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Museos, vitrinas de la identidad nacional

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 27 mayo 2011
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Alicia RUVALCABA /INAH

Oaxaca, México.- Un análisis del devenir en la creación de los más de cien museos que tiene a su cargo el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), y su relevancia como uno de los cimientos culturales más sólidos del país, sobre el cual se sustentó la identidad nacional, es el que ofrece el libro Las vitrinas de la nación, presentado la víspera en el Museo Nacional de Historia “Castillo de Chapultepec”.

Las implicaciones políticas, económicas y sociales —nacionales e internacionales— del siglo XX, que tuvieron injerencia en el proceso de desarrollo y consolidación de los museos en México, son abordadas por la doctora Lorenza del Río Cañedo, autora de esta publicación derivada de cuatro años de investigación sobre el desarrollo del patrimonio museístico de México.

La red de museos que administra el INAH, que a la fecha suman 120, y que representa la más grande del país, es el punto de referencia a partir del cual se construyen los rasgos identitarios que nos cohesionan como mexicanos. “Son espacios que además abrieron sus puertas al mundo para ofrecer una visión de la historia del país”, comentó la autora.

Lorenza del Río, directora del Museo Casa de Carranza, destacó que “los museos en México a diferencia de los de otros países, no se integraron con la importación de piezas o documentos extranjeros, sino que están conformados con objetos propios, encontrados dentro del país, por eso es que estos espacios son tan relevantes, porque  en ellos están gran parte del patrimonio cultural de la nación”.

La historia de la red de museo del INAH, dijo, ha obedecido al objetivo de impulsar la conservación, la investigación y difusión del patrimonio cultural del país, y a lo largo del tiempo ha experimentado los cambios históricos y sociales nacionales e internacionales.

En este sentido, recordó que el INAH desde su fundación en 1939, estableció alianzas con los estados y los municipios para impulsar la creación de museos para la conservación, investigación y divulgación del patrimonio cultural mexicano, compuesto por un vasto acervo que va desde la prehistoria, las épocas prehispánica, colonial e independiente, hasta concluir con la riqueza cultural del siglo XX.

“Fue así como el INAH buscó que a partir de un discurso que explicara el pasado, se fomentara la unidad nacional, lo que le valió constituir uno de los cimientos culturales más sólidos del México, pues después de la Segunda Guerra Mundial y debido a la existencia de varios grupos —como socialistas y comunistas—, el país tuvo la necesidad de una definición de lo nacional, que se trató de dar por medio de la enseñanza de civismo, los símbolos patrios y la historia nacional contada muchas veces a través de los museos mexicanos”, explicó Lorenza del Río.

Las vitrinas de la nación. Los museos del Instituto Nacional de Antropología e Historia, está integrado por seis capítulos: Tres décadas de gobiernos posrevolucionarios: los primeros años (1939-1960); Orden, paz y progreso: crecimiento y desarrollo (1960-1970); Principio del fin: preámbulo de una crisis (1970-1976); Ruptura social, dispendio y corrupción: colapso y búsqueda (1976-1982); En busca de la recuperación: reestructuración y modernización (1982-1994); Colapso financiero y transición política (1994-2006).

“A lo largo de estos apartados, que hacen referencia a seis periodos de desarrollo según las políticas públicas del país de 1939 al 2006, se habla respecto a los más de cien museos del INAH, entre los que se destacan los 20 regionales, que ofrecen un resumen del desarrollo histórico regional, marcando con frecuencia las etapas de la historia nacional adaptadas a las de cada entidad en las que están ubicados.

“También se hace énfasis en los cinco museos nacionales, de Historia (1944), de Antropología (1964), del Virreinato (1964), de las Culturas (1965), y de las Intervenciones (1981)”, cuyo objetivo es exhibir una síntesis de la historia o de las manifestaciones culturales representativas del país”, profundizó Del Río.

Durante la presentación del libro, Benito Taibo, coordinador nacional de Difusión del INAH, resaltó la importancia que los museos han tenido al paso de los años al ser “instituciones emblemáticas que adquieren, conservan, investigan, comunican, exponen y discuten sus colecciones de cara a la sociedad abriendo una ventana, una vitrina, para volverse pasado y presente, y que en ocasiones se diluyen para transformarse en menos abstracción y más concreción, teniendo como fin el dejar esa huella indeleble y cercana en la memoria colectiva”.

Asimismo, agregó, los museos han sido marco interpretativo, presencia, espacio lúdico y de reflexión, recordatorio y máquina del tiempo, e instrumento político como complemento para la creación de estados nacionales,  porque a través de la recuperación del pasado mexicano y su difusión por medio de los museos, se dotó a la sociedad de un emblema identitario y nacionalista.

En su oportunidad, el sociólogo Gerardo Estrada afirmó en este mismo sentido que la cultura es el cimiento para crear identidad de una sociedad, “es lo primero que se ve de una nación, es la cara identitaria, es el rostro que define a un país a nivel internacional, y los museos son las vitrinas que dan a conocer ese rostro”.

Por su parte, la historiadora María Teresa Franco calificó al libro Las vitrinas de la Nación, como “una obra pionera en la investigación del papel de los museos como cimientos identitarios del país, es decir, como argumentos de la unidad nacional”.

Finalmente, la autora Lorenza del Río añadió que en las páginas del libro también se expone el impacto de las políticas internacionales en el quehacer museístico mexicano. “Un ejemplo de ello fue la creación de la Organización Mundial de Museos (ICOM por sus siglas en inglés) dependiente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en 1945 al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

“Dicho organismo estableció ciertos acuerdos internacionales que beneficiaron a los museos, coleccionistas y patrimonio de las naciones que se inscribieron en él, entre los que destacan que los museos debían contribuir a la vida intelectual y cultural de la población, la cual podía participar de las actividades dinámicas y didácticas que propusieran, de tal modo que los museos debían entablar relaciones estrechas con diversos grupos sociales para estimular la educación y la instrucción escolar”, concluyó.

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