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Una sociedad impreganada de literatura, no se puede engañar:Vargas Llosa

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 4 marzo 2011
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Patricia RODRÍGUEZ /Conaculta

Oaxaca, México.- La experiencia de Mario Vargas Llosa de actuar en el teatro, el próximo fin de semana en el Palacio de Bellas Artes, la vive con mucho miedo, pero también con un enorme entusiasmo. “Para un escritor que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, tratando de inventar un mundo paralelo, de fantasía, de imaginación con las palabras, de pronto vivir la ficción, desde adentro despojándose de su propia personalidad, adquiriendo otra, viviendo por el espacio y el tiempo del espectáculo un tipo de aventura totalmente distinta de aquella que constituye su vida cotidiana, es una experiencia extraordinaria e impagable”.

El Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa quien se encuentra en México, con una agenda de actividades académicas y culturales será, junto con la actriz peruana Vanessa Saba, protagonista de la obra Las mil noches y una noche, que se representará los días 5 y 6 de marzo (la primera es privada) en el Palacio de Bellas Artes.

 Para dar a conocer los pormenores de la puesta en escena participaron en una conferencia de prensa los dos únicos actores de la obra, así como Luis Llosa, director de la puesta en escena e Ingrid Yrivarren, representante de Viva Perú 20, programa que consiste en la realización de una serie de intercambios culturales, artísticos y empresariales con la idea de fortalecer lazos entre Perú y México y que se realiza del 2 al 6 de marzo en nuestro país.

Don Mario aprendió en sus facetas como escritor, adaptador y actor una actitud: la modestia. “A diferencia de un novelista, que es un soberano absoluto respecto a su trabajo en el que puede volcar sus caprichos y manías. Un autor está sometido a varias autoridades: el texto, el director, los compañeros de trabajo, hay toda una infraestructura que también ejerce  un cierto condicionamiento. Esa lección de  modestia es muy importante porque el teatro es una operación en conjunto, si no hay una perfecta integración de todo el equipo, no se alcanza el nivel de excelencia. Ha sido muy interesante descubrir la necesidad de una actitud absolutamente diferente respecto al trabajo creativo de la que he tenido a lo largo de mi vida de escritor.

“El teatro –recordó el autor de La ciudad y los perros— fue mi primer amor literario. Cuando era niño y descubrí la pasión de la literatura y lo que hubiera querido ser: dramaturgo. Tenía muy pocos años cuando vi La muerte de un viaje, de Arthur Miller y quedé deslumbrando. Al ver que esa historia era vivida sobre un escenario y  tenía la riqueza, la sutileza, la profundidad de unan gran novela y que ciertas personas la vivían en carne y hueso. Quedé tan impresionado que escribí  una obrita de teatro y si hubiera habido en Lima en esa época un movimiento teatral, yo hubiera sido un dramaturgo y no novelista.

 “El amor al teatro siempre me acompañó y todos los años fui escribiendo cuentos y novelas. La tentación del teatro siempre  estuvo presente, hasta que en los años setenta de pronto tuve la idea de una historia y sentí por razones que no podría explicar que sólo podía ser aprovechada debidamente en un escenario y que si la convertía en una novela no iba a sacarle todo el partido. Fue una  historia que giraba en torno a una tía abuela que los últimos años de su vida se refugió en el pasado y era muy fascinante oírla hablar de ese pasado. Desde entonces he alternado las historias con el teatro, no veo una incompatibilidad profunda, ambas tienen un denominador común: son obras de ficción y crean vidas paralelas.

“La literatura tiene una función que no pueden cumplir otros géneros que están cerca de la ficción como la historia, pero la ficción nos educa respecto al mundo, a lo que somos, a la vida, al amor, de una manera muy distinta, de como podría serlo cualquier otra ciencia social. El amor que vivimos leyendo una gran novela, no es una enseñanza que apela a nuestra razón, es un amor que apela a nuestra experiencia y si la novela tiene la fuerza persuasiva de una obra maestra, ese amor lo vivimos y forma parte de nuestra experiencia de lectores. Ese es un tipo de enseñanza que no pasa por nuestra razón primeramente, pasa directamente por nuestros  sentimientos. Qué mejor manera de conocer el amor que vivir el amor desde adentro. Al vivirlo de ese modo, estamos mejor preparados para experimentar en la vida real un amor”.

