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Pánico y control social, trasfondo de la pandemia de Gripe A: Gérvas

Publicado por @Shinji_Harper el Domingo, 20 Septiembre 2009
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Carolina Quezada

 

Oaxaca. México. En una revisión histórica sobre pandemias y por ser uno de los especialistas más reconocidos en enfermedades respiratorias, el médico español, Juan Gérvas, sustenta el manejo desinformativo mundial en torno a la Gripe tipo A H1N1.

 

Gérvas, es profesor Honorario de Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid y profesor Visitante de Atención Primaria en Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad (Madrid).

 

Las pandeias, escenas de error que se repiten en la historia.

Las pandeias, escenas de error que se repiten en la historia.

 

 

 

Señala que la pandemia de gripe A (gripe porcina) puede llevar al colapso de los servicios sanitarios en el invierno de 2009. Sin embargo, la gripe A tiene menos gravedad y mortalidad que la gripe de todos los años (la gripe estacional).

 

Por ello, recomienda, no vacunarse y no tomar más medicamentos que los necesarios para calmar las molestias; pues la gripe A es muy contagiosa y muy leve. Más leve que la gripe de todos los años (gripe estacional).

 

Ante la gripe A conviene un comportamiento prudente y tranquilo, similar al que tenemos con la gripe estacional. Se debe consultar al médico sólo en caso de enfermedad importante (tos con sangre, gran deterioro respiratorio).

 

El médico español, Juan Gérvas, sustenta el manejo desinformativo mundial en torno a la Gripe tipo A .

El médico español, Juan Gérvas, sustenta el manejo desinformativo mundial en torno a la Gripe tipo A .

 

 

 

Los antivirales como Tamiflú y Relenza no previenen la gripe A, y tienen efectos secundarios importantes. Tampoco sirven para el tratamiento en pacientes sanos por lo demás. Se deben reservar para tratar casos graves.

 

La vacuna contra la gripe A es experimental, y por ahora no se sabe nada ni de su seguridad ni de su eficacia, pues las pandemias previas no produjeron gran mortalidad en cuanto se dispuso de antibióticos para tratar las neumonías que complican la gripe. Las pandemias previas no tuvieron una segunda “ola” de mayor agresividad.

 

La epidemia de gripe A, que empezó en México este año, es de menor gravedad que la epidemia estacional. Es una gripe que se contagia muy fácilmente, y por eso es una “pandemia”, porque puede llegar a afectar a la mitad de la población. Pero la contagiosidad de la gripe A no dice nada de su gravedad, y de hecho es menos grave que ninguna gripe previa.

 

Afecta a mucha gente, pero mata menos que la gripe de todos los años. Las cifras son variables según la fuente de datos, pero por ejemplo, en el Reino Unido ha habido cientos de miles de casos y sólo unas 30 muertes y en EEUU con un millón de casos sólo 302 muertos.

 

Además de la gripe A, los servicios sanitarios tienen que atender a miles enfermos agudos y crónicos habituales por lo que conviene no saturar la actividad de médicos y enfermeras con pacientes leves de gripe A.

 

Pese a la levedad de la gripe, se puede demostrar que la mortalidad aumenta en la población con dos picos anuales, uno en los días del verano con el máximo de calor, y otro en los días del invierno con la epidemia de gripe. Por ello se aconseja vacunar contra la gripe, aunque se discute si esta vacunación es útil.

 

La mortalidad por gripe A afecta básicamente a menores de 65 años, pues los mayores parecen tener cierto grado de protección, por epidemias previas con virus similares. Entre los muertos por la gripe estacional el 90% son mayores de 65 años, mientras por la gripe A sólo el 10% es de este mismo grupo de edad. Es decir, la mortalidad por gripe A es en el 90% en menores de 65 años.

 

Pese a todo, en números absolutos, la gripe A mata a pocos jóvenes; por ejemplo, en EEUU mueren al año por gripe estacional unas 3.600 personas menores de 65 años y de gripe A han muerto hasta ahora 324 personas de ese grupo de edad.

 

Por cierto, al año mueren unas 36.000 personas por gripe estacional en EU. La alta mortalidad en EU tiene que ver probablemente con su falta de cobertura sanitaria a los que más lo necesitan (pobres y enfermos). En Australia, con el invierno terminando, han muerto unas 132 personas por gripe A, de las que son aproximadamente 119 menores de 65 años. En Australia cada año mueren por gripe estacional unas 310 personas menores de 65 años.

 

Al estudiar las pandemias de los últimos siglos (desde 1510 hasta la actualidad) se demuestra que nunca se ha contagiado simultáneamente toda la población (el 100% al tiempo) y que, si ha habido segunda “ola” de pandemia, la gripe ha tenido un carácter leve también en la segunda vuelta.

