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De no realizar acciones que contrarresten la situación, dijo, existe alrededor de un 20 ó 30 por ciento de probabilidad de consecuencias desastrosas como inundaciones, modificación en la circulación de los océanos, derretimiento de los glaciares o presencia de sequías.
Esta situación representa un riesgo para la humanidad y “sería irresponsable tomarlo, porque sólo tenemos este planeta para vivir”, destacó.
Por fortuna, la sociedad cuenta con alternativas para resolverlo, como la reducción del bióxido de carbono o el cambio en la forma en que se utiliza la energía. Al imponerle un costo a las emisiones, ejemplificó, su uso sería eficiente en el sector transporte, industrial o de vivienda.
De acuerdo con los expertos, se necesita aplicar alrededor de 10 ó 20 medidas de forma simultánea para obtener un verdadero arreglo; además, se podrían utilizar energías alternas. Incluso, se pueden seguir empleando combustibles fósiles, pero tendrían que ir diminuyendo, paulatinamente.
Mario Molina señaló que la inversión resultaría costosa si las emisiones se reducen a corto plazo; por esta razón, se necesitaría tiempo para el cambio a energías limpias.
Sin embargo, se debe considerar que si continúa el aumento de la temperatura promedio mundial, los riesgos aumentarían exponencialmente.
En conclusión, aseveró, se tiene la oportunidad de mejorar la calidad del aire y atacar de forma significativa el cambio climático, con lo que se ganarían varias décadas de transición para el uso de nuevas energías.







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