El sexo –agregó el autor  de La tentación de lo imposible— es una actividad fundamental en la vida de los seres humanos. “No existe ningún género que nos haya educado y enseñado mejor lo que puede haber de riqueza, de sutileza, de finura, de elegancia, y también de brutalidad, de salvajismo, de violencia de salvajismo  en la vida sexual, como la literatura. Eso la literatura nos lo hace vivir a través de las obras que nos conmueven, seducen y entusiasman, eso que vale para el sexo y para el amor, vale para todas las actividades humanas, porque todas ellas están siempre reflejadas en las fantasías de la ficción. Ese tipo de educación nos hace mucho más libres, la contribución de la ficción a la libertad no se ha mencionado suficientemente y sin embargo, es enorme”.

Para él, una sociedad profundamente impregnada de buena literatura es una sociedad mucho más difícil de engañar, de manipular por los poderes de ciudadanos incultos y sin experiencias literarias. “La  literatura desarrolla en nosotros ese espíritu crítico que fundamental en toda sociedad democrática. La literatura hace de los ciudadanos gente naturalmente crítica por una razón muy simple si se vive una experiencia de identificación con ese mundo, la vive porque ese mundo le parece mejor que el mundo real, le parece un mundo más coherente, más inteligente, más sensible, un mundo donde  la belleza impregna todo, incluso la fealdad, esa es la maravilla de la literatura y el arte, lo feo se vuelve bello cuando está descrito excelencia, con eficacia, con  elegancia.

“Cuando salimos de gran mundo de ficción y contemplamos el mundo real –completó– descubrimos que el mundo real está muy por debajo de ese orbe soñado, inventado que es el mundo de la obra maestra, eso hace de nosotros seres profundamente insatisfechos con el mundo tal como es, seres en entredicho con la realidad tal como está, gentes que aspiran a que esa realidad cambie y se acerque a esa belleza que sólo alcanza la realidad que inventamos en las grandes  obras artísticas.

“Ese espíritu crítico es fundamental para que una sociedad sea libre, sea democrática y progrese, esa es la razón por la que todos los gobiernos o todas las ideologías que han querido controlar la vida de los seres humanos, desde la cuna hasta la tumba, lo primero que han querido es establecer sistemas muy estrictos de censura y de vigilancia para la creación de ficciones. No se han equivocado las ficciones son muy peligrosas en ese sentido, crean ciudadanos y díscolos, que saben que la realidad no está al alcance de nuestros apetitos, sueños y deseo y por eso quieren cambiarla y mejorarla. Es espíritu democrático es inseparable de esa actitud. Por eso las grandes ficciones crean ciudadanos que son ejemplares para una sociedad libre y democrática”.

Sobre su  interés por haber escrito una versión de Las mil y una noches, comentó que quizá de niño, probablemente se la contaron como ocurre con muchos niños, pero también las leyó en versiones infantiles y  desde entonces los personajes de la obra estuvieron siempre presentes. “No sé cuándo se me ocurrió hacer esta adaptación. Antes había hecho una adaptación de otro gran clásico de la literatura, de La odisea, de Homero y como justamente esa es mi vocación contar historias y todo aquello que está alrededor de ello, vino de ahí la idea de hacer una adaptación teatral minimalista: una obra dedicada al arte de contar no solamente a la técnica,  a la destreza que ese arte exige para ser exitoso, sino también para algo mucho mas importante, el efecto que los cuentos y el arte de contar tienen en la vida de las gentes, no sólo les proporcionan placer, entretenimiento, diversión, sino cómo por debajo de ello, hace a la gente más sensible y racional. Eso es lo que hace la literatura y la ficción”.