 

La proyección de varias oleadas de progresiva gravedad es sólo fantasía, no una inferencia a partir de la realidad y el empleo de impactantes relatos, la descripción casi en vivo y en directo de cada muerte.

 

Estos dos elementos llevan al lector/oyente/televidente a imaginarse a sí mismo y a sus seres queridos afectados y gravemente enfermos, o muertos.  Es un ejercicio clásico de “invención de enfermedades” (disease mongering) de transformación irreal de una gripe A contagiosa y no grave en una gripe A virulenta y letal.

 

Cuando en 2005 la Organización Mundial de la Salud (OMS) pronosticó que podrían morir de gripe aviar hasta 150 millones de personas, se desató el pánico en el mundo. Después hubo sólo 262 muertes. Hubo, pues, un gravísimo error pronóstico.

 

En 2009, con la gripe A, conviene no repetir el mismo error. Por ello es central evitar el pánico y conviene hacer lo que siempre se hace ante la gripe: cuidarse con prudencia y tranquilidad. Buena hidratación, buena alimentación, buena higiene, y recurrir al médico cuando haya síntomas de importancia, tipo tos con expulsión de sangre y gran deterioro de la respiración.

 

Conviene no “toserle” a nadie, no tocarse la nariz, taparse la boca al estornudar y lavarse las manos antes de comer, después de ir al servicio y si uno se mancha con la mucosidad.

 

El virus se elimina por la mucosidad nasal aproximadamente durante los primeros cinco días de la enfermedad. El uso de mascarillas no parece que ayude a evitar la propagación de la epidemia. Conviene no hacer mucha vida social esos primeros días, como siempre se hace en caso de gripe.

 

El cierre de escuelas, colegios, universidades y otros lugares es en general absurdo, una muestra de falta de sentido común y de auto-control de las autoridades.

 

Frente a la gripe A, el embarazo no debería conllevar ningún cambio ni modificación de la vida de la mujer. Como sabemos, sobre todo en el tercer trimestre, la capacidad pulmonar de la embarazada es menor, y por ello hay más posibilidades de complicaciones con todas las infecciones pulmonares. Pero las diferencias entre estar embarazada y no estarlo son marginales, por ejemplo, de riesgo de ingreso por gripe A de tres por millón de mujeres en el caso del embarazo y de uno por millón en otro caso.

 

La obesidad también limita la capacidad pulmonar, y quizá por ello da mayor susceptibilidad a las complicaciones. La obesidad sobrecarga al corazón y puede llevar a insuficiencia cardiaca. No es raro por ello que la gripe tenga impacto distinto en los obesos.

 

No hay tratamiento preventivo alguno: los medicamentos contra la gripe no previenen la enfermedad (ni el oseltamivir-Tamiflú ni el zanamivir-Relenza). Una vez que se tiene la enfermedad estos mismos medicamentos son también casi inútiles (acortan medio día la evolución de la enfermedad).

 

Tampoco hay estudios que avalen su efectividad en la propia gripe A. Además, tienen efectos adversos. Por ejemplo, durante la epidemia de gripe A, en niños tratados en Londres con oseltamivir-Tamiflú, tuvieron efectos adversos la mitad, generalmente vómitos, y en el 18% fueron alteraciones neuropsiquiátricas.

 

Quizá en algunos casos valga la pena su uso como tratamiento, por ejemplo en enfermos graves y en pacientes con enfermedades crónicas importantes, pero no son útiles ni en niños ni en adultos sanos.

 

La vacuna contra la gripe es de poca utilidad en niños y adolescentes, con una efectividad del 33%, y absolutamente inútil en los menores de dos años. Hay dudas sobre su eficacia en adultos y ancianos.

 

Sobre la vacuna contra la gripe A no sabemos nada, pero en 1976 se produjo en EEUU una vacuna parecida, también con todas las prisas del mundo por el peligro de pandemia porcina, y el resultado fue una epidemia de efectos adversos graves (síndrome de Guillain-Barré, enfermedad neurológica) que obligó a parar la vacunación.

 

El virus de la gripe A está desplazando a todos los demás virus gripales; por ejemplo, este invierno austral, 2009, en Uruguay han sido virus de la gripe A el 99% de los encontrados. En general se ha demostrado que el 90% de los virus gripales circulantes son de la gripe A, y se espera que en 2010 sean el 100%. Por ello la vacunación contra la gripe estacional se vuelve absurda.

 

Las pruebas diagnósticas rápidas de la gripe A tienen poca sensibilidad (del 10 al 60%). Es decir, no vale la pena hacer la determinación para saber si uno tiene gripe A en realidad. Da igual, pues los consejos son los mismos, y la prueba no añade la seguridad de no tener la gripe A. Tanto el virus de la gripe A como el de la gripe estacional pueden mutar dejando por completo inútiles las vacunas.

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