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Alfaro Siqueiros un artista de alegorías: Fulton

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 3 junio 2010
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Artemisa MENDIZÁBAL

Oaxaca, México.- El investigador estadounidense de las universidades de Louisville y Columbia, Christopher Fulton, señaló David Alfaro Siqueiros fue en buena medida un artista de alegorías y dio como ejemplo el caso de la pintura Mujer moliendo que es una alegoría del trabajo en el concepto marxista; Eco del llanto, una alegoría de la pobreza; Los gigantes, una alegoría de los movimientos y eventos trascendentes de la historia; pero además, hubo otras definidas más estrechamente con personificaciones y figuras simbólicas.

 

Christopher Fulton en la conferencia sobre David Alfaro Siqueiros

Christopher Fulton en la conferencia sobre David Alfaro Siqueiros

En la última de cuatro conferencias que conformaron el ciclo David Alfaro Siqueiros y su mundo visionario, auspiciado por Conaculta y el INBA, a través del Centro Nacional de Información, Documentación e Investigación de las Artes Plásticas (Cenidiap), el especialista apuntó que el pintor echó mano del tren de tropa, un icono de la Revolución Mexicana, presente en la literatura, el cine, la música y el arte en general; pero en su caso, su significado alegórico se deduce de las relaciones formales del color y de la forma, tal como un poema es construido de vocablos contrastantes.

    

Agregó que Siqueiros utiliza una estrategia diferente en la alegoría Nacimiento del fascismo, en la que se expresa a través del lenguaje periodístico, algo parecido al de los cartones políticos que dibujó para las páginas de El Machete durante la década de 1920 y el estilo que se utilizó diez años después, caracterizado por ciertos elementos de humor y de exageración, en el cual los símbolos aluden a personalidades específicas y eventos del momento.

    

En opinión de Fulton, es verdaderamente notable cuantas formas de expresión utilizó Siqueiros en su obra, en sus alegorías. Aludió a Caín en los Estados Unidos, donde critica el linchamiento de los negros en ese país, a través de una sátira expresada por medio de imágenes grotescas.

    

Observó que en ese caso particular, existe el riesgo de equivocarse y tratar esa pintura como una fantasía surrealista. Sin embargo, aclaró que quien también fuera conocido como El Coronelazo,  no tenía interés en el surrealismo. Se opuso fuertemente a sus metas y procedimientos, pues mientras los surrealistas se complacían en la subjetividad y lo  incierto, él quiso hacer argumentos objetivos acerca del mundo.

    

El doctor en historia del arte afirmó que las metáforas de Siqueiros eran deliberadas y con propósito; dieron forma a las experiencias humanas y a las fuerzas sociales; revelaron verdades objetivas acerca del mundo.

    

En este contexto, resaltó que Siqueiros estaba obsesionado con la creencia de que los recursos naturales de México deberían beneficiar a la población del propio país y no ser entregada a los extranjeros, tema que abordó directamente en varias de sus alegorías.

    

Al exponer su tesis acerca del trabajo paisajístico del pintor, expresó que éstos fueron desarrollados desde la perspectiva de un muralista. A su juicio, parten de una mente creativa a la cual le atraen los fenómenos de grandes escalas, espacios amplios, atrevidas orquestaciones de formas y referencias simbólicas que son características del muralismo.

    

Siqueiros un pintor de alegorías: Fulton

Siqueiros un pintor de alegorías: Fulton

En este punto, comentó que la pintura denominada El esteta no es otra cosa que una crítica al paisaje, una sátira a la pintura de caballete de los artistas burgueses que muestran una ceguera permanente frente a la realidad; en tanto que el paisaje en manos de Siqueiros, siempre contiene algún significado de relevancia social, no lo concibe como un género abstracto alejado de los asuntos humanos.

    

Fulton refirió que durante su estancia de un año en Nueva York (1936), Siqueiros pintó varios paisajes de guerra, desastre y destrucción, que podrían calificarse de apocalípticos, entre los que destacó por la fuerza de sus imágenes Cosmos y desastre, pieza recientemente adquirida por la Galería Tate de Londres.

    

Más adelante, hizo notar que uno de los temas más relevantes en la obra de Siqueiros fue la recuperación de la experiencia subjetiva. Indicó que la obra de Siqueiros se vio fuertemente afectada por su participación en la Guerra Civil Española, ya que su experiencia en combate y su papel al mando de tropas, le confirieron  un sentimiento más profundo ante la escala de eventos y un conocimiento más sutil del movimiento de las fuerzas a través del espacio.

    

Recordó que en una carta dirigida a su esposa, Angélica Arenal, Siqueiros descubrió cuanto había cambiado su apreciación por las cosas, “habló de un nuevo sentido de escala y proporción en el espacio y en el tiempo, y de obtener una memoria aterrorizante y objetiva. Esta sensibilidad se refleja en las pinturas que hizo a su regreso de España, entre las que figura el paisaje Los gigantes que hoy día está en Filadelfia.

    

Christopher Fulton se refirió también a las obras tardías de Siqueiros, en las que advierte otro  gran cambio en su carrera. Este  periodo comenzó con su encarcelamiento de cuatro años (1961-1964)  en Lecumberri, donde las condiciones restrictivas de vida, generaron cambios en su sicología y aún de carácter físico, mismos que tuvieron un efecto transformador en su estilo.

    

De acuerdo con el historiador, el arte de Siqueiros se torno cada vez más visionario, alucinaba pinturas en movimiento sobre el muro de su celda. “Pintó desde su visión interna y adoptó toda clase de materiales para hacerlo; una serie de dibujos fueron realizados con pintura para zapatos, pero lo más extraño  es que a pesar de no ver más que las paredes de la prisión, pintara tantos paisajes”.

    

Aquí vemos una cierta soltura en su técnica y espontaneidad en su trabajo con la brocha. Hizo cientos y cientos de acuarelas, dibujos y acrílicos en la cárcel y poseen una cualidad de improvisación. Algunas fueron reproducidas en grabados, otras utilizadas como estudios para el Polifórum Siqueiros, muchas otras fueron vendidas en el mercado, especialmente a coleccionistas estadounidenses.

    

Aseguró que mientras estuvo en prisión, Siqueiros volvió a los temas que no le interesaron antes. Por ejemplo, hizo varias pinturas sobre el sufrimiento de Cristo, en las que tal vez refleja su propio tormento en el encierro, pero también son imágenes profundamente apasionadas.

 

Fulton refirió que la extensión monumental de estos sentimientos de cárcel, dieron pie último mural del maestro como preparación para los tres proyectos que hizo para el Polifórum. Siqueiros: una pared autoestable con grandes retratos de cinco artistas revolucionarios; 12 paneles en el exterior del edificio y un gran mural titulado La marcha de la humanidad, dentro del auditorio conocido como La capilla de Siqueiros.

 

Rememoró que muy poco después de  que la estructura fuera inaugurada, se convirtió en un punto de controversia, pues muchos de los camaradas de Siqueiros cuestionaron su asociación con Manuel Suárez, su benefactor rico y conservador, y por esa razón fue expulsado del Partido Comunista Mexicano. En opinión de un gran número de ellos,  la obra fue solamente “el monumento a la megalomanía del mecenas y su artista”.

    

Para concluir, Christopher Fulton señalo que sin duda el Polifórum es una maravilla, pero para él la pregunta permanece ¿es un rasgo asombroso de arte o lleva algún mensaje universal sobre la condición humana y sus aspiraciones trascendentales?

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