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Celebran el Día Nacional de Maíz en México

Publicado por @Shinji_Harper el Jueves, 30 septiembre 2010
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CENCOS

Oaxaca, México.- Por segundo año consecutivo la sociedad civil, organizaciones campesinas, ambientales, en defensa de la soberanía alimentaria y los derechos humanos unieron esfuerzos para celebrar en el zócalo capitalino, muchas otras sedes del país y el extranjero el Día Nacional de Maíz.

Ya instituido todos los 29 de septiembre, el mes más patrio, entre el correr de gente, música, baile, mojigangas, proyecciones de películas, artesanías, tamales, elotes, exposiciones, juegos, globos, curiosos y apasionados del tema, el maíz encuentra un espacio para ser reflexionado, festejado, recordado y especialmente querido.


En una jornada larga completamente transmitida por radios comunitarias, desde las 10 de la mañana y hasta pasadas las 10 de la noche, la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano Sin Maíz no hay País ¡Pon a México en tu boca!, colocó sobre la mesa las principales preocupaciones que hoy en día hay en México respecto a la situación de esta planta milenaria “que sustenta la vida”, según el significado del vocablo amerindio.

La falta de políticas que garanticen la seguridad alimentaria, la apertura de este grano a los intercambios desiguales del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la siembra en México de maíz transgénico que condena la reproducción de su variabilidad genética y pone en riesgo la salud, la concentración del mercado semillero en unas pocas trasnacionales, el impulso de su utilización para la creación de biocombustibles, y orillar a la extinción a una cultura milenaria por la muerte del campesinado y el campo mexicano, fueron los principales temas abordados por oradores, poetas con decenas de décimas sobre el maíz, soneros y jaraneros jarochos, dramatizaciones, mantas y una ofrenda al maíz que enmarcaba el templete principal.


A un lado, también en la Plaza de la Constitución, crecían espontáneas las filas para obtener globos y bolsas conmemorativas del día, alcanzar uno de los cientos de tamales que la Red de Comercio Justo repartió junto con aguas frescas, o conocer el camión girasol de Greenpeace que genera energía eléctrica con paneles solares que despliega desde el techo. Entre los distintos puestos, se exponen imágenes de la presentación más importante dentro de los festejos: la Campaña Nacional de Información sobre Transgénicos, que explica lo que son los organismos genéticamente modificados, cómo se ha dado su impulso por trasnacionales, los posibles riesgos a la salud de hombres y mujeres y otros seres vivos, lo que implican para el impulso del modelo de agricultura industrial frente al modelo de agricultura sustentable y la contaminación del campo en México con este tipo de productos patentados.

Cerca de 50 fotografías y texto componen la exposición sobre el maíz y otros organismos genéticamente modificados que ya están en nuestra mesa todos los días sin que nadie nos haya avisado.

Al caer la tarde, el público salió de la sombra de las carpas con el sonido del son jarocho de Los Parientes de Playa Vicente Veracruz, uno de los mejores exponentes del género. Con sus jaranas, quijada y bajo ponían el ritmo para el zapateo de la veracruzana que tenía con el ojo pelado a más de uno. Entre canción y canción la letanía de groserías y los versos ingeniosos con más de una interpretación fueron animando cada vez más la fiesta bajo el escenario; tras la salida de los Parientes comenzó la parte más solemne de las celebraciones.

Representantes de los distintos grupos que integran la Campaña, académicos, defensores y defensoras de derechos humanos y campesinos hablaron sobre la importancia del maíz como pilar de la soberanía alimentaria, y de ésta como fundamento de la independencia nacional. Reconocieron que “nuestro festejo es un tequio campesino y urbano, resultado de la cooperación, de la unión de voluntades y de muchas voces que queremos un nuevo país donde se apoye y se fomente la agricultura campesina y todas y todos tengan una vida digna”.

Al concluir, danzantes de tradición prehispánica tomaron el escenario para iniciar la ceremonia ritual al maíz. Para terminar, una anciana, al igual que el año pasado, ataviada con su vestimenta indígena tradicional y un cesto de palma con mazorcas de muchos colores, tomó una de estas y la beso, y con su otra mano comenzó a dar las campanadas por la soberanía alimentaria mientras los cientos de asistentes entonaron ¡Sin Maíz no hay País!

Centro Nacional de Comunicación Social

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