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Las leyendas chocarreras en Oaxaca

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 1 noviembre 2010
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Fortino TORRENTERA

 

Oaxaca. México. Como en todas partes del mundo, las leyendas populares, sobre espíritus, apariciones y otros eventos excepcionales, son parte del rostro cultural de un pueblo y en Oaxaca, la tradición oral se mantiene en historias como a continuación se reseñan solo algunas de las más conocidas.

 

En rincones de la ciudad se reproducen leyendas, patrimonio cultural de Oaxaca.

En rincones de la ciudad se reproducen leyendas, patrimonio cultural de Oaxaca.

En rincones de la ciudad se reproducen leyendas, patrimonio cultural de Oaxaca.

En rincones de la ciudad se reproducen leyendas, patrimonio cultural de Oaxaca.

EL CALLEJON DEL MUERTO

 

De la primera calle de Morelos arranca en sentido diagonal y en dirección a la ultima de Matamoros, un tortuoso y angosto callejón, solitario y tétrico, que hace tiempo fue escenario de un misterioso asesinato.

 

Fue en aquel tiempo en que la ciudad se alumbraba con faroles de aceite, cuya difusa luz mortecina apenas alcanzaban iluminar y los cuales se encargaban de encender los llamados “serenos” que envueltos en amplias capas llevaban consigo una escalera y una alcuza, tarea que iniciaban por las calles de la ciudad un poco antes de cerrar la noche. Fue uno de estos personajes fue quien resultó victima de aquel crimen.

 

Cierta noche, profundamente oscura, en el solitario callejón del muerto, cuya quietud nocturna rompían de vez en cuando el acompasado andar  de los “serenos” que hacían la ronda, se escuchó el grito alerta del “sereno”: ¡Las doce y nubladoooooooo…… ¡.

 

De repente, rasgando las impalpables entrañas del silencio, de aquel solitario callejón partió un “¡ahhh!” … agudo, prolongado; un penetrante grito de agonía.

 

Por el sinuoso callejón 2 de Abril, descendía a paso apresurado la silueta de un hombre que en su carrera hacía bailotear un farol de mano.

 

Al llegar a las antiguas calles del Marquesado, o sean las actuales División de Oriente, torció hacia la derecha, en dirección al templo de dicho barrio para estremecer la puerta del curato con recios e insistentes aldabonazos que urgían imperiosamente la presencia del párroco.

 

Después de un rato de estar llamado fuerte y reiteradamente el cura, éste apareció en el umbral:

 

-¡Vamos, hijo! … ¿que pasa?… ¡que te sucede!…

 

-Disimule su merced lo intempestivo de la hora, en uno de los callejones de atrás de la soledad ha sido apuñalado un hombre y necesita la confesión.

 

 -¡ Como!… ¿ y no se te ocurrió recurrir al auxilio del cura de La Soledad o el de San José?

 

-No, padre. El moribundo quiere que sea su mereced quien lo oiga en confesión…

 

En el semblante del sacerdote cruzó una sombra de contrariedad, pero accedió.

 

-Bien, hijo, sus motivos tendrá. Aunque el tramo es largo y la noche está oscura como boca de lobo, vamos alumbra y guía.

 

A la mitad del callejón, tendido boca arriba el “sereno” moribundo con tremenda puñalada a mitad del pecho que hombre del farol le señalaba al cura:

 

– Ahí está padre

 

– Bueno. Toma el farol, que lo no necesito, y retírate a cierta distancia mientras lo confieso.

 

El cura empezó a confesarlo. Fue una confesión larga y penosa, interrumpida a cada rato por los espasmos de la agonía. Más la necesidad de descargar su conciencia lo hacía sobreponerse.

 

Después que lo absolvió, el cura se dirigió a su acompañante, hallando sólo la lámpara, lo llamó sin respuesta.

 

Intrigado por esta circunstancia y atraído por la curiosidad de conocer quien era aquel al que había confesado en tan extrañas condiciones, tomó el farol y volvió sobre sus pasos para examinar al difunto.

 

Fue entonces cuando al levantar el extremo de la capa con que le había cubierto el rostro, descubrió que aquel desconocido que ahora yacía a la mitad del solitario callejón, era el mismo que había ido a llamar a la puerta del curato; el mismo que lo había conducido ante su propio cuerpo, moribundo.

