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Descuidado el teatro en México: Estela Leñero

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 7 mayo 2010
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Vidal Pineda VÁSQUEZ

Oaxaca, México.- Aunque son muchas las carencias del teatro mexicano, Estela Leñero, crítica de teatro, dijo que uno de los grandes problemas que atañen al teatro nacional es la falta de apoyos institucionales, la educación artística y los recortes presupuestales para la cultura, lo cual han  ocasionado que el teatro en México esté muy descuidado.

De visitan en Oaxaca para ver el estreno de su obra “Codex Romanoff”, que recientemente se presentó en esta ciudad bajo la dirección de la joven directora oaxaqueña Itandehui Méndez, Leñero dijo a este medio que la situación del teatro en México tiene dos caras: por un lado, la que siluetean los hacedores de teatro en México, ya que son muchos los que diariamente afloran por todo el país y han logrado conformar un grupo heterogéneo, de diferentes generaciones, formas, tipos, estilos y formas de hacer teatro.

Estela Leñero, en Oaxaca para  presencia el estreno de su obra “Codex Romanoff” en el teatro Macedonio Alcalá

Estela Leñero, en Oaxaca para presencia el estreno de su obra “Codex Romanoff” en el teatro Macedonio Alcalá

Por el otro lado  hay una segunda cara en el que se gesticulan situaciones que tienen que ver con las dificultades e indiferencias para apoyar el desarrollo de esta expresión artística. “Hay un desequilibrio entre toda la gente que está haciendo teatro en toda la República.  No hay los apoyos necesarios para poderlo desarrollar el teatro en México, esto me parece muy grave para el teatro mexicano, porque el mexicano  es el más descuidado que el teatro en general,  y creo que el teatro es un reflejo y una identificación mucho más inmediata y rica con el espectador, me parece grave este desinterés esta marginación”, expresó.

Leñero dijo que es mentira que lo que los políticos afirman cuándo dicen hacer reajustes presupuestales, ya que claramente se distingue el recorte económico que se le hace a lo destinado para las expresiones artísticas.

Se han eliminado –  expresó Leñero  – muchos programas de teatro, las muestras nacionales y festivales se han reducido, verdaderamente el teatro está muy descuidado, y no  sólo para los creadores, también para los espectadores pues se les niega la posibilidad de variedad y calidad que podrían tener.  Teatralmente se ha disminuido muchísimo porque no hay los espacios ni el presupuesto necesario para poderlo desarrollar.

La crítica lamentó que en las escuelas se haya eliminado la materia de Educación Artística, ya que aunque no se formaban creadores a través de esa clase, lo que se lograba era motivar a los niños a asistir a las presentaciones culturales. “Hay una dificultad social en cuanto al público, tenemos todos los medios a tope,  el video, la televisión, el internet, el teatro comercial que tiene una gran publicidad, el trabajo educativo también se ha descuidado mucho,  la educación artística desde la primaria y secundaria no existe y eso también ha afectado a la asistencia del público a los escenarios”, expresó.

Finalmente, y después de reconocer el trabajo realizado por los teatreros oaxaqueños, la también colaboradora del periódico “La Jornada”, mencionó que la función del teatro es alimentar el espíritu humano ante toda materialización de la vida. Y Siendo parte de una sociedad muy violenta y llena de injusticias denominó al  teatro como una manera de reivindicación de los humano.

“Creo que toda la situación del narcotráfico y esa sensación de injusticia que vivimos en el país provoca una ausencia de lo humanos,  una deshumanización, y el teatro puede lograr eso, hacernos más humanos, tocar nuestros sentimientos y cambiarnos, además de denunciar lo que vemos”, finalizó.

Estreno con tropiezos de  “Codex Romanoff” en Oaxaca

 

Antes, a pesar de haber sillas desocupadas, fueron muchas las personas que se quedaron afuera del Teatro Alcalá para ver, el miércoles pasdo, el estreno de la obra el “Codex Romanoff” de Estela Leñero, que en esta ciudad fue dirigida por la oaxaqueña Itandehui Méndez.

El motivo, según las personas que afuera estaban, fue que los boletos que se regalaron para dicho estreno se acabaron rápidamente y los vigilantes de la entrada del majestuoso teatro no permitieron el acceso a ninguna persona más.

