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Preocupante, la pérdida cotidiana de interacción padres-hijos

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 8 abril 2011
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UNAM/Investigación

Oaxaca, México.- En la actualidad, la lectura y las relaciones familiares han dejado de ser consideradas como un valor. Prueba de ello, es que ya no existe una interacción cotidiana entre padres e hijos y cada vez son menos los ratos en que juegan o comparten un libro, advirtió Yolanda Bernal Álvarez, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Hoy, indicó, los niños pasan largo tiempo solos, y en esa soledad, la televisión y los videojuegos se han convertido en un distractor poderoso que le ha ganado espacio a la lectura. Además, los papás de hoy tienden a asociar a ésta y al estudio con castigo; entonces, es común que digan a los pequeños: “como no comiste bien o te portaste mal, te encierras a leer”.

Es un grave error porque los libros no deben verse así, sino como un instrumento agradable, de adquisición de información, regocijo y desarrollo de la imaginación, “eso es excelente para los infantes, por lo que es importante que cuenten con espacios donde se promueva la lectura y, al inicio, tratar de llevarlos de la mano”, enfatizó la doctorante en investigación psicoanalítica.

Para ello, los adultos deben considerar la edad del menor y los elementos que pueden motivarlo. Por ejemplo, para los más pequeños hay libros elementales, de materiales resistentes y con temas que son de su interés, como colores, formas y animales. Asimismo, al elegirlos se debe tomar en cuenta el gusto del infante, porque si se le impone uno en particular, se dificultará la posibilidad de que lea de manera gozosa y lúdica, apuntó.

El estilo para acercarse a la lectura depende del niño, porque algunos prefieren adoptar un papel pasivo y escuchar la lectura, y otros, optan por manipularlos y ver sus ilustraciones, mencionó.

En cuanto a quién lee más, si ellas o ellos, Bernal Álvarez consideró que si hay diferencias de género, éstas son construidas por la sociedad. “Por lo general, a la niña se le piden más actividades relacionadas con las labores del hogar y puede ser que también se le supervise en mayor medida en cuestiones de tareas y, como consecuencia, lea más”.

En cambio, agregó, a los hombres no se les exige mucho, se les da mayor libertad y están menos tiempo en su casa, lo que les ofrece menos oportunidad de estar en un lugar tranquilo para realizar esa actividad.

Alternativas

Si bien una limitante en el fomento a la lectura son los recursos económicos, existen alternativas como las ferias de libros o las bibliotecas públicas. Las primeras, abundó, se han convertido en buenas opciones, pues se asocian con diversión y esparcimiento.

Además, recomendó que como parte de la socialización de los menores se les incorpore el manejo de los textos, para que los consideren como algo natural. Aunque para lograr un cambio de esta naturaleza es preciso mejorar la educación, modificar la actitud de los padres hacia sus hijos y destinar más recursos a la instrucción.

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