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México entre los países con más casos de diabetes

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 15 noviembre 2009
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UNAM/Salud

 

Oaxaca, México.- La epidemia de diabetes que afecta a México requiere de un nuevo modelo de atención médica, centrado en la educación terapéutica para el paciente y en un tratamiento multidisciplinario. “No se puede seguir como hasta ahora, y la prueba está en que la afección nos está rebasando”, afirmó la académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, Irene Loo Morales.

 

La deabetis preocupante problema de salud en México

La deabetis preocupante problema de salud en México

Ese padecimiento, que en el país provoca 13 de cada 100 muertes, y uno de cada tres fallecimientos como causa secundaria, debe tener como eje principal el autocuidado permanente de la persona que la padece, e ir más allá de la simple administración de insulina o un hipoglucemiante oral.

 

 

 

 

Requiere, además, la intervención de varios expertos como médicos, nutriólogos, podólogos, cardiólogos, psicólogos, y hasta entrenadores, añadió.

 

En el marco del Día Mundial de la Diabetes, explicó que ésta es una enfermedad crónica irreversible y sistémica, ataca a los aparatos del cuerpo humano y, por el aumento en su incidencia, sobre todo la tipo 2, se ha vuelto un grave problema de salud.

 

La diabetes mellitus es un trastorno metabólico que se caracteriza por carencia de insulina, o falta de efectividad de la misma, y se traduce en elevadas concentraciones de azúcar en la sangre.

 

La insulina es una hormona producida por el páncreas, su función principal es facilitar la entrada de glucosa (azúcar) a las células, fuente de energía para realizar sus funciones.

 

El mal en cifras

 

La diabetes afecta a siete por ciento de la población mundial adulta y, en total, a alrededor de 285 millones de personas; México se encuentra entre los 10 países con mayor número de casos, según datos de la Federación Internacional de Diabetes, difundidos en el Congreso Mundial de la especialidad, realizado recientemente en Canadá.

 

En el encuentro, se dio a conocer que los sectores de ingresos medios y bajos son los más afectados, y que la enfermedad daña a muchos más individuos en edad productiva de lo que se pensaba. En 1985, 30 millones sufrían el mal; 15 años después, ascendió a 150 millones.

 

Hoy, más de la mitad de los afectados tiene entre 20 y 60 años, y se estima que si la tasa de crecimiento se mantiene, para 2030 habrá 435 millones de enfermos.

 

La diabetes cobra cuatro millones de vidas al año, y es una de las principales causas de ceguera, disfunciones renales, infartos, apoplejías y amputaciones.

 

Las regiones con las tasas de prevalencia más altas son América del Norte, donde 10.25 de la población sufre la afección, seguida de Medio Oriente y el norte de África, con 9.3 por ciento. Las regiones con el mayor número (incidencia) de diabéticos son el Pacífico Occidental (77 millones) y el sudeste asiático (59 millones).

 

India es la nación con más enfermos, con 50.8 millones; seguida de China, con 43.2 millones; Estados Unidos, con 26.8 millones; Rusia, con 9.6; Brasil, con 7.6; Alemania, 7.5; Pakistán y Japón, con 7.1 millones cada uno; Indonesia, siete, y México, con 6.8 millones.

 

Según reportes de la Federación Mexicana de Diabetes, el grupo de edad con más muertes por este mal es el que se ubica entre los 40 y los 55 años. Se trata de la tercera causa de defunción después de las enfermedades del corazón y los tumores malignos; la edad promedio de fallecimiento es de 66 años, es la tercera causa de decesos en edad productiva y la segunda en edad post productiva.

 

En el país, dos de cada tres personas tienen sobrepeso u obesidad. Cada kilogramo de exceso de peso aumenta cinco por ciento la posibilidad de contraer la enfermedad, y en una persona con diabetes, la obesidad disminuye hasta ocho años la esperanza de vida. La prevalencia del sedentarismo en México es de entre 60 y 80 por ciento.

 

En la actualidad, los niños realizan 70 por ciento menos actividad física que hace 30 años; los infantes y adolescentes con sobrepeso tienen el mismo porcentaje de probabilidades de mantenerse obesos en edad adulta, informó la misma agrupación.

 

Tipos, factores de riesgo


La diabetes, explicó Loo Morales, se clasifica en Tipo 1, antes llamada juvenil; se caracteriza por la destrucción de las células Beta del páncreas, que genera una deficiencia absoluta de insulina; su proporción es de, aproximadamente, uno de cada 600 a mil niños o adolescentes mexicanos, y es autoinmune.

 

Eso significa, explicó la universitaria en su libro Educación y autocuidado de la persona diabética (en coautoría con Gloria Hernández Orozco), que “nuestros anticuerpos, los que normalmente se encargan de defendernos contra las infecciones, por alguna razón que aún se desconoce, se confunden y atacan a las propias células, productoras de insulina, y acaban destruyéndolas”.

 

También existe la diabetes gestacional, alteración metabólica manifestada por intolerancia a la glucosa con inicio o reconocimiento durante el embarazo. La mitad de las pacientes tienen la predisposición a ser diabéticas una vez concluido el mismo, si tienen estilos de vida y hábitos alimenticios no saludables.

