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También, se pretende que los alumnos realicen estancias en la institución rusa, para lograr una formación integral. Además del IA también participarán los institutos de Geofísica y de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, y la Facultad de Ciencias.
Con la iniciativa, la UNAM se convierte en el punto de partida de estos trabajos, pero probablemente con este esfuerzo habrá más organismos que se sumen al proyecto, consideró.
La basura espacial
La basura espacial se constituye de partículas de todos los satélites que ya no funcionan y de los pedazos que se han generado por explosiones o colisiones; las piezas pueden medir desde unas cuantas micras hasta decenas de metros, y “se estima que tenemos una población 600 mil objetos de más de un centímetro de longitud”, detalló Franco López.
Entonces, resaltó, es importante tener un catálogo, porque en el espacio pueden colisionar no sólo con satélites, sino con las estaciones espaciales y, en ese sentido, representan un peligro para la vida de los astronautas.
Por ello, abundó, se considera que este proyecto incide en la seguridad presente y futura.
A su vez, Vladimir Agapov e Igor Molotov, académicos del Instituto Keldysh, precisaron que para analizar estos objetos, se utilizan telescopios ópticos. Lo primero que se debe hacer es medir su posición en función del tiempo y con mucha precisión respecto a las estrellas, dijeron.
Con ese fin, los científicos desarrollaron un software complejo, que permite analizar imágenes y seguir con precisión, en el espacio y el tiempo, la trayectoria y altura de las piezas.
Cuando se tiene una serie de imágenes de un mismo objeto, se genera su trayectoria a través de métodos matemáticos complejos y algoritmos computacionales, abundaron.
Con datos confiables, se observa cómo evolucionarían con el transcurso del tiempo, para predecir colisiones.
Asimismo, aunado a la información sobre la posición de los satélites, se podría proporcionar alertas sobre peligros futuros, para que quienes controlan esas misiones, puedan maniobrar y retirarse de los sitios de riesgo.
Los expertos consideraron que San Pedro Mártir es uno de los mejores cuatro lugares en el mundo para hacer observaciones; además, cuenta con instrumentos científicos de primera calidad.
Es importante trabajar con universidades como la UNAM, no sólo por la experiencia que tienen en el manejo de observatorios, sino porque son semilleros de gente joven, con capacidad de desarrollar proyectos de gran trascendencia, concluyeron.
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