Fue en punto de las 19:00 horas cuándo las luces del teatro se apagaron dejando en penumbra al numeroso público que abarcó la parte central de la sala y algunos palcos del primer nivel de este recinto de épocas del Porfiriato.

Mientras unos despistados apenas se acomodaban en sus lugares, el gran telón se abrió y una luz cenital cubrió a Fabiola Moreno, quién interpretaría al personaje principal de la obra. Acostada en el piso, y muy alejada del público, la actriz comenzó su actuación, misma que el público sentado en las primeras filas de la sala no pudo apreciar ya  ella estaba muy atrás del escenario.

Lentamente, un juego de luces que se encendían y apagaban dentro del oscuro escenario, permitieron que los demás actores se presentaran al público. Sólo el andar sobre la duela podía apreciarse mientras los sonidos incidentales rodeaban a los espectadores, quienes atentos esperaban el diálogo de la obra que Estela Leñero escribió.

Como susurros se escucharon las primeras líneas del guión, ya que la falta de volumen de las voces de los actores y los nulos micrófonos que en el escenario se colocaron dificultaban la apreciación de los diálogos.  Por cuestiones de acústica arquitectónica, los que estaban más cerca del escenario se esforzaban mucho para apreciar las conversaciones de la narración. Además, hubo ocasiones en que el sonido incidental de la obra opacaba aún más la voz de los protagonistas. Sólo Wajive Jiménez se distinguió durante toda la presentación,  su voz era potente y clara, a eso se le suma la gran actuación que ofreció. El resto del elenco, conformado por Guadalupe Villa, Ricardo Ramírez, Fabiola Moreno, Abraham Vázquez, Gustavo Martínez, Carina Pérez y Rosalba Caballero se desenvolvió muy bien frente al público, aunque, como ya se ha mencionado, carecieron de volumen vocal.

Aún así, y con el austero escenario, la obra gustó al público, la comedia provocaba que el público liberara carcajadas y mantuviera la atención en los actores. Cabe señalar que no faltaron los adultos que se quedaron dormidos y los niños que se retorcían en sus lugares.

Entre todo el público se encontraba Estela Leñero, quién al finalizar la función compartió sus opiniones respecto a la obra con este medio editorial, dijo que le gustó como Itandehui Hernández, directora de la obra, pudo desarrollar la narración caracterizada por la intriga.

“Sí, me gustó, creo que es una historia que se desarrolla a la manera de la historia del arte, donde están historias en las que se mezcla la intriga, todos estos momentos la directora la pudo abordar muy bien, volvió muy natural todos los cambios y creo que las intenciones de los actores me parecieron muy de acuerdo, cada uno estuvo en su papel, estoy muy contenta”, expresó.

También reconoció el trabajo del grupo teatral y recordó que cuñando escribió esta obra quería retomar una historia del siglo XIX, “quería hablar de la amistad, la amistad asociada con las hermanas filiales, eso me dio pie para hacer la obra, pero también las hermanas de una congregación religiosa. En realidad el conflicto y la historia de los personajes no se ven ligados directamente con la religión, sino que la búsqueda interior de estas dos monjas que en ese ambiente tratan  de encontrar su libertad interior. Más que revelarse, lo que quieren es su libertad interior”. Mencionó.

Cebe recordar que el “Codex Romanoff” retrata la historia de dos monjas del convento de Santa Catarina de siena en el siglo XIX, que buscan fervientemente el manuscrito de cocina escrito por Leonardo Da Vinci;   El Codex Romanoff, libro prohibido  por la iglesia porque invita a descubrir la vida secreta y sensual de una realidad que se filtra a través de la comida, por medio de platillos suculentos que alimentan el cuerpo y el espíritu.

En relación a la obra, la también crítica teatral dijo que muestra muy claramente lo que son las restricciones de todo lo que es el placer, creo –  dijo – que en un convento contrastado con el placer de la comida, de disfrutar los platillos, se puede hacer una analogía con el placer sexual, carnal, de los sentidos; cosas que están muy censurados en la práctica religiosa. La práctica religiosa ha convertido todo lo que es el placer en un castigo y yo quería reflejar ese contraste.

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