La  esperanza del ganador del Nobel del año pasado, es que la cultura del libro y la tecnología puedan coexistir: “A lo largo de la historia cada vez que surge una innovación profunda en el género de las comunicaciones ha surgido el temor de que lo nuevo aniquilaría lo antiguo, no ha sido así. Mi esperanza es que suceda con el libro y la cultura audiovisual algo semejante. Va a depender enteramente de nosotros. La historia no está escrita. Si creemos que la cultura del libro es importante, tenemos que actuar en consecuencia y a través de la educación, de la persuasión y de la propia literatura debemos conquistar a las nuevas generaciones para esa cultura que nos ha ido civilizando a lo largo de la historia.

“Si el libro desaparece, algo que probablemente nunca ocurriría, lo peor que podría ocurrir es que fuera relegado a un margen y viviera en una especie de catacumba en donde una minoría muy selecta la mantendría viva. No es obligatorio que ocurra así. Así como el cine y el teatro han podido coexistir, el libro y la pantalla deberían poder coexistir también. La gran revolución audiovisual es fundamental para el  mundo de la comunicación. La televisión no ha sido capaz de dar nada parecido a las obras maestras que ha dado la literatura, pero la revolución audiovisual está permitiendo que los países árabes que eran unas satrapías se vayan emancipando, vayan liquidando a sus dictadores y aspiren a vivir sociedades abiertas y libres y eso hay que celebrarlo con inmensa alegría.

“Si creemos que los libros son importantes y que la tradición literaria es fundamental, convenzamos a las nuevas generaciones de que es así y demostrémosle de una manera práctica lo enriquecedor que es leer un buen libro, lo enriquecedor y el gran placer que produce leer un buen libro, para eso necesitamos que las aulas orienten a los jóvenes en ese camino y también  los padres de familia. Una casa sin libros es posible que no sean lectores y sean sólo televidentes”.

A la pregunta de si ya le llegó el momento de ser feliz, Mario Vargas Llosa respondió: “La felicidad es algo que vivimos por momentos, como un contraste con una vida que en su mayoría de días no está hecha de felicidad, sí de considerable infelicidad y el resto del tiempo de algo que no se puede llamar ni felicidad o infelicidad, sino un cierto automatismo o rutina. Una persona permanente feliz, es poco muy poco interesante, probablemente un tonto.

“La felicidad, si se puede definir como un acuerdo absoluto entre una persona y el mundo en el que vive, la actividad que realiza, el entorno que lo rodea, revela un a persona de muy poca imaginación o muy poca sensibilidad. La felicidad es algo esquivo y fugaz y precisamente por eso es tan intenso. Tenemos en nuestra vida  momentos de una extraordinaria felicidad, de algo que nos entusiasma, que nos ha costado mucho esfuerzo y que de pronto está ahí y es una recompensa para todo lo que hemos invertido en ella. La felicidad está en el amor, experiencia absolutamente exaltante, enriquecedora, la felicidad, está también en función de cierto azar.

“Una de las mejores defensas que tenemos contra la infelicidad es hacer aquello que nos gusta. Si dedicamos nuestra vida a hacer algo que responde íntimamente a nuestra vocación estamos mucho mejor vacunados contra la infelicidad, que si hacemos lo contrario. Las personas más infelices que he conocido son aquellas que dedican su vida a hacer cosas que no les gusta y por eso no tiene  tiempo de hacer lo que les gustaría hacer. Esa forma de frustración es unan vida como un desacuerdo tan profundo entre el quehacer y la realidad íntima es una de las fuentes mayores de la infelicidad.

“He tenido el privilegio extraordinario de poder dedicar la mayor parte de mi vida a hacer aquello que le gusta, lo que no significa, que no me dé dolores de cabeza, y que no tenga frustraciones en ese quehacer, pero significa que el poder sentir que haciendo lo que uno hace, recibe ya de por sí una recompensa, es algo absolutamente extraordinario. Las personas mejor defendidas contra la felicidad son aquellas que han conseguido ese acuerdo entre su vocación y su quehacer cotidiano.

 “Para mí escribir, inventar historias, crear personajes, es una manera a través de la cual siento que me realizo, que en ello realmente desahogo un apetito o inclinación muy profunda y al mismo tiempo ese quehacer ya significa una gran recompensa, un gran reconocimiento y un gran estimulo. Eso ocurre a todo el mundo y por eso creo que el mejor consejo que podemos dar a los jóvenes,  quienes no somos jóvenes, es tratar de organizar su vida en función de su propia vocación”.

