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Hay que partir del hecho de que México es un país “muy desigual”, donde hay grandes extensiones de tierra que se dedican a la agricultura extensiva, frente a una buena parte de agricultores minifundistas que se encuentran “abandonados”.
El investigador refirió que 23 por ciento de la población nacional que vive del campo y es pequeño productor no tiene atención suficiente, y los subsidios fuertes y relevantes se dirigen a las zonas de riego con los grandes agricultores.
El problema de los apoyos es que forman parte de un plan de desarrollo en el que se otorgan recursos para que los cultivadores de grandes extensiones de tierra compitan en el ámbito internacional y creen un mercado para las transnacionales.
Esa medida deja fuera a la población rural indígena, considerada como productores “no rentables” para el modelo neoliberal y a quienes se les “administra la pobreza”, al darles algunos apoyos para mantenerlos “inermes”, sin afectar a los macro-proyectos, consistentes en traer la inversión extranjera.
Diego Quintana sostuvo que se requiere que los programas del tipo mejoren la productividad de los agricultores mexicanos, con el fin de que alcancen su autosuficiencia alimentaria. Si esto buscara Procampo el subsidio no se otorgaría por unidad de superficie, sino por tonelada producida.
La actividad agropecuaria ya no es una opción de vida para los campesinos mexicanos, porque lo que buscan es migrar o insertarse en una maquiladora, apuntó.Te podría interesar...








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