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Ingresa Vicente Leñero a la Academia Mexicana de la Lengua

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 13 mayo 2011
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Heriberto BLANCARTE L/Conaculta

Oaxaca, México.- Escritor, periodista, guionista y dramaturgo, Vicente Leñero ocupa desde desde el 12 de mayo la silla XVIII dentro de la Academia Mexicana de la Lengua, sitio que antes tuvo Víctor Hugo Rascón Banda, a quien fue dedicado el discurso inaugural.

En sesión pública solemne realizada en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, el autor de obras teatrales o novelas como Los albañiles o El evangelio de Lucas Gavilán, y de guiones de películas como El crimen del padre Amaro, recibió la distinción ante los miembros de número de la Academia.

Estuvieron presentes, Jaime Labastida, director de la Academia Mexicana de la Lengua; Diego Valadés, quien ocupa la silla XVI en esa institución; Miguel Angel Granados Chapa, integrante con la silla XXIX y Vicente Quirarte, adscrito con la silla XXXI.

 Vicente Leñero dedicó el discurso de aceptación titulado En defensa de la dramaturgia, al ex presidente de la Sociedad General de Escritores de México, al promotor cultural y escritor de teatro, Víctor Hugo Rascón Banda, además de a su hija, Estela Leñero.

“La de Víctor Hugo Rascón Banda nunca fue una dramaturgia fácil, su mensaje incita a contemplar la vida como un delito, como una continua transgresión del orden establecido, como la imposibilidad de escapar moralmente a nuestro destino trágico, por eso, hoy lo recuerdo con gran admiración al sentirme honrado al ocupar su silla”.

          Al dar lectura su discurso, Leñero recordó que Rodolfo Usigli utilizó la palabra “pieza” para reemplazar a la palabra “drama”, de la que se derivó el término dramaturgia.

          “Hoy, esta palabra la utilizan la mayoría de los autores en su afán por clasificarlo todo, en lugar de anotar Drama en dos actos u Obra en dos actos,  escriben simplemente pieza y problema resuelto”.

          Señaló que en términos lingüísticos también se producen confusiones con la palabra “teatro” debido a las múltiples acepciones que le otorga la Academia y que van desde el edificio destinado a albergar obras dramáticas, pasando por práctica del arte de representar montajes dramáticos, hasta literatura dramática.

          “Me detengo en la tercera acepción: teatro como literatura dramática, porque representa el problema de diferenciar subrayadamente a la dramaturgia del fenómeno de la representación teatral, la primera pertenece más al ámbito de la literatura que al del arte escénico”.

          Destacó que como escritura literaria este género merece ser valorado, pese al recelo con el que suele ser recibida por los editores cuando dicen sencillamente: el teatro no se vende.

          “Las obras dramatúrgicas están orientadas desde su concepción a su representación en un foro, sin lo cual no se cumplen cabalmente, pero pocos se detienen a pensar que estas existen antes como literatura y precisamente como literatura de peculiar gramática las aprecia y desprecia el editor en potencia”.

Aseguró que las obras dramáticas representan la oportunidad para que el público potencial realice su propia puesta en escena con su imaginación, al igual que posteriormente un director escénico al leerlas realizará la aventura de magnificarlas o la desventura de malinterpretarlas.

“Lamentablemente esto último sucede con demasiada frecuencia. En esta línea de pensamiento puede decirse que conocemos la dramaturgia de Shakespeare, pero no el teatro de Shakespeare; la dramaturgia de Ibsen, pero no por desgracia las obras de Ibsen, ni tampoco de los griegos, ni de los autores del Siglo de Oro”.

          Finalmente, Vicente Leñero lamentó que aunque la arqueología teatral y los estudios antropológicos se esfuerzan por hacernos avizorar cómo se llevaban a cabo las obras del pasado, resulta imposible percibirlas en toda la complejidad impuesta por las técnicas actorales  y escénicas de los tiempos pretéritos.

          “Imposible saber también con precisión cómo estas técnicas condicionaban también la escritura de los dramaturgos de entonces, conocemos sus obras, pero no lo que se hizo con ellas en un foro. La dramaturgia es perdurable, el teatro es efímero”.

          Y agregó: “Se antojaría por eso, al margen de las muchas acepciones académicas de la palabra teatro, que por ejemplo, las obras del maestro Rodolfo Usigli, por citar un ejemplo, se editaran como Dramaturgia completa y no como Teatro completo, concluyó Vicente Leñero.

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