 

LA CARRETA DE LA MUERTE

En el rumbo del convento de “Las Capuchinas de arriba”, es decir por la iglesia de La Soledad, lo que hoy es la Avenida Morelos y muy cerca del templo de San José, ocurrió un suceso digno de relatarse.

 

Comenzó a hablarse de un espanto que solía aparecer por el callejón de la Soledad al escucharse un chirrido, como el de una pesada carreta que rodaba sobre el empedrado de la angosta callejuela.

 

Algunos juraban haberse asomado a la ventana para observar horrorizados que se trataba de una carreta cubierta en todo lo alto con negros crespones, arrastrada por negros caballos y conducida nada menos que por la mismísima muerte vestida con blanco sudario.

 

El suceso de “La carreta de la muerte” corrió como reguero de pólvora en Oaxaca; desde entonces los trasnochadores evitaron en rumbo y la gente se guardaba desde muy temprano en sus casas con las puertas bien atrancadas para darse a la oración.

 

Se cuenta que hasta el capellán del convento intentó una conjura, organizando todos los viernes una procesión en la que llevaba al frente una imagen de Jesucristo cargando su cruz con ayuda del Cirineo.

 

La procesión llegaba hasta una ermita que quedaba exactamente con el número 8 de la que hoy conocemos como avenida Morelos, recorriendo a su paso el tenebroso callejón donde se decía que apareció el espanto; desde entonces, a la que hoy es tercera de Morelos se le llamó “Calle del Cirineo”.

 

No por las procesiones y los ruegos dejó de aparecer aquella macabra visión; los más arriesgados cruzaron apuestas y muchos sufrieron desmayo y susto (que a más de alguno ocasionó irse a la tumba) porque “La carreta de la muerte” seguía apareciendo por el rumbo.

 

La Señora Isidra Martínez, quien actualmente vive en el callejón de los Reyes (este callejón, inicia en la 2ª calle de Morelos) cuenta que ella escuchó varías veces pasar a “La carreta de la muerte” en ese callejón y en otras ocasiones sobre la calle de División Oriente.

 

Era casi seguro que al día siguiente alguien muriera, a veces eran personas que estaban enfermas o ancianos, pero en otras, eran personas que se encontraban totalmente sanas, lo cual provocaba el asombro de los habitantes.

 

Al no saber cómo controlar la situación, pues la gente vivía aterrorizada, desmintieron las autoridades esta historia diciendo que todo era falso, buscando devolver así la seguridad a los habitantes de ese rumbo.

 

LA POZA ENCANTADA

En el Ejido Guadalupe Victoria, perteneciente a la agencia de San Felipe del Agua, baja un río del cerro que le da ese nombre; en la parte alta, se encuentra una poza de agua a la cual los hacendados acudían con sus caballos a bañarse, las mujeres a lavar ropa y los niños que les encantaba ir ese lugar tan agradable para divertirse a la sombra de los árboles.

 

Se cuenta que hace mucho tiempo subió a bañarse Petrona, una joven muy bonita y vecina de ese ejido. Serían el mediodía que se encontraba tranquilamente en el río cuando apareció una jicarita roja muy llamativa, al observarla le agradó mucho y la tomó para bañarse, pero la joven al hacer esto, sintió que la invadía una sensación extraña, quedando sin razón y totalmente paralizada por lo que se ahogó.

 

Al ver sus padres que no regresaba, fueron a buscarla sin éxito, preguntaron por todo el pueblo y la única razón que les dieron de Petrona era que la habían visto ir hacia al río

 

Desesperados la reportaron para que emprendiera su búsqueda, escudriñaron por todo el lugar y peinaron toda la rivera del río, pero no había ni rastro de ella, lo único que hallaron fue la extraña jícara roja.

 

Pasado algún tiempo, los hacendados al ir a refrescar a sus caballos como siempre lo hacían llegado el mediodía, vieron una muchacha muy bonita bañándose en la poza, ellos por respeto, le dijeron que esperarían a que terminara para que bañaran a sus caballos.

 

Observándolos pícaramente les invitó a meterse a la poza junto con ella. No pudieron resistir la seductora invitación pero al estar dentro del agua, cuentan los que sobrevivieron, que vieron algo escalofriante, la joven tenía una enorme y horrenda cola de pescado.

 

Al querer escapar sentían que no podían salir del agua, quedando sus cuerpos inmovilizados, habían sido encantados y se hundieron hasta ahogarse.

