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Medios de comunicación son penetrados por el crimen organizado

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 20 mayo 2010
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UAM/Investigación

Oaxaca, México.- La penetración del crimen organizado en los medios de comunicación vulnera la libertad de expresión, el periodismo crítico y la libre circulación de la información, declaró, Raúl Navarro Benítez, profesor del Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM

 

Durante la presentación del número 159 de la revista El Cotidiano –realizada en la Casa Rafael Galván, centro de extensión educativa y cultural de esta Institución– el investigador apuntó que los recursos ilícitos son fundamentales para la supervivencia de los medios, que legitiman un discurso del miedo con el que publicita que el gobierno de Felipe Calderón perderá la guerra contra el narcotráfico.


 

El crimen organizado atenta contra la libertad de expresión

El crimen organizado atenta contra la libertad de expresión

Además señaló que los medios de comunicación son el segundo frente en el que se desarrolla la guerra contra el crimen organizado, al grado que hay periodistas infiltrados que definen la agenda noticiosa.

 

El fenómeno de la colombianización de México se está dando a pasos agigantados en este cuarto año de gobierno de Felipe Calderón, quien declaró la guerra contra el narcotráfico que ha cobrado casi 22 mil muertes, resaltó.


 
El profesor de la Unidad Xochimilco indicó que la percepción ciudadana es que el gobierno está perdiendo esta batalla, de acuerdo con sondeos de organizaciones no gubernamentales.

Los medios de comunicación –particularmente la televisión– son el espacio donde se construyen y modifican las percepciones sociales, ya que las imágenes difundidas aterran a la población y posibilitan la toma de decisiones políticas.


 
En un monitoreo realizado por la organización Ciudadanos en Medios, Democracia e Información A.C. a tres noticieros de Televisa, Televisión Azteca y Canal 11, resultó que en cuatro de cada diez notas aparecen armas de fuego, y la cuarta parte de ellas está relacionada con el crimen organizado, en la que se da cuenta de detenciones, asesinatos y ajusticiamientos.


 
En este escenario los medios no sólo juegan en favor de las organizaciones delictivas, sino que la información se sustenta en montajes mediáticos para resaltar la efectividad y el poder del gobierno en el combate al crimen organizado, como fue la muerte del narcotraficante Arturo Beltrán Leyva, en Cuernavaca, Morelos, exhibida de manera grotesca.


 
Navarro Benítez aseguró que el gobierno genera un clima de miedo a partir de un “reguero de sangre”, aplicando una táctica de guerra de propaganda propia de España y de Estados Unidos, aunque esta práctica se aplica de manera selectiva a ciertos grupos sociales independientes, como el caso de Atenco y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, en donde se criminalizó la protesta social.


 
El especialista en medios de comunicación planteó que los líderes de opinión legitiman el discurso del miedo, y a la par ocultan la violencia y represión del gobierno. Esta situación de linchamiento mediático está vinculada con poderosos grupos conservadores de Estados Unidos y de México.


 
Estos elementos fueron utilizados para crear y propagar el voto del miedo en las elecciones presidenciales de 2006 con el objetivo de derrotar a Andrés Manuel López Obrador; pero que también fue empleado en la elección presidencial en la que resultó ganador Ernesto Zedillo Ponce de León; en esa ocasión el recurso utilizado fue el peligro que representaba el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).


 
El doctor Raúl Villamil Uriarte, profesor del Departamento de Educación y Comunicación de la Unidad Xochimilco y coordinador del número 159 de la revista El Cotidiano, comentó que la publicación abordó por primera vez el tema de la violencia en 2002; ahora en 2010 analiza la generación del miedo, que se ha convertido en un problema central de la actividad política.


 
La producción del miedo que se emplea en México, muy similar a la utilizada por las pasadas dictaduras latinoamericanas, es una de las prácticas de control social más difundidas, pues desarticula la organización y destruye el vínculo social, aseveró el investigador.
 
También es un indicador del Estado Fallido en que nos hemos convertido, cuyos hitos son el magnicidio de Luis Donaldo Colosio, la criminalización del EZLN y la violencia desatada en la administración calderonista, concluyó.

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