 

En estos casos, el producto puede presentar problemas como obesidad, síndrome de resistencia a la insulina, hipoglucemia o malformaciones congénitas.

 

Pero la más importante por su incidencia y crecimiento es la diabetes mellitus Tipo 2 (DMT2), que da cuenta de más de 95 por ciento de los casos, según Alberto Lifshitz, catedrático de la Facultad de Medicina, en el texto del Seminario El ejercicio actual de la Medicina de la propia entidad universitaria.

 

En los tipos 1 y 2, se han encontrado indicios de que se trata de enfermedades con un componente genético importante. Así, las personas nacen con predisposición y depende de que se expongan o no a ciertos factores ambientales para que el mal se desarrolle. Hay un vínculo muy claro entre la DMT2 y la obesidad, que también muestra una tendencia hereditaria, explicó.

 

Entre los factores de riesgo para desarrollar la afección se encuentran el sobrepeso o la obesidad; familiares de primer grado con el mal; pertenencia a un grupo étnico de alta prevalencia; bajo peso al nacer; sedentarismo; exceso de alimentos energéticos, ricos en grasa o azúcar; antecedente de diabetes gestacional o de recién nacidos macrosómicos, entre otros, enumeró el experto.

 

Algunos de estos elementos, como el genético y el grupo étnico, no se pueden controlar, mencionó Irene Loo. Tampoco la edad, que va disminuyendo cada vez más, porque la DMT2 ya se presenta en niños y jóvenes.

 

Pero otros sí pueden cuidarse, como el peso, los hábitos alimenticios y la actividad física, que aunados a una buena educación e información pueden prevenir su manifestación y evitar que se presenten complicaciones crónicas, que tanto afectan y requieren, para su tratamiento, de recursos en los hospitales.

 

Síntomas y complicaciones

 

Según la Asociación Mexicana de Diabetes, los principales síntomas son apetito voraz (polifagia); exceso de orina (poliuria); levantarse durante la noche a orinar (nicturia); boca y piel secas; sed excesiva (polidipsia); cambios de visión y peso; glucosa en sangre mayor de 200 miligramos por decilitro en cualquier momento del día, y heridas que no cicatrizan con facilidad.

 

A pesar de estas “señales” o “avisos”, se trata de una enfermedad silenciosa, por lo que muchos de los afectados no han sido diagnosticados, expuso Loo Morales. En una persona puede existir prediabetes, cuando tiene la glucosa alta (mayor de 109 miligramos de glucosa en sangre en ayunas).

 

“Ahí es donde se debe actuar, ratificar con otros exámenes el diagnóstico y empezar con una buena asesoría nutricional para ingerir una dieta saludable, y un plan de ejercicios de 30 minutos diarios, entre otras acciones, porque si evoluciona la diabetes, no hay vuelta atrás”, señaló.

 

Si la afección está confirmada, el paso a seguir es prevenir las complicaciones agudas y crónicas. “Una diabetes descompensada o tratada inadecuadamente lesiona la integridad funcional y sistémica de quien la padece en el corto plazo”.

 

La universitaria señaló que entre las complicaciones agudas que se presentan intempestivamente por una descompensación están la hipoglucemia o disminución brusca del azúcar, con aparición de síntomas como temblor, nerviosismo, sudoración, angustia, taquicardia, hambre e irritabilidad, y deben tratarse con urgencia.

 

Una más es la cetoacidosis y estado hiperosmolar, debida a una deficiencia absoluta o relativa de insulina junto con el aumento del glucagón y hormonas, que conducen a la hiperglicemia con deshidratación e hipovolemia y cetosis, con acidosis metabólica que causa daño renal y neurológico.

 

La hiperglicemia, exceso de azúcar en sangre originada por cantidad considerable de comida, poca insulina y tensión, puede progresar a coma diabético.

 

Las crónicas, que ocurren después de haber tenido elevada la glucosa en sangre por períodos prolongados (años), van desde la retinopatía, o daño a los vasos sanguíneos de la retina que puede llevar a la pérdida de la visión; la neuropatía, o lesiones en los nervios, que se puede manifestar como falta de sensibilidad en extremidades (pueden terminar en gangrena; además, la diabetes es responsable de la mayor parte de las amputaciones no traumáticas).

 

La nefropatía, o pérdida progresiva de las funciones de los riñones; cardiopatía, que puede provocar un infarto, y “derrames” cerebrales por aterosclerosis asociadas a la hipercolesterolemias.

 

¿Existen soluciones?

 

Irene Loo opinó que uno de los principales problemas para enfrentar la diabetes es que no es vista como un grave problema de salud, debido a la prevalencia de un modelo médico que no previene, sino que cura, aunque en este caso no hay remedio, sino únicamente control.

 

Cuando se hace el diagnóstico, pueden ocurrir malinterpretaciones de las indicaciones médicas, la no aceptación del problema y dejar de lado el tratamiento, cuyos aspectos fundamentales son la dieta y control de peso, ejercicio, y uso de medicamentos: pastillas (hipoglucemiantes orales) o insulina, todo bajo la supervisión de especialistas, concluyó

 

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