 

Por extraña razón que aún no se sabe, los caballos también murieron, se dice que los encontraron como si se hubieran quedado sin respirar.

 

Desde ese momento se cuenta, que si va a la poza como a las doce del día, parece una mujer muy hermosa hasta la cintura, pero con cola de pescado bañándose con su jícara roja; los hombres al verla son atraídos por ésta, siendo estancados y ahogados sin que puedan hacer nada.

 

También hay otras personas que aseguran que se aparece en forma de culebra a las ocho de la mañana, al medio día y a las ocho de la noche.

 

A partir de entonces mucha gente dejó de visitar el lugar, al ver que mucha gente moría ahogada.

 

¿Leyenda ó verdad?, no se sabe, hay muchos testimonios y ninguna certeza, pero podrías ir a darte la vuelta, con mucho cuidado, a lo mejor ya no regresas.

 

EL FANTASMA DE LA DAMA

 

Los casos de los aparecidos, ocupa un lugar muy especial en el capítulo de los sucesos extraordinarios como este caso que sucedió en Oaxaca del año de 1934.

 

Es un hecho bastante singular que se registro en Oaxaca por  la aparición de la difunta señorita Vicki Solana, perteneciente a una distinguida familia de españoles; evento cuya autenticidad no podemos asegurar, pero causó revuelo dando pie a toda clase de comentarios que, inclusive, llegaron a merecer la atención de la prensa local.

 

Frente al paseo Juárez “El Llano”, según se refiere la señorita Solana, requirió los servicios de un taxi e indico al conductor que la llevara al panteón general, a donde al llegar descendió del auto e indicó al chofer que como no llevaba dinero, pidiendo que fuera a cobrar el importe a su papa que tenía su domicilio frente al templo de La Soledad, en la casa número 16 de la segunda calle de Independencia.

 

Como la familia Solana ha sido ampliamente conocida el conductor no puso ninguna objeción, pero fue mayúscula su sorpresa al presentarse a cobrar por el adeudo, tanto para el ruletero como para la familiares de la extinta.

 

¿Cómo iba a ser posible aquello?, pues ¡Ya hacía varios meses que la señorita Vicky había fallecido¡.

 

EL NAHUAL DE AGUA

A escasos diez kilómetros del centro de Ejutla de Crespo se encuentra un cerro llamado “El Cerro Labrador”, el cual se hacía notar por una gran vegetación y biodiversidad. En aquel lugar existían cascadas y ríos.

 

Refieren las personas cercanas a este cerro que ahí habitaban nahuales (personas que se convierten en animales) ya sea para hacer daño o el bien a las personas.

 

Se sabía entre la gente que ahí existía un nahual convertido en serpiente de agua, razón por la cual este cerro siempre se conservaba verde por la abundante lluvia de cada año, aunque todos atribuían el hecho a la presencia del nahual, razón por la cual la gente solía hacerle una gran fiesta alrededor de un agujero, donde se presumía existía dicha culebra.

 

Entre los rituales que ellos hacían como agradecimiento a dicha serpiente, enterraban animales vivos alrededor del hoyo y sorprendentemente al segundo o tercer día que la gente iba a desenterrarlos con gran asombro sólo encontraban huesos, cráneos intactos pero sin piel, ni carne; al ver esto la gente pensaba que era como un dios al que deberían ir a celebrar y darle las gracias.

 

La gente platica que el día que hacían las fiestas a la culebra, se empezaban a formar grandes y negras nubes en la cúspide de aquel cerro, se dejaban sentir algunos relámpagos y truenos. Después de un rato empezaba la gran tormenta y entre el negro atardecer se veía como subía o caía dicha serpiente.

 

Durante muchos años en este cerro hubo abundante agua pero un día todo cambió, pues ya casi no llovía y la montaña empezó a tener una apariencia amarillenta; la sequía empezaba a expandirse y la única explicación que podían darse es que aquella serpiente a la que año con año le hacían una gran fiesta, ya no habitaba en este cerro, ya se había cambiado de casa. A partir de este momento el “Cerro Labrador” se ha quedado seco.

 

Esta es una de las muchas leyendas que encierra este poblado llamado Ejutla de Crespo, ubicado a sólo unos kilómetros del centro de la Ciudad de Oaxaca.

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