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Muchos mexicanos sin motivos para celebrar: Guadalupe Loaeza

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 15 septiembre 2010
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Oaxaca, México.- Durante la ceremonia conmemorativa del Bicentenario de Independencia del Gobierno del Distrito Federal, la escritora Guadalupe Loaeza lamentó que muchos mexicanos no tengan motivo de celebración, pues cada día se encuentran en peores condiciones, acaso por el mal gobierno a nivel nacional que, por lo mismo, piden que pronto acabe.

Discurso íntegro:

guadalupeloaeza5Ciudadano, señor Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard; ciudadana presidenta de la Comisión del Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal; ciudadano presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México; ciudadano Enrique Márquez coordinador del Bicentenario de la Independencia de México.

Mexicanas y mexicanos: como enviada especial de la patria vengo a decirles que como nunca ahora su superficie ya no es el maíz ni que sus minas ya no son el palacio del Rey de Oros. Y que en su cielo en lugar de verse las garzas, deslizándose en relámpago fulminantes, tampoco vemos asomar a las niñas por la reja con la blusa corrida hasta la oreja y la falda bajada hasta el huesito.

Ahora, por desgracia, su país ya no tiene el aroma del estreno y ya no les gusta que sea siempre igual, fiel a su espejo diario.

Mexicanas y mexicanos: hoy 15 de septiembre de 2010, como enviada especial de la patria, vengo a decirles que su dolencia es añejísima y que las páginas de su historia después de 200 años, son tristes dictadas por el hastío, sus horas pasan cual viajeras mientras con miedo medita sus inclemencias del invierno frío.

Pobrecita de la patria porque ya no sabe si está triste por el alma de sus más de 28 mil fieles recientemente difuntos o porque el Niño Dios, el mismo que un día le escrituró un establo, no le dijo que los veneros del petróleo mexicano habían sido escriturados al diablo.

Pobrecita de la patria, porque ahora sobre su capital cada hora vuela ojerosa y despintada mientras escucha las campanadas de la Catedral que caen como centavos devaluados.

Ahora, su motilado territorio se viste de luto y de oropel. Por su casa que es tan grande, pasa un tren por la vía, llamado monstruo, que va para tierras del norte y cuyos techos están plagados con millones de sus hijos expulsados, quien lo diría, por ella misma, la patria.

Pobrecita porque ya no sabe por qué llorar. Será tal vez por el pesar que esconde o tal vez por su infinita sed de que la vuelvan a amar

De ahí que sus ojos tristes, de mirar incierto, recuerda dos lámparas prendidas en la penumbra de un altar desierto. Sus ojos están secos y sufre unas inmensas ganas de llorar, por todos los municipios de algunos estados de la República, en donde no habrá ‘grito’ debido a la inseguridad e inundaciones.

Sufre la patria unas inmensas ganas de llorar al no ver ninguna banderita mexicana en los coches y no sentir por parte del pueblo el fervor patrio. Sufre al saber que se gastaran más de dos millones de pesos en unas celebraciones, sin contar lo que costará la transmisión para todas esas cojas idiotas del mundo.

Mexicanas y mexicanos: como enviada especial de la patrias vengo a decirles que ella oye sus quejas crujir como esqueletos en parejas, que oye lo que se fue, pero que mas oye pasar los negros ataúdes de la fe y esperanza entre tiros de la policía, lo que alguna vez fuera una suave patria no cual mito sino por su verdad de pan bendito. Pero en la actualidad nadie cree en ella, incluso muchos prefieren ya no considerarla como su tierra natal.

Cuando en el extranjero hablan mi patria me da pena ajena, afirman desvergonzados, lo mismo que solían arroparse en su respiración azul de incienso y en sus carnosos labios de rompope. Oh, que gratas eran las horas de los tiempos lejanos en que quiso la infancia regalarnos un cuento. Al presente, los cuentos que nos cuentan a diario tienen que ver con la virulencia y con la pólvora. A la patria no le gusta que sus hijas y sus hijos vivan furiosamente a empellones y a rienda suelta, sumidos en la corrupción, y lo que es lo peor aún, en la impunidad e irresponsabilidad.

También sufre la patria de verlos vivir entre tanta desigualdad, tanta discrepancia y tanta disconformidad. Como la Sota Mosa, pobrecita de la patria, ya ni en piso de metal viven al día de milagros, como la lotería, más de la mitad de sus hijos quienes temen por cierto sentirse ajenos a todas estas festividades.

Mexicanas y mexicanos: como envida especial de la patria vengo a decirles que hoy se ha roto el encanto, que la ilusión de trinos musicales se fue para otros climas y por decirlo de alguna manera no pacíficamente.

Hoy 15 de septiembre, día de su aniversario, muchos de sus hijos aseguran que no hay nada que celebrar, más que por la suya ¿no será por culpa del mal gobierno? Sostienen que están mucho peor que antes y que por ello en unas horas quieren gritar desde el fondo de su corazón ‘¡Muera el mal Gobierno!’. El mismo ‘grito’ que el padre Hidalgo, a las seis de la madrugada, hace exactamente dos siglos dio.

Por cierto, y dicho sea de paso también, el Padre de la Patria jamás se le hubiera ocurrido grabar un mensaje pidiéndole a los insurgentes que mejor se quedaran en su casa y que desde ahí escucharan el Grito de la Independencia. No se olviden que dos años antes, también un 15 de septiembre, pero de 1808, ya se había dado una rebelión de españoles encabezado por Gabriel de Yermo en contra del virrey Iturrigaray, a quien apresaron y acusaron de intentar sublevarse contra la corona española.

No se olviden que entre los personajes que fueron capturados estuvo Primo de Verdad, promotor de la idea de que la soberanía reside especialmente en el pueblo. Por defender su verdad, Primo de Verdad fue encerrado en las celdas del Arzobispado de México donde amaneció ahorcado el 4 de octubre del mismo año. Algunos especulan que fue envenenado.

Entonces no existía el concepto de nación, aunque ya habían empezado a luchar por ella no había nacido la patria para los mexicanos. Aún no se gritaba ‘¡Mueran los gachupines!’ ‘¡Viva la Virgen de Guadalupe!’ ni ‘¡Viva México!’

Sé que muchos de ustedes deben de oír en tan solo unas horas otro tipo de gritos, gritos de angustia, de dolor y de frustración. Otros temerán, tal vez, que desde el balcón el Palacio se escuchen gritos tan insólitos y extravagantes como, por ejemplo: ¡Viva Televisa!, ¡Viva Sandoval Íñiguez!, ¡Viva la DEA! o ¡Viva el PAN!, que no el pan bendito del pueblo, que no puede sustituir ningún circo dirigido por un extranjero.

No faltan a la verdad. Su patria lo sabe. Pero también sabe que ustedes sus hijos la han engañado, la han saqueado, la han explotado, y lo que es peor aún, no la han amado. Por eso la convirtieron en una patria espeluznante.

Pobrecita de la patria, porque qué lejos están de recordarle lo que solía recitarle su amadísimo hijo zacatecano Ramón López Velarde: ‘Suave Patria, permite que te envuelva en la más honda música de selva, con que modelaste por entero al golpe cadencioso de las hachas, entre risas y gritos de muchachas y pájaros de oficio carpintero’.

Muchas gracias.

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