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Alejandro Rossi supo que la filosofía no era solo lo establecido: Juan Villoro

Publicado por @Shinji_Harper el Sábado, 4 Junio 2011
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Heriberto BLANCARTE L/Conaculta

Oaxaca, México.- Alejandro Rossi, filósofo, académico, escritor, ensayista, investigador, dejó una huella indeleble en la cultura mexicana y en las rutas de pensamiento de nuevas generaciones, durante décadas, como un ejemplo del espíritu universitario y de la difusión del conocimiento.

A dos años de su muerte, la ausencia de este pensador nacido en Italia y que radicó en México durante más de 50 años, continúa sintiéndose profundamente en el ámbito cultural mexicano. Conaculta le rinde homenaje con motivo de su segundo aniversario luctuoso.

El Colegio Nacional rendirá homenaje al autor de Manual del distraído este lunes 3 de mayo.

Amigos cercanos de Alejandro Rossi como Luis Villoro y Juan Villoro lo recuerdan como un hombre que estableció con su obra un continuo diálogo entre la filosofía y la literatura, enriqueciendo a numerosas generaciones de investigadores y estudiantes que continúan estudiando su legado.   

     “La filosofía, para Alejandro Rossi, era una entidad en constante cambio que no se sujetaba a temas establecidos  y que podía abarcar cualquier aspecto de interés para el hombre”, afirmó Luis Villoro, quien mencionó las coincidencias del pensamiento de Rossi con el de José Ortega y Gasset en el contexto de unificar a la filosofía a vertientes como el arte y la historia.

     Desde los años cincuenta, Alejandro Rossi radicó en México para conformar una importante obra literaria entre la que se cuenta el célebre Manual del distraído, además de formar parte de los equipos de periodistas, escritores y académicos que fundaron revistas como Plural y Vuelta, dirigidas por el Premio Nobel de Literatura mexicano Octavio Paz.

     Por su parte, Juan Villoro, rememoró a Alejandro Rossi como un gran conversador que solía amenizar las sobremesas con numerosos temas universales, además de deleitar a sus alumnos y colegas de la universidad con charlas de gran profundidad.

     El escritor recordó que Alejandro Rossi tenía una personalidad muy definida, que lo mismo podía hacer gala de paciencia a la hora de realizar un trabajo académico, que se caracterizaba por su impaciencia ante pequeños detalles de la vida cotidiana.

     “Si durante la comida alguien le ponía sal a un platillo sin probarlo antes, era motivo para despertar su enojo, todo ello contrastaba con su afabilidad para otras cuestiones. Recuerdo que de adolescente solía convivir con su familia y junto con su hijo le lavábamos el carro. Nos decía que podíamos quedarnos con todas la monedas que encontráramos en su interior. Siempre hallábamos pequeñas fortunas”.

     Por su parte, el escritor Arturo Azuela, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, recordó a Alejandro Rossi como una figura trascendental de los  ambientes universitarios y literarios. 

     “Recuerdo su generosidad y su solidaridad a toda prueba. Me apoyó plenamente para enseñar un curso sobre historia de las matemáticas en el Colegio de Filosofía de la UNAM, siempre se interesó por cualquier buena idea que pudiera enriquecer el conocimiento de los alumnos”.

     Arturo Azuela afirmó que como muchos entusiastas de la cultura, encontró en la obra de Rossi una fuente de constante consulta, desde los artículos que publicaba para la revista Plural, hasta textos que se han convertido en clásicos literarios como El manual del distraído.

     “A medida en que su obra se fue desarrollando, me di cuenta de que se trataba de un escritor trascendental. Es indudable que el interés y la revisión de la obra de Alejandro Rossi, irá creciendo con los años. Un legado admirable y de gran rigor”. 

     Durante el homenaje realizado el año pasado en El Colegio Nacional a la memoria de Alejandro Rossi, el historiador Enrique Krauze afirmó que fue en México donde este escritor y filósofo encontró a sus pares, un grupo nacido entre los años 20 y los 30 del siglo XX y en el que ya descollaban filósofos como Jorge Portilla, Luis Villoro y Fernando Salmerón, discípulos todos de José Gaos, figura tutelar de esa generación.

     “En México –recordó el historiador y escritor Enrique Krauze– Alejandro Rossi contribuyó a la puesta al día del Instituto de Investigaciones Filosóficas y además de impartir cátedras deslumbrantes, emprendió investigaciones innovadoras sobre lógica y semántica, además de publicar un clásico sobre el tema: Lenguaje y significado”.

     Enrique Krauze destacó que lo interesante en el caso de Rossi es la derivación de la filosofía hacia la literatura, hecho que ocurrió cuando cumplió 40 años y comenzó a publicar en la revista Diálogos que dirigía Ramón Xirau y más tarde en Plural de la que era director  Octavio Paz.

     “Los suyos eran una serie de relatos sorprendentes e inclasificables que se titularon El manual del distraído. En aquellos textos de literatura filosofante, los lectores identificaron de inmediato la aparición de una voz única. Cada relato era una lenta y cuidadosa decantación de objetos, personas, atmósferas, lecturas e ideas”.

     Enrique Krauze recordó que tras la publicación de esos textos en 1978, Rossi abundó en el mismo género con el texto Un café con Gorrondona, pero en los noventa dio un giro inesperado al publicar La fábula de las regiones, seis relatos magistrales emparentados cercanamente con las historias y geografías de Gabriel García Márquez, pero sin cuadros torrenciales del poder ni intrincadas alquimias de realismo mágico.

     “Eran sutiles acuarelas impresionistas, perfiles de almas melancólicas, crepusculares, estoicas, espectrales. El estilo de Rossi tiene como protagonistas a los adjetivos, en cada página, a veces en cada párrafo, hilvanó formas nuevas y primigenias para nombrar a las cosas”.

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