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Sin mujeres no hay maíz, ni país

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 14 octubre 2009
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Redpar

 

Oaxaca. México. A los múltiples desafíos de su vida cotidiana y del campo, las mujeres rurales e indígenas de México enfrentan hoy un nuevo problema: la crisis alimentaria, por ello en el marco del 15 de octubre –Día Internacional de la Mujer Rural– la Red Nacional de Promotoras y Asesoras Rurales (Redpar) da a conocer los resultados del “Diagnóstico del Impacto de la Crisis alimentaria Mundial en las Mujeres Indígenas y Campesinas”.

 

Este diagnóstico se realizó, en 2008, para visibilizar las repercusiones de la crisis alimentaria en la vida cotidiana de las mujeres rurales, se realizaron entrevistas a 238 mujeres y a 38 informantes clave en diversos municipios de once entidades federativas de la República Mexicana, con población mestiza e indígena: otomíes, náhuatl, nahñu, totonacas, zapotecas, mixes, mixtecas, purépechas, tzotziles, choles, mayas, chujes, cajobales, mayo.

 

“Nosotras, aunque tengamos manos, no tenemos donde agarrar, aunque tengamos tierra no tenemos dinero”

“Nosotras, aunque tengamos manos, no tenemos donde agarrar, aunque tengamos tierra no tenemos dinero”

 

 

 

Los resultados más relevantes que arrojaron las realidades expresadas por las mujeres entrevistadas desde diversos ámbitos –producción, ingreso económico, migración, medio ambiente y políticas públicas– colocaron sus preocupaciones y varias de sus demandas históricas:

• El alza de precios de los granos básicos, la liberación del mercado y la dependencia alimentaria, impiden que los pequeños productores nacionales puedan comercializar sus productos adecuadamente dentro y fuera del país, por lo que la agricultura de maíz y frijol persiste sólo para el autoconsumo. 

• Ante el incremento de los precios mundiales de los granos, los beneficiaros de las ventas son los “coyotes”, comerciantes e intermediaros, quienes generalmente son hombres, así como comercializadoras de productos de consorcios transnacionales.

• Las mujeres rurales ven multiplicado cada vez más su trabajo ante la falta de ingresos  dedicándose a: hogar, parcela, artesanías, ventas, hijas e hijos, pareja, salud, reuniones del programa “oportunidades”, administración del poco dinero o trabajo doméstico, entre otras.

• La crisis alimentaria ha generado que las mujeres participen menos en sus organizaciones y ha reforzado que se les considere como consumidoras y no como productoras, condicionando de forma distinta la participación de las mujeres y los hombres en los programas de desarrollo rural.

• Los programas sociales,  que miran a las mujeres en su rol tradicional y como operadoras de las políticas públicas, han fomentado el individualismo y provocan rupturas en el tejido comunitario.

• El Estado no ve a las ve como sujetas de derechos en los programas sociales ni les proporciona una forma fácil de acceder a la información, para conocer los diferentes programas que ofrecen las instituciones así como las reglas de operación de los presupuestos.

• Se ha reducido el envío de remesas para ellas y se visualiza el regreso de los hombres migrantes a sus lugares de origen, sin tener una alternativa laboral local, agravando su condición de  desigualdad en las comunidades.

• La afectación a los recursos naturales ha estado presente desde hace muchos años, pero con la crisis alimentaria se han agudizado los problemas como la falta de agua, la perdida de bosques y de la capacidad productiva de la tierra. A ello se suman aspectos como la contaminación del agua y la falta de leña que afectan directamente a las mujeres. 

• La tierra de las familias rurales es cada vez más demandada por agroempresas y urbanizadores, lo cual afecta a las mujeres que al no ser las titulares de la tierra, no son consultadas para su venta.

 

Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2005 la población indígena mexicana fue de 9 millones 533 mil 126 personas, lo que representa casi 10 por ciento de la población nacional, 51 por ciento mujeres y 49 por ciento hombres.

 

La mayor parte de esta población vive en la zona sur y sureste del territorio mexicano, donde se concentran los más altos niveles de pobreza y más municipios marginados del país. Otras entidades federativas de la República mexicana como Chihuahua, Nayarit, Durango, Puebla e Hidalgo también tienen presencia indígena, por lo que puede decirse que esta población se extiende a lo largo y ancho del territorio mexicano.

 

Se ha revelado que la población mexicana, en 2005, ascendía a 103 millones de personas, de las cuales 23.5 por ciento se encuentra situada en zonas rurales, donde de acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo, 2000), poco más de la mitad de los indígenas reside en el medio rural (50.7 por ciento), tanto indígenas como mestizos comparten situaciones de rezago y casi siempre la población indígena es menos favorecida.

 

Los datos del “Diagnóstico del Impacto de la Crisis alimentaria Mundial en las Mujeres Indígenas y Campesinas” –que permiten visibilizar los pendientes históricos de la situación del campo y la afectación en la vida de las mujeres rurales— se darán a conocer en la presentación del video de “Vamos al Grano. Campaña por la agricultura en Mesoamérica” el próximo jueves 15 de octubre, a las 10:30 horas, en la sala 4 de la Cineteca Nacional, ubicada en Av. México-Coyoacán 389, Col. Xoco, Del. Benito Juárez.

 

La publicación del Diagnóstico en forma de libro, primera en su tipo, será presentada el próximo mes de noviembre. Se buscará que esta información llegue a manos de la comunidad legislativa de México, así como a los municipios de las entidades federativas en las que se hizo la investigación, para que los hallazgos se incorporen en las políticas públicas, presupuestos e iniciativas legislativas que orienten a un efectivo desarrollo rural con perspectiva de género –incluyendo la política social, alimentaria y económica del país– siendo los gobiernos responsables de su diseño e implementación

 

De acuerdo con la académica Blanca Rubio, coordinadora de la publicación del diagnóstico, en nuestro país la crisis alimentaria se manifestó en el incremento hasta en un 70 por ciento de los precios de los alimentos básicos, así como el aumento en los costos de los insumos para el campo como fertilizantes y combustible, la elevación de las importaciones de granos y oleaginosas, el deterioro de los recursos naturales y de los ingresos de la población y la dificultad por asegurar el autoconsumo.

 

La Redpar es un espacio de coordinación, intercambio y apoyo de mujeres que trabajan en varias entidades federativas de la Republica Mexicana desde 1987. Impulsa y fortalece procesos de desarrollo local y regional con una visión feminista, hacia mujeres y organizaciones campesinas e indígenas, que promuevan la soberanía alimentaria y el empoderamiento de las organizaciones de mujeres.

 

La Red es integrante de la Campaña “Vamos al Grano. Campaña por la agricultura en Mesoamérica”, en coordinación con Oxfam México, Rostros y Voces y otras organizaciones y redes campesinas que constituyan un proyecto colectivo para hacer patente la necesidad de un cambio profundo en las condiciones agroalimentarias mundiales y nacionales.

 

 Para obtener mayor información sobre la RedPar o el diagnóstico, favor de contactarse con: blancaa@servidor.unam.mx  /     tonyperez75@hotmail o al teléfono 0445529006331

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