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En el divorcio de pareja, los hijos son tomados como rehénes

Publicado por @Shinji_Harper el martes, 31 mayo 2011
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Oaxaca, México.- En entrevista, la Juez Primero de lo Familiar del Distrito Judicial del Centro, licenciada Cruz Osvelia Martínez Martínez, señaló, que en muchas ocasiones cuando una pareja atraviesa por la separación conyugal los hijos son tomados como rehenes, esto en relación a las demandas que recibe por pérdida de la patria potestad en el juzgado que dirige.

Abundó que cuando así sucede, los cónyuges, cegados por sus emociones, empiezan  peleando primeramente por los alimentos, luego le sigue el divorcio y, finalmente, la patria potestad de los  hijos, dejando de lado la protección y el  desarrollo tanto físico como emocional del menor.

Indicó que ella en su calidad de Jueza tiene como deber actuar con base en el interés superior del menor, siendo su prioridad el protegerlo, ya que los hijos en disputa son menores de edad, indefensos y no tienen ante la ley una capacidad jurídica para actuar por sí mismos. Por esta razón, es importante el trabajo del Ministerio Público adscrito al Juzgado, el cual consiste en reunir pruebas periciales, testimoniales y psicológicas de los padres para determinar con quién va a estar mejor el menor.

Cruz Osvelia Martínez apuntó también que la mayoría de los casos que se procesan en materia familiar se dan por falta de comunicación. Factores económicos y exceso de trabajo inciden en la erosión de la sana convivencia en la familia, por lo que es menester hacer todo lo necesario para suplir esta carencia.

Cabe destacar que la Patria Potestad consiste en los derechos y obligaciones que tienen los padres con respecto a sus hijos como la obligación de suministrar alimentos, proveer educación, vivienda, protección física y emocional. Sin embargo, en caso de que alguno de los padres no ejerza correctamente estos derechos y obligaciones, es probable que pueda perderla.

Otras causas que inciden en la pérdida de la patria potestad son la violencia en contra de los menores, abandono de hogar de manera injustificada por parte de uno de los conyugues en un período de más de tres meses, delitos dolosos en contra del individuo o en contra de sus bienes o si existen dos o más condenas por delitos graves.

1 Comentario »

  • Mirta Guelman dijo:

    Hijos rehenes de divorcios conyugales y prejuicios culturales
    Publicado en Rosario3.com
    http://www.rosario3.com/opinion/noticias.aspx?idNot=93142&idColumnista=33&Hijos-rehenes-de-divorcios-conyugales-y-prejuicios-culturales

    Los que diagnosticamos, asistimos o juzgamos estructuras familiares, en las que crecen niños y adolescentes, debemos apelar a un enfoque transdisciplinario y no apartarnos de la indispensable neutralidad valorativa, lábil por las inevitables empatías que despierta cada miembro de la pareja paterna. Nuestro rol es ayudar a que el ser en crecimiento y desarrollo, llegue a ser humano entero, adaptado y ético, al margen de cualquier formato o estado de la pareja conyugal (convivientes, divorciados u otras). Ningún niño puede dividir su corazón o elegir entre aurículas y ventrículos, a la hora de irrigar su vida, deben sentir que sus padres son socios de por vida.
    Personalmente investigué en niños adoptados, los parecidos en sus rostros, formas de caminar y reaccionar, con sus padres adoptivos, mostrando que el genotipo (aspecto morfogenético por mandato genético) es desmentido y visible en el fenotipo, esculpido por el amor y la identificación gestual e imitativa. En la actualidad, las neuronas espejo, descubiertas por Giacomo Rizzolatti, y colaboradores de la Universidad de Parma (Italia), refuerzan estas explicaciones y dan cuenta de cómo debemos comprometernos con las percepciones que dejan huellas indelebles, en el cerebro de los niños.
    En el proceso de construcción de la identidad, intervienen ambos padres y en la pubertad y adolescencia, el padre es tan importante como la madre al lactante… En las primeras etapas de la vida, la nutrición proteico afectiva es vital, como lo es la nutrición afectivo- normativa, en la etapa puberal. No es lo mismo un padre presente, que el “intermitente”, que va y viene por decisión personal o por “régimen de visitas”. De por sí, la palabra régimen da cuenta de una regulación externa o “dieta”, que bloquea la espontaneidad de cada circunstancia vital. Suelo comprobar, los efectos perniciosos de este recurso, en el desarrollo psíquico, físico y social de los hijos. Si a esto se agrega, el incumplimiento de lo que determinan los jueces, en base a relatos y anamnesis o informes de profesionales, obviamente subjetivos, se cometen errores iatrogénicos.
    Los donantes de genes, transportados por espermatozoides, vendidos o donados, no pueden se considerados “padres”. Tampoco los confirmados por ADN sin otras funciones parentales o paternales. La membrana familiar (al margen de las geometrías culturales), permanentemente construida y reconstruida, resguarda la usina de percepciones, sentimientos y sensaciones, que disparan re-acciones o comportamientos, el resto de la vida. Evitar su lisis, destrucción, es vacunar contra patologías físicas, psíquicas y sociales.
    La ley 23.849, sancionada el 27 de septiembre de 1990, avala los 54 artículos de la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobados el 20 de noviembre de 1989 por la Asamblea de las Naciones Unidas. Fue promulgada de hecho, el 16 de octubre del mismo año e incorporada el 22 de agosto de 1994 a la Constitución Nacional: artículo 75 (inciso 22). En ese texto se aclara: “Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes.” Y en la Declaración se subraya el interés superior en el niño, “por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento”. La ley refiere en su artículo 9: “el niño no debe ser separado de sus padres contra la voluntad de éstos, incluso cuando los miembros de la pareja parental divorciada residan en Estados diferentes: ambos tienen derecho a mantener periódicamente salvo en circunstancias excepcionales, relaciones personales y contactos directos (art. 10).” Lo legal avala el derecho legítimo del niño, a construir y preservar su identidad, adquirida no solo por mandato genético o biológico, sino por el intercambio comunicativo, nacido en el vínculo presencial, permanente (no intermitente) con los que funcionan como padres.
    Mirta Guelman de Javkin
    mirtaguelman@hotmail.com

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