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A 25 años del terremoto, el DF sigue siendo vulnerable

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 19 septiembre 2010
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UNAM/Investigación

Oaxaca, México..- A 25 años del sismo que azotó a la Ciudad de México, algunas edificaciones aún son vulnerables y podrían sufrir graves daños, porque no cumplen con los requisitos establecidos en las normas de seguridad estructural del Reglamento de Construcciones para la urbe, aseguró Roberto Meli Piralla, investigador emérito del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM.

Esa disposición es muy completa y está actualizada con base en los conocimientos más avanzados a nivel internacional, pero no cuenta con un sistema eficaz de acatamiento. Esto se debe principalmente, por la falta de personal calificado en las oficinas encargadas del control de edificaciones, señaló.

terremoto85La catástrofe que ocurrió la mañana del 19 de septiembre de 1985, provocó daños importantes en un número considerable de edificios de la capital, sobre todo en aquellos cuya altura era de cinco a 15 pisos, y que se ubicaban sobre el suelo blando, lecho de los antiguos lagos que cubrían una parte importante de la actual zona metropolitana.

Por ello, se reformó el Reglamento de Construcción de la capital, que fijó los requisitos que deben cumplir los edificios –tanto oficinas como habitacionales– y se implementaron normas más estrictas para que fueran capaces de resistir un sismo de gran intensidad.

Sin embargo, en los últimos 10 ó 15 años la atención de los requisitos de seguridad estructural se ha debilitado, porque los profesionales de la construcción, las autoridades y la sociedad en general han perdido el miedo a las consecuencias que puede ocasionar este tipo de fenómenos naturales, acotó.

“Si ocurre un terremoto similar al de 1985, probablemente se presentarían graves daños; por ello, debe considerarse que si se siguieran estrictamente esas normas, la vulnerabilidad de los inmuebles se puede reducir al mínimo”.

La secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del Distrito Federal se encarga de actualizar y controlar el reglamento en la materia; sin embargo, desde hace años las delegaciones cuentan con una Dirección de Obras, facultada para proporcionar licencias y verificar el proceso de construcción, pero cuentan con poco personal calificado para realizar un control estricto.

La prevención ante una catástrofe

En la actualidad, el gobierno del Distrito Federal pretende crear un instituto para la seguridad estructural de las construcciones, que ponga en vigor un nuevo sistema de control, que implica la revisión de los proyectos y la ejecución de las obras para comprobar que se cumplan los requisitos y, de no ser así, se establecerían infracciones.

Para concluir, enfatizó que a 25 años del sismo, es importante que tanto autoridades como especialistas, así como la población, adquieran conciencia de la posibilidad de que se repita un movimiento de alta intensidad.

Sismos en la Ciudad de México

Tanto en la brecha de Guerrero como en las fallas activas de la faja volcánica mexicana, es probable que ocurran sismos de gran magnitud, destacó Víctor Manuel Cruz Atienza, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM. Ello, explicó, porque desde 1911, en la zona situada en el noroeste de la entidad, no se ha presentado un evento mayor.

Según registros históricos en la costa del Pacífico, el período de recurrencia sísmica en esa región es del orden de 60 años, y ya han pasado 99 desde el último movimiento telúrico importante en ese estado, de magnitud 7.6, explicó.

Al respecto, citó el ocurrido cerca del poblado de Acambay, aproximadamente a 80 kilómetros al norte de la Ciudad de México, con una magnitud 6.9, que ocasionó daños graves en los asentamientos cercanos al epicentro y en nuestra urbe.

La falla de Acambay, que rompió en 1912, es una discontinuidad estructural que se forma en las rocas superficiales de la tierra; puede alcanzar hasta 15 kilómetros de profundidad y su extensión horizontal es de aproximadamente 30 kilómetros. Sin embargo, los períodos de recurrencia sísmica en las fallas activas que circundan la metrópoli son mayores que en la zona de subducción del Pacífico.

No obstante, explicó, cuando las ondas inciden en la cuenca del Valle de México, su movimiento se amplifica entre 100 y 500 veces en la banda de frecuencias de 0.2 a 0.7 Hz, debido a la naturaleza de los sedimentos con agua que se ubican en el terreno.

Esto responde principalmente a la reducción dramática de la velocidad de propagación de las ondas en la cuenca que, por conservación de la energía, implica un aumento también dramático en la amplitud de las ondas, lo que ocasiona que el movimiento del terreno fuera de grandes magnitudes.

Por otro lado, las ondas se quedan atrapadas, rebotan en los límites de la cuenca que actúa como una trampa que impide la evacuación de la energía, que se disipa con lentitud y provoca que el movimiento tenga una duración de hasta tres minutos en algunos sitios, lo que deriva en el debilitamiento de las estructuras.

A partir de este temblor, se realizaron Mapas de Zonificación Geotéctica y se impulsó el Sistema de Alerta Sísmica (SAS); sin embargo, se ha demostrado que éste es un sistema vulnerable, como lo demuestran las falsas alarmas emitidas. “Las consecuencias se verán cuando suceda un gran temblor, pues la gente no actuará con la determinación necesaria para salvar sus vidas”.

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