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Mostrará Carlos Franco la riqueza del cartel en la BH

Publicado por @Shinji_Harper el martes, 26 enero 2010
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Fortino TORRENTERA O.

 

Oaxaca. México.  Una importante muestra será presentada en La Biblioteca Henestrosa este sábado a las 19:00 horas. Se trata de la Exposición: Carteles de Carlos Franco.

 

Sobre este creador, comenta el escritor oaxaqueño Luis Manuel Amador: “Carlos Franco no solamente ha hecho diseño gráfico y editorial sino extraordinarios carteles para instituciones culturales (Gráfica sueca contemporánea, Brown/Clemene/Katz, MIDO 2004), de propaganda social, para actos políticos y mítines multitudinarios (basta ver Siempre en las grandes guerras, Cd. Juárez, Fiesta para la libertad).

 

Carlos Franco no solamente ha hecho diseño gráfico y editorial sino extraordinarios carteles para instituciones culturales.

Carlos Franco no solamente ha hecho diseño gráfico y editorial sino extraordinarios carteles para instituciones culturales.

 

En mi opinión, si tomamos las referencias mexicanas de la escuela de Vicente Rojo, lo observo más cerca de López Castro que de Recamier. Y más cerca, también, de los maestros de cartel europeos y eslavos (Karpellus, Kirchner, Xanti…) que de los americanos. Intuyo que no sólo ha difundido las presentaciones de libros y me consta que se ha desvelado en los acervos de las bibliotecas hurgando entre las páginas.

 

En estos tiempos de la pura intervención digital y cute and paste enseñados en escuelas donde a menudo nada se aprende, Franco se toma la molestia de dibujar a mano, de tomar fotografías y de buscar la frase detonante en obras de literatura.

 

Muchos de sus carteles tienen el sello de sus bosquejos (La mancha de sangre, El arte gráfico contra la guerra, Club de lectura del mono chupatinta, La canción de autor, concierto de piano y voz, Mujeres poetas…). Sabe combinar el arte de la fotografía con la composición tipográfica y conoce la tradición (Gabriel Orozco: polvo impreso, 15 aniversario del IAGO, Lourdes Grobet y espectacular de lucha libre) y composiciones que, a manera de instalación, logran el efecto preciso (No al McZócalo).

 

Hace tiempo escuché a Mario Bellatin decir que lo que el arte debe buscar, en el fondo y al final de todo, es que la obra perdure y no el artista ni su nombre, que sólo importa cuando se disuelve para dar lugar a su creación potenciada y viva. ¿Sabrá esto Carlos Franco y por eso casi nunca estampa su firma sobre los carteles?

 

El cartel que verdaderamente importa es el que se afianza en nuestra memoria por lo que nos deja de trepidación y golpe impreso. Si con Droctulft —el guerrero lombardo embelesado ante la ciudad de Ravena— Borges dejó un retrato extraordinario de la fascinación ante lo urbano, deberíamos domesticarnos en el espíritu para ver los carteles de la ciudad como lo que son: inscripciones para mirar con otros ojos.

 

En este instante hay alguien que sabe que nada es para siempre, que lo que de veras vale merece también ser preservado contra la barbarie, el deterioro, el olvido que es la muerte; observa las palabras y la fecha de lo que ya pasó sobre un cartel sin firma y lo acaricia mientras atenta, cuidadosamente, vigila alrededor. No hay nadie.

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