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Aprovecha tu día de cursilería, vístelo de rojo, de versos pegajosos, de clichés, porque ese amor sólo te alcanzará para 18 o treinta meses (¡!), por mucho. No es eterno, tiene caducidad.
Disculpa si te lo digo. ¿Recuerdas aquel roce que te hizo vibrar? No era más que la feniletilamina (¡ja!): invadió tu cerebro. Te enfermó. Sí, sé que desde entonces te pusiste en estado de enamoramiento o como diría Ortega y Gasset, de “imbecilidad transitoria”. Te sentías vigoroso, pudiente, excitado, triunfador. Lo siento, no tardará en desaparecer. Tu cuerpo es sabio, pronto creará defensas contra el “mal de amor” y sí, jamás volverás a sentirlo con tanta intensidad. Pensaste en relacionarte con ella, que valía la pena, pero sólo fue el efecto de la norepinefrina, de la endorfina y a la vez, de tus bajos niveles de serotonina.
Ese argumento tuyo de querer construir una historia inédita, duradera y segura más allá de aquel placer momentáneo, también es pasajero, simplemente es oxitocina y vasopresina, que ahora también abunda en ti. Y lo peor, son tan adictivas todas estas sustancias tuyas que cuando te percates de que nada es igual, sentirás obsesión, desesperación de aprehenderla, celos, insatisfacción, frustración, tal vez hasta odio.
Olvídalo, el amor no durará toda la vida. No será siempre lo mismo.
Nos mintieron. Pero claro, si es tu gusto, pasa por ella a las siete, llévala a cenar al Le Cirque, invítala a hacer fila en un motel y lleva preparados muchos chocolates que también tienen todas las –inas anteriores y más: serán la medicina ideal para cuando ya no estén juntos. Tal vez llegue el momento en que ambos prefieran disfrutar del chocolate amargo en lugar de acompañarse a vivir una historia de amor.
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Individuo Mar. 18 de ene., 2011.¿Y qué propones? ¿Odiar? |