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Analiza la UNAM códice prehispánico encontrado en España

Publicado por @Shinji_Harper el Lunes, 15 Marzo 2010
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UNAM/Investigación

 

Oaxaca, México.- Si la conquista se hizo con las armas, la evangelización de la Nueva España se forjó con los cristos de caña. Pero no sólo eso: cuenta la leyenda, que dentro de esas imágenes, se mandaban a la metrópoli denuncias contra la primera Real Audiencia a cargo de Nuño de Guzmán. Incluso, se habla de cristos “recaderos”. Nunca han aparecido, pero sí se han encontrado, pocos, muy pocos códices dentro de ellos.

 

Es el caso del Crucificado del Capítulo de Santo Domingo de Guzmán, parroquia de Bornos, localidad perteneciente a la provincia de Cádiz, en Andalucía, España, donde se realizó el hallazgo de un códice mexicano, cuyo análisis está a cargo de los institutos Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), y de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM.

 

Pablo Amador Marrero, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas.

Pablo Amador Marrero, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas.

Esta colaboración, resultado de un convenio entre ambas instancias y la Junta de Andalucía, ya ha rendido sus primeros frutos, y es sólo el principio de una valiosa cooperación que representa la primera de muchas sorpresas que aún guardan los templos andaluces.

 

Pablo Amador Marrero, investigador del IIE, explicó que desde que se conoció la intención de la Junta de Andalucía por restaurar la pieza hubo contacto con la UNAM, a través del director del propio Instituto, Arturo Pascual Soto.

 

Nos recibieron con los brazos abiertos; nos estábamos buscando mutuamente, relató el experto en escultura y pintura novohispanas. “Hemos colaborado en todo lo que se nos ha pedido: análisis físicoquímicos a través del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte; estudios estilísticos e históricos, e incluso, llevando madera de colorín y caña de maíz preparada, que no existen en España, para reponer con los materiales originales una de las manos del Cristo”. Además, por supuesto, de la transcripción del códice.

 

Ahora, abundó, se está recuperando información y se prepara un libro sobre el crucificado que se publicará en el país ibérico. Asimismo, en mayo se presentarán los hallazgos conjuntos en aquella nación.

 

Érase una vez…

Transcurría el año 1553. El abad del monasterio jerónimo de Bornos, apacible población de arquitectura de inspiración mora y asentada al pie del alcázar del Fontanar, informó a sus hermanos la existencia de un Cristo, “traído de Indias”, en venta pública de mercancías en la ciudad de Jerez.

 

“Vayan a verlo; si les gusta, den por él una cantidad de arrobas de trigo”, les dijo. Efectivamente gustó y desde aquel año ocupó la sala del Capítulo o de reunión dentro del claustro del convento, donde permaneció hasta el siglo XIX cuando, debido a la exclaustración del edificio, fue trasladado a la parroquia bornense de Santo Domingo.

 

Los "cristos recaderos" de la época colonial. Foto del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

Los "cristos recaderos" de la época colonial. Foto del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

Se trata del tercer Cristo más antiguo de los documentados en todo el territorio novohispano, elaborado apenas unos años después de la caída de la Gran Tenochtitlan.

 

Los estudios efectuados por los expertos, expuso, demuestran que el crucificado es de papelón (especie de cartón hecho de papeles pegados) y caña de maíz. Es decir, es resultado de una técnica inventada en la Nueva España, donde confluyeron los saberes prehispánicos e hispánicos.

 

Con la caña del maíz, por ejemplo, los tarascos elaboraban las figuras de sus dioses; y con papelón y moldes se hacían las esculturas procesionales en España. El Crucificado de Bornos es una simbiosis de ambos métodos que dieron por resultado los “cristos ligeros”.

 

Figuras de gran formato como ésta, que llegan a medir hasta tres metros, pesan sólo de cinco a siete kilos. Fueron creados para el culto en procesiones como las de Semana Santa, y para ser transportados por una persona: el cura. Estéticamente, se adaptaban al gusto de la época; en este caso, con la plástica española tardogótica.

