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Rumbo a Copenhague: Salvar el planeta en manos de la humanidad

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 9 noviembre 2009
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·        Delegaciones de 194 países  debatieron  en Barcelona, España, la suerte de la Tierra frente al cambio climático. Aquí se pulió  un borrador  para llevar a la Cumbre Mundial de Copenhague, de diciembre. Pero el pedido de la mayoría de que se establezca en 40% los niveles de reducción de CO2 entrampó las negociaciones. ¿Es razonable esa exigencia?

 

Jaime PIAZA/El Comercio.com

 

Oaxaca, México.- Antonio Hill, experto en cambio climático, habla sobre el riesgo que implica que en Copenhague no haya un nuevo acuerdo para controlar las emisiones de CO2.

 

Es muy simple. El 40% sale de unos cálculos que hicieron los científicos de la Convención de Cambio Climático. El objetivo en su artículo 2 es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en un nivel que evite amenazas a la seguridad alimentaria y a que los sistemas naturales se adapten a los cambios y que no haya peligro para la existencia de la humanidad.

 

Pero ¿qué pasa si países como Estados Unidos insisten en no aceptar esta cifra?

 

Todas las cosas se derrumban y las consecuencias ya empezamos a verlas. Los expertos del Grupo Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) emitieron un informe en 2007 en el que dijeron que si los países industrializados reducen entre un 25 y 40%, el incremento sería entre 2 y 4°C. Entonces la reducción debería ser por arriba del 40%.

 

EE.UU. ofrece  solo un 7% y la Unión Europea, 25%, ¿eso es suficiente? ¿Por qué ellos insisten en esos índices?

Las severas emisiones de gases de efecto invernadero en las superpotencias

Las severas emisiones de gases de efecto invernadero en las superpotencias

Claro que no es suficiente. Insisten porque temen que vaya a significar transformaciones en sus economías más allá de lo que están dispuestos a hacer. Temen incomodidades políticas y económicas. Antes del Protocolo de Kioto también temían lo mismo.

 

 

Es totalmente posible que lo cumplan, solo depende de cómo manejen las inversiones. Estas en vez de ir a las industrias dañinas deben ser para las energías renovables y sistemas industriales bajos en CO2. 

También acá en Barcelona se habla de que no solo se necesitan transferencias de dinero y de tecnología. ¿Qué más hace falta?

 

También información y sistemas para el monitoreo de las condiciones meteorológicas para anticipar los impactos del cambio climático. Países como Perú, Bolivia y Ecuador, por ejemplo, no tienen equipos de monitoreo satelital, capacitación de instituciones y maneras de organizar sistemas tecnológicos.

¿Con las negociaciones entrampadas en Barcelona, Copenhague engendrará un nuevo tratado que reemplace al de Kioto?

Tiene que haber un nuevo tratado climático. Esto no es una cosa de que si hay bien, si no igual. El clima está cambiando.

 

 

 

Pero ¿el nacimiento de un nuevo tratado puede empezar en Copenhague y concretarse en la reunión de México en 2010?



Lo importante es que en Copenhague, en diciembre, tengamos un acuerdo político de los países. Debe existir un entendimiento para llevarlo a un acuerdo, el cual debe ser vinculante (obligatorio y con sanciones), en el marco del derecho internacional. Es urgente, porque si va más allá de diciembre ya no habrá tiempo para que sea ratificado y  que haya seguridad de que, por ejemplo, el sector industrial pueda invertir en el mercado de carbono. Si eso no ocurre, toda la plata que se iba a energías renovables y tecnologías apropiadas irá a otro lado.

Así seguirá la tendencia actual sobre el aumento de las emisiones y llegaremos a una catástrofe.

 

A propósito, ¿cuánto se necesita invertir para afrontar el cambio climático?

Con la comunidad civil hemos mirado las áreas de mitigación, tecnología, educación… Solo para adaptación se calcula que superaría los USD 100 000 millones cada año. Si incluimos mitigación sería USD 200 000 millones como mínimo, en cuanto a finanzas públicas y sin contar con la ayuda ya existente.

¿Cuál es el momento de esa ayuda actual?

En la actualidad, los flujos de asistencia internacional llegan a USD 100 000 millones.

Y, ¿quién debe pagar esos montos anuales?

El experto en cambio climático, Antonio Hill/Foto El Comercio.com

El experto en cambio climático, Antonio Hill/Foto El Comercio.com

Los gobiernos más responsables, es decir, los países que causan el problema. Según los cálculos, EE.UU. y Europa, por la cantidad de sus emisiones, deben pagar el 60% del total de obligaciones internacionales. Hará falta que Japón, Australia, Canadá y otros también cumplan.

 

 

¿Hay el compromiso firme de que pongan al menos una parte?

Hasta el momento no, aunque el viernes pasado la Unión Europea se comprometió al decir que los flujos que hacen falta al sur sería hasta alrededor de USD 70 000 millones. También dijo que está dispuesta a poner su justa parte, aunque hasta ahora no lo ha hecho. Es un reto para EE.UU. que venga a Copenhague dispuesto a poner su parte.

Los países en desarrollo son los que exigen, pero ¿cuál es la responsabilidad de ellos?



Tomar medidas de adaptación, formar estrategias nacionales y planes integrados con los esfuerzos que ya están en marcha para superar la pobreza y desarrollar su economía. Los países en desarrollo como China, India y Brasil, aunque no tienen la culpa inicial,   también están en a obligación, como grandes emisores, de establecer planes y marcos de cooperación para empezar a reducir sus emisiones a medida que vaya creciendo su economía.

¿Iniciativas como la Yasuní-ITT de Ecuador, que pretende dejar el crudo bajo tierra en la selva amazónica, encajan en esto?

Puede ser una buena alternativa. Para Ecuador dejar el petróleo bajo tierra tiene un costo adicional, hoy que el crudo está aumentando de precio. Por eso deben recibir un incentivo para mantener esa iniciativa.

¿Y la gente de a pie cómo debe ayudar a evitar que las emisiones de gases sigan en incremento?

Todo mundo tiene bajo su control ciertas medidas. Ahorrar agua que también es equivalente a energía; reducir el consumo de electricidad, a través de cosas simples como desenchufando el cargador del celular o de la computadora. Evitar los viajes innecesarios en auto, ir en bicicleta o a pie. Lo más importante es que cada quien presione a su Gobierno para que implemente las políticas necesarias  que faltan para reglamentar el carbono.  

 

Pero si la gente no está consciente de lo que le está pasando,  ¿de quién es el papel para conseguir aquello?

La concienciación es lo primero. Para eso cada uno debe informarse, a través de campañas, en libros, en Internet y estudiar la ciencia. Toca primero entender de dónde viene este fenómeno.

 

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