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El “joven de Chan Hol” podría explicar el origen del hombre americano

Publicado por @Shinji_Harper el Miércoles, 1 septiembre 2010
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UNAM/Investigación

Oaxaca, México.- Los fragmentos óseos del llamado Joven de Chan Hol, descubiertos en 2006 en el interior de una cueva sumergida de Quintana Roo, pero colectados hace unos días para ser llevados a la UNAM, podrían dar un nuevo rumbo a las teorías sobre el origen del hombre en América, explicó Alejandro Terrazas Mata, encargado del Laboratorio de Estudios de Prehistoria y Evolución Humana del Instituto de Investigaciones Antropológicas.

Alejandro Terrazas

Alejandro Terrazas

“Estos huesos tienen el potencial de dar otra explicación al surgimiento del hombre americano. Primero, porque fueron hallados en una región donde nunca se habían encontrado restos humanos. Segundo, porque tienen una morfología diferente a todo lo que se había visto en el continente. Con esto no se busca rebatir ideas, sino enriquecer la discusión. Quienes hemos estado en contacto con la osamenta pensamos que cambiará la dirección del debate y dará pie a hipótesis de mayor riqueza y complejidad”, señaló.

El esqueleto fue hallado por accidente, cuando un par de buzos alemanes se adentraron en las cuevas sumergidas de Chan Hol y, en el fondo arenoso del sitio, observaron fragmentos óseos.

“Llevamos nueve años de trabajo en las cuevas sumergidas de la costa oriental de Quintana Roo (en un proyecto conjunto entre UNAM, INAH, el Museo del Desierto de Coahuila y el Instituto de la Prehistoria de América), y hasta el momento, hemos descubierto cuatro esqueletos, uno excepcionalmente bien preservado, el de la Mujer de Las Palmas, aunque el más reciente es éste, el del Joven de Chan Hol”, expuso Terrazas.

Estos vestigios óseos son de especial importancia porque es la primera vez que se registra la presencia de este grupo humano en la zona tropical de México, agregó el doctor en Ciencias Antropológicas por la Universidad Nacional.

Un hallazgo que replantea todo lo que hasta ahora sabíamos

Si regresáramos 10 mil años en el pasado, al Pleistoceno, veríamos que en el continente americano los grupos humanos respondían a dos grandes patrones biológicos.

El primero era el de los paleoamericanos (al que pertenecen los restos más antiguos hallados hasta ahora); se trataba de seres con cráneos alargados y caras verticales y angostas, como el hombre de Kennewick, de Estados Unidos, o el fósil brasileño bautizado como Lucía. El segundo era el amerindio, que exhibía cráneos redondeados y caras cuadradas, sumamente parecidas a las de los indígenas actuales.

“Sin embargo, lo hallado en Quintana Roo no se ajusta a ninguna de estas pautas; más bien tiene características intermedias. Al comparar el cráneo mejor conservado de nuestra colección, el de la Mujer de Las Palmas, con calaveras de todo el mundo (tanto pleistocénicas como modernas), vemos que no se parece ni a las paleomericanas ni a las amerindias, sino a un grupo de fósiles de 10 mil años de antigüedad del sureste de Asia”, expuso Terrazas.

Para el universitario, este hecho pone en tela de juicio todo lo que se ha dicho hasta ahora sobre el origen del hombre americano, porque quienes intentan resolver esta incógnita generalmente se agrupan en dos bandos.

El primero es el de los antropólogos físicos, que dicen que hubo dos migraciones humanas de importancia, una proveniente del sur de Asia, que dio origen a los paleoamericanos, y otra de gente mongoloide de China, de la que descienden los amerindios.

unamoseosEl segundo está conformado por genetistas que aseguran que sólo hubo una gran migración hace 16 mil años y que toda la variedad que presenta la población americana, repartida desde Alaska hasta Cabo de Hornos, no es otra cosa que producto de una macroevolución local, es decir, cada grupo desarrolló características diferentes para adaptarse mejor a su medio.

“Con estos razonamientos, podríamos pensar que la gente de Chan Hol o bien es heredera de los pobladores del sureste asiático o que, como los dos grupos vivían en entornos muy similares, aunque a miles de kilómetros y a un mar de distancia, la selección natural hizo que ambos desarrollaran cráneos muy semejantes”, indicó Terrazas.

Sin embargo, añadió el investigador, “nosotros no tomamos partido por ninguna de estas dos opciones, ya que las nuevas variables que introducen los fósiles hallados hacen evidente que se trata de un proceso mucho más complejo que estamos lejos de entender”.

Un joven no tan joven

La prensa e incluso la comunidad científica han dado en llamar a este fósil el Joven de Chan Hol; “pero en realidad, parece que no era tan joven”, expuso Terrazas.

Este nombre se lo dio el biólogo y arqueólogo Arturo González, director del Museo del Desierto de Saltillo y coordinador de estas investigaciones, quien al revisar la dentadura, se percató que el esmalte de sus dientes estaba poco desgastado, algo raro en cazadores recolectores, por lo que se pensó que se trataba de un individuo de aproximadamente 16 años.

“Sin embargo, cuando sacamos el resto del esqueleto, vimos que presentaba marcas de edad de alguien mayor; probablemente estemos hablando de un individuo de más de 25 años, lo que es mucho si consideramos que en esa época la gente vivía a lo sumo 40 años”.

No obstante, Terrazas señaló que sólo hasta que se realicen estudios con los huesos (lo que ahora es imposible por su extrema fragilidad) se podrá saber la edad aproximada a la que murió este individuo.

“Lo que sí podemos decir es que tiene más de 10 mil años, pues aunque aún no realizamos pruebas de carbono 14, su cráneo es similar al de los de hombres asiáticos del Pleistoceno. Además, está el hecho de que su cuerpo fue depositado en una cueva que en esa época geológica se encontraba seca, y como evidencia de esto tenemos el hecho de que en su interior se hallaron huellas de fogones y restos de megaterios, caballos americanos y elefantes enanos, fauna típica de ese periodo”.

Un lento proceso de consolidación

El Joven de Chan Hol será sometido a estudios morfoscópicos, tomografías y dataciones con carbono 14, pero dentro de algunos meses, “porque en este momento los restos son tan frágiles que, de tocarlos, se nos desharían en las manos”, explicó Alejandro Terrazas.

Por esta razón, en el Laboratorio de Estudios de Prehistoria y Evolución Humana, se lleva a cabo un cuidadoso procedimiento que consiste en conservar los huesos en agua destilada (que elimina sales y minerales destructivos) para después, gradualmente, agregar alcohol, que ayuda a secar los fragmentos, pero a una velocidad controlada. Finalmente, cuando éstos no tengan nada de líquido, serán endurecidos con un consolidante.

“Todo este proceso llevará de seis a ocho meses, pero nos ayudará a manipular el material; aunque deberemos hacerlo con todo cuidado, pues pese a los pasos antes descritos, al final los restos tendrán la resistencia del papel maché”, expuso.

Hasta ahora el trabajo ha sido enriquecedor, pero Terrazas sabe que lo que viene lo será aún más, porque “tenemos reportes de buzos profesionales de que aún quedan muchos más fósiles, lo que nos abre la posibilidad de realizar investigaciones durante muchos años. Esto es apenas el principio. Estamos seguros de que encontraremos más restos que nos permitirán entender mejor el origen del hombre en América… así que esto apenas comienza”.

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