 

El Crucificado del Capítulo de Bornos es una imagen de gran calidad, cuyo origen no ha sido precisado, expuso Pablo Amador. Las crónicas de los frailes cuentan que los tarascos o purépechas fueron los creadores de las figuras de caña de maíz. Lo cierto es que la técnica fue aprovechada por los propios religiosos, sobre todo franciscanos, quienes la fusionaron con el método español. Así, dentro de los conventos, se comenzó a producir este arte tan necesario para la evangelización.

 

Lo que hoy se deduce es la existencia de dos escuelas de elaboración de figuras de caña: en Michoacán y en la ciudad de México; la primera, mucho más relacionada con lo prehispánico, y la segunda, con lo español.

 

Los cristos fueron piezas fundamentales que se distribuyeron por todo el territorio novohispano. Fue tanta la fama que alcanzaron éstas y otras piezas del mismo material, que fueron solicitadas en España. Hace unos años, se pensaba que existían en aquel país alrededor de 25; hoy se han catalogado 79, muchas de ellas “muy tempranas, de los primeros años de la Conquista”.

 

Amador sostuvo que lo interesante es la documentación de las piezas, que en México no se tiene por problemas civiles o pérdida, pero que en España se resguarda en cada cofradía. “Las imágenes de referencia, perfectamente datadas allá, nos ayudan a estudiar las que se conservan aquí, a crear sus ejes cronológicos y determinar su origen”.

 

El IAPH, uno de los institutos más importantes de restauración y conservación en España, y el IIE, desarrollaron todos los estudios al crucificado: radiología, endoscopía, análisis de muestras del papel, pigmentos y otros materiales, etcétera.

…y un códice

 

El Cristo del Capítulo de Bornos, de tamaño mayor al natural, está cubierto por un “paño” de pureza o pudor. En la lazada o moño del mismo, se descubrieron los fragmentos del códice mexicano durante la Semana Santa de 2009, relató el investigador de la UNAM.

 

El códice prehispánico que analizan investigadores de la UNAM. Foto: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

El códice prehispánico que analizan investigadores de la UNAM. Foto: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico

Como si fuera de papel maché, para su elaboración la escultura requirió gran cantidad de material, que en la Nueva España del siglo XVI, resultaba verdaderamente caro debido a que la Corona ejercía el dominio sobre los molinos papeleros para beneficiar a la Península.

 

Por eso, los artistas se vieron obligados a utilizar, ya desde entonces, papel reciclado, entre el que se encontraban códices prehispánicos y posteriores a la Conquista, integrados a las piezas como cualquier otro material, sin significación alguna.

 

A pesar de que el hallazgo muestra sólo fragmentos del documento, los expertos han determinado que se trata de un códice colonial muy temprano (de alrededor del año 1540), de tipo tributario.

Muestra los pagos en especie, como cacao o chiles, de una serie de personajes que llevan nombre.

 

Los estudios continúan para situarlo correctamente y todo apunta que el origen del sencillo documento pictográfico, a una sola tinta, es la ciudad de México o las proximidades de Texcoco.

 

Una vez estudiado y analizado, el códice ha vuelto a su posición original en el paño del Cristo; a él pertenece “y eso hay que respetarlo”, sentenció Amador Marrero.

 

Investigadores andaluces y universitarios han descubierto la importancia de analizar las piezas americanas que llegaron a España. “Hay nexos y documentos que nos ayudan a tener una nueva visión de la obra que se conserva en México.

 

“Queremos compartir experiencias; y la intervención al Crucificado del Capítulo de Bornos será un ejemplo de cómo conservar esculturas de caña. En México tenemos grandes profesionales, y en España hay muchas piezas mal intervenidas por el desconocimiento. Todo eso se incluirá en el libro próximo a publicarse”.

 

Los análisis, estudios tecnológicos y recuperación de piezas artísticas americanas en el país ibérico continuará con la participación de la UNAM, quizás, con una pieza única: un nazareno cuya cruz está hecha con cáscaras de escarabajo verde (que podría ser otra técnica prehispánica) y que fue llevado a Cádiz a finales del siglo XVII, finalizó Pablo Amador.

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