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Mal de Chagas, enfermedad de la pobreza en México: MCB

Publicado por @Shinji_Harper el sábado, 30 octubre 2010
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UNAM/Investigación

Oaxaca, México.- La mayoría de las empresas farmacéuticas no están interesadas en obtener un medicamento que elimine del cuerpo humano al parásito que provoca el mal de Chagas, porque es una “enfermedad de la pobreza”, aseguró el investigador Miguel Costas Basín, del Departamento de Fisicoquímica de la Facultad de Química (FQ) de la UNAM.

Consideran que no es redituable invertir varios años y millones de dólares para encontrar su cura, pues las personas infectadas no cuentan con recursos económicos para adquirir el fármaco; en este sentido, el único mercado serían los gobiernos, añadió.

unamchagasPor ello, el objetivo es encontrar un medicamento efectivo que a las empresas les represente ganancias económicas y de tiempo, para que sólo inviertan en las últimas fases de investigación clínica necesarias para llevarlo al mercado.

Costas Basín indicó que hoy en día ese padecimiento es incurable; por ello, especialistas en varias áreas del conocimiento de la UNAM pretenden diseñar un fármaco que elimine el parásito en la sangre del paciente.

En particular, colabora en este esfuerzo colectivo con el empleo de la biofisioquímica, un área que emplea los métodos experimentales y teóricos de la fisicoquímica para estudiar sistemas bioquímicos. El equipo de trabajo está formado por académicos, investigadores y alumnos de licenciatura y posgrado de la FQ, del Instituto de Fisiología Celular, la Facultad de Medicina, así como las universidades de Barcelona y Santiago de Compostela, España.

El propósito es eliminar el parásito del cuerpo, con la inhibición de una proteína que sea crucial para él. La proteína “blanco” es la triosa fosfato isomerasa, y su inhibición evitaría el crecimiento exponencial de la concentración del parásito en la sangre que, finalmente, daña el corazón y ocasiona la muerte de la persona. Hasta el momento, se han estudiado potenciales inhibidores, y el llamado V7, es el más exitoso. Sin embargo, continúan las investigaciones, explicó.

Las chinches, el vector del mal de Chagas

En la conferencia La Biofisicoquímica y el mal de Chagas, en el auditorio A de la FQ, manifestó que esta enfermedad es ocasionada por el parásito Tripanosoma cruzi –mide unos 0.02 milímetros-, que afecta tanto a seres humanos como animales domésticos, y el vehículo o vector para la introducción al cuerpo humano es una chinche.

Este insecto suele vivir en jardines, selvas y especialmente en techos de paja y pisos de tierra; el nombre que recibe depende de la región de ubicación. Por ejemplo, en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay la llaman vinchuca; en Brasil, chupao; en México, besucona; en Centroamérica y Ecuador, chirima.

Este padecimiento fue descubierto por el doctor brasileño Carlos Chagas, quien trabajaba en la zona del Amazonas y lo caracterizó a principios del siglo pasado. Normalmente, la chinche pica en la zona de los pómulos de las personas cuando están dormidas; inyecta un anestésico para después sacar sangre, pero a una distancia de alrededor de un centímetro y medio, también defeca.

 

El problema es que el individuo, al terminar el efecto del anestésico siente un escozor por la picadura, lo que provoca que se rasque y lleve las heces hacia el agujero donde picó la chinche y se auto infecta.

Diagnóstico

En ocasiones, se diagnostica por medio del ojo chagásico, que consiste en una inflación aguda, pues el sujeto se suele rascar también esa zona y provoca la hinchazón.

La enfermedad se desarrolla en dos fases: la primera es la latente, que inicia con la picadura de la chinche y puede durar de 10 a 15 años, durante los cuales el parásito continúa en el torrente sanguíneo, sin síntomas evidentes.

Sin embargo, en algún momento presenta un crecimiento exponencial, lo que lleva a la fase crónica, donde empieza a anidar principalmente en el corazón; causa inflamación y la muerte del individuo por paro cardiaco; en esta fase, los síntomas son parecidos a los de otras enfermedades cardiacas, como dificultades para respirar o agotamiento al subir escaleras.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este padecimiento, prácticamente exclusivo de América, afecta a alrededor de 18 millones de personas, aunque se sospecha que existen más casos que no se diagnostican correctamente.

En este sentido, Costas consideró que es necesario generalizar la prueba de sangre, para identificar si una persona está infectada; asimismo, ayudaría a generar mejores estadísticas. “La dificultad es económica porque resulta inviable debido a su costo”, sostuvo.

Para concluir, indicó que este mal provoca un estimado de 45 mil muertes al año, lo que significa que por cada hora se presentan cinco defunciones.

 

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