en todo el mundo hasta nuestro días.

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