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La Cordillera Norte, venero de Oaxaca en buenas manos

Publicado por @Shinji_Harper el martes, 1 junio 2010
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Fortino TORRENTERA O./I de III partes

 

Oaxaca. México. La ciudad de Oaxaca se quedó sin agua. Ya sucedió, fue la última alerta que dio paso el 30 de diciembre de 1937 a la declaratoria del Parque Nacional “Benito Juárez”. Los pueblos que integran la Cordillera Norte lo aprendieron y desde entonces lo cuidan con celo.

 

Su ubicación estratégica en medio de los Valles Centrales, revela parte del génesis de sus pueblos, aunque muchos oaxaqueños la miran tan distante, siendo esta cordillera el venero de la capital.

 

 

Un verdadero oasis en medio de la vorágine urbana y suburbana de esta región.

Un verdadero oasis en medio de la vorágine urbana y suburbana de esta región.

Los pueblos aprendieron solos, cómo solos escriben esta nueva historia en la conservación de sus bosques; pueblos que sacrificaron su “progreso” por mantener vivo el más importante pulmón del valle, un verdadero oasis en medio de la vorágine urbana y suburbana de esta región.

 

Persiste  ese esfuerzo folclórico conque se ha escrito una buena parte de nuestra historia y en la alegórica acuarela que algunos han hecho de la ciudad, dan solo un pincelazo a la Cordillera que malamente la circunscriben al emblemático Cerro de San Felipe, que ni es cerro sino montaña y no es de San Felipe, sino de San Pablo Etla.

 

Antes de la llegada de la electricidad ese confinamiento natural fue la hielera de la ciudad, pues en pozas se congelaba agua pura que hoy sigue vertiendo y que en aquel entonces era el hielo que se surtía a “la capital de las nieves”.

 

La Cordillera Norte es mucho más, es nuestra historia, viva como el recuerdo del paso de Doña Margarita Eustaquia Maza de Juárez que llevaba de la Sierra a Etla la ropa que confeccionaba para el Benemérito de las Américas mientras realizaba la travesía por el país en su carruaje.

 

Desde Etla hasta Ixtepeji, ahí en “Corral de piedras”, el punto más alto desde donde esta cordillera dialoga con otros colosos. Desde ahí se llega a divisar la cima de San José del Pacífico o el “Pico de Orizaba”. Es otro mundo, afortunadamente cada vez más inhóspito, donde aún habitan venados, jabalíes, hasta pumas y ahora sus vigías festejan el hallazgo de huellas que anuncian el regreso del caballo salvaje.

 

Hay gusto por la posible reaparición de esa especie que se pensaba extinta como su vegetación original, la Selva Baja Caducifolia, la cual casi ha desaparecido para dar paso a un hábitat con tres tipos de vegetación, donde la mayoría de las plantas son deciduas, teniendo entre sus árboles más comunes a la Leucaena esculenta, conocida como guaje, mismo vocablo de la toponimia de Huaxyacac.

 

Es desde este punto, donde Oaxaca nos recuerda el gran tesoro biodiverso del que somos herederos y desde donde los pueblos de la cordillera han logrado organizarse en un modelo sustentable de conservación de sus bosques, pero también de respetuoso trato, aún con algunas diferencias por la tierra.

 

 

Los pueblos de la Cordillera Norte aprendieron a cuidarla con celo.

Los pueblos de la Cordillera Norte aprendieron a cuidarla con celo.

Frente a las amenazas del divisionismo comunitario por intereses políticos hasta las furtivas invasiones de curiosos en esa zona restringida, las autoridades comunales y ejidales nos enseñan su amor por el bosque.

 

Una cordillera que sexenio tras sexenio sólo es motivo de promesas, no fue abandonada por sus dueños, aún contra adversas experiencias, las comunidades que integran la Unión de Comunidades y Ejidos Forestales de las Cordilleras de los Valles Centrales. 

 

Esa constante demagogia, ha derivado en un ejemplar modelo de conservación que integra nuevas tecnologías, emplea otras en desuso, adapta y crean las suyas propias.

 

Hay que decirlo, esporádica es la presencia del gobierno estatal; el bosque no da imagen de “relumbrón” a pesar de las urgentes necesidades que tiene, no sólo por su sobrevivencia, sino por las serias consecuencias que puede tener para esta ciudad.

 

Basta decir que realizando pequeñas obras en esa área, podría aprovecharse el agua y garantizar el mismo suministro que se planean con las millonarias obras de construcción de presas y peor aún, la onerosa conducción del agua a esta capital.

 

El esfuerzo y la iniciativa de los pueblos de esa cordillera, mejor ha tenido eco en instancias federales, como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) que si bien esa es su labor, han establecido una sana y respetuosa intervención.

 

Pero es de destacarse el apoyo de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), especialmente al escuchar las ideas de los pueblos que ha llevado a desarrollar pequeños pero muy importantes proyectos en esa zona.

 

Dentro de ese esquema, se han resuelto desarrollar proyectos que van del turismo de naturaleza que sufrague el alto costo de conservación del bosque, hasta programas de educación que garanticen el cuidado de esta área vital para los oaxaqueños.

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