Luis Llosa, director de Las mil noches y una noche, agradeció la oportunidad de montar una obra en un teatro con tanto prestigio como es el Palacio de Bellas Artes, con un equipo de técnicos peruanos y mexicanos. Su experiencia con el montaje de esta obra en México es “un reto interesante porque la pieza transita por distintos géneros, hay un cierto eclecticismo ya que mezcla lo que puede ser el género de la vieja tradición de contar historias con la tradición teatral de poner en escena esas historias”.

La propuesta de Luis Llosa es original y ecléctica porque al provenir del mundo del cine y de la televisión, le ha añadido a esta puesta elementos audiovisuales, digitales, coreografía y música, “en suma, un mayor sentido del espectáculo de lo que puede ser la propuesta original. Mario y Vanessa se van metamorfoseando en una serie de personajes muy distintos, pero en esencia lo que la obra hace es contar una historia de amor y estoy muy satisfecho con los resultados. La transición de Mario, de escritor a actor la está haciendo con mucha solvencia”.

Las mil noches y una noche son cuentos árabes que a todos nos han contado cuando éramos niños y muchos de nosotros hemos leído en las distintas versiones, y del cual no existe un libro canónico puesto que son cuentos árabes que llegaron a la lengua árabe de otras culturas y que fueron reunidos inicialmente por arabistas occidentales, primero un francés, luego ingleses alemanes que recogieron estos cuentos de distintas versiones orales. Las mil noches y una noche, no constituye un libro sino una serie de libros que comparten cuentos e historias a los que cada recopilación aporta versiones distintas a los que aparecen en los demás.

Lo que hizo el autor de origen peruano fue una adaptación minimalista de esa selva intrincada que el mundo  de Las mil noches y una noche es una obra que cuenta con dos actores pero con muchos personajes. “La situación que articula todas las historias de ese libro es una parábola maravillosa que nadie sabe quien la inventó, sobre la función que ha tenido la ficción, la fantasía, las historias y los cuentos en la civilización humana”. 

Vargas Llosa recordó que el libro es la historia de un monarca que todas las noches escucha las historias que le cuenta Scherezada y las deja en suspenso, para provocar la curiosidad del gobernante y evitar ser asesinada. Dicha situación fue  transformado al rey sanguinario y brutal, “gracias a esa impregnación de la fantasía de los cuentos, y el bárbaro se va humanizando, sensibilizando, enamorando y convirtiéndose al final de la historia en un ser infinitamente superior al que era cuando esta historia comenzó.

“No hay una parábola en la literatura que muestre de una manera tan gráfica, tan sencilla y al mismo tiempo tan profunda, la función de la ficción en la vida, es algo que humaniza al ser primitivo, sensibilizando, estimulando su imaginación, enriqueciendo sus emociones, sus sentimientos, sus pasiones y haciéndolo descubrir la amistad, la solidaridad y en el caso de esta historia, el amor”.

En la versión minimalista de Vargas Llosa, desechó los cuentos más populares del libro “para tener una mayor libertad a la hora de inventar. Los cuentos están representado en lo fundamental, pero en lo accesorio he introducido muchísimo mi propia fantasía e imaginación”. La pieza fue estrenada en España hace dos años, pero la versión que se verá en México es tan distinta que es casi como si se tratara de otra obra.

“Luis Llosa –dijo el Premio Nobel de Literatura– ama el espectáculo y ha rodeado esta obra de una serie de ingredientes que le dan una visibilidad, un movimiento y un entorno más visible y presente en el desarrollo de la acción: hay danzas, videos y apoyo sobre lo fantásticos.  Tengo la suerte de trabajar con Vanesa Saba una actriz muy experimentada, querida y admirada en el Perú, que además de sus muchas virtudes, entre ellas, su belleza, cuenta con una indulgencia extraordinaria, con su compañero de trabajo. Me ha ayudado muchísimo en esa difícil aventura que es subirse a un escenario para actuar”.

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