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Monsivaís, la conciencia lúcida y penetranbte de México: Sergio Pitol

Publicado por @Shinji_Harper el Lunes, 20 Junio 2011
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Pedro RODRÍGUEZ Z/Conaculta

Oaxaca, México.- Carlos fue muchas cosas, pero sobre todo nuestra conciencia común más lúcida y penetrante. Su persona y su obra se convirtieron en una guía moral para moverse en este México del que tanto escribió y al que supo ver tan claramente.

A su muerte, hay en el ambiente una suerte de desamparo. Nadie podrá tomar su lugar. Ya se extraña su prosa transparente y aguda, sus comentarios certeros y eficaces, su presencia universal.

Es el pensamiento de Sergio Pitol, el más entrañable amigo de Carlos Monsiváis, con quien sigue unido: “a través de sus libros sigo dialogando con él, como desde aquel 1954”, cuando se conocieron.

     El domingo en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, amigos, conocidos, funcionarios y gente de la calle que le dio la mano, platicó con él o fue cercano a Carlos Monsiváis, se reunieron para participar en el homenaje Un año sin Monsiváis, que organizó el Conaculta y la Coordinación de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes. 

     Amiga del autor de A ustedes del consta, Martha Lamas, lo consideró la brújula política de amplios sectores de nuestro país y centró su plática en el activismo del escritor. “Monsiváis encarnaba una postura paradigmática: la de un luchador incansable en todos los frentes que se lo requerían: atento a la realidad nacional, exhibía las mentiras y las barbaridades de los poderes fácticos, lamentaba lo que hoy nos lacera como país y, además, nos explicaba por qué ocurría”.

     “Carlos insistía en que la apuesta por una transformación política encuentra su mayor aliado en el campo de la cultura, al grado de que si no se da también la batalla cultural, se puede perder la batalla política. En su incansable y persistente lucha a favor de la tolerancia en todos los campos Monsiváis apoyó a muchísimos grupos de activistas, entre ellos, a las feministas. Era un verdadero oximoron: Un misógino feminista. Y no lo digo yo, sino que así se describió en una ficha autobiográfica.

     “Carlos era, como tituló su biografía de Salvador Novo, un marginal en el centro. A diferencia de muchos intelectuales, perseveró en su posición ética y radical. Su partida nos conmueve porque aún tenía mucho que dar a este México, tan necesitado de sus inteligentes y valientes intervenciones ante al adversidad.      Hace un año Elena Poniatowska, reflejando el sentir de miles, se preguntó: ¿Qué vamos a hacer sin Monsi? hoy me respondo: hay que seguir leyéndolo, porque leerlo es recuperar su lucidez y su aliento combativo”.

     De la obra de Carlos Monsiváis, abierta, vital, provocadora, permanente, Jenaro Villamil, identificó cuatro ejes importantes en la vitalidad de su obra: “En primer lugar, no existieron para él territorios únicos u ortodoxos de expresión. Consideraba que la crónica no sólo era un género periodístico sino un vehículo para desplegar sus recursos ensayísticos, su talento extraordinario, cultura totalizadora, su memoria privilegiada, su extraordinario oído para la poesía y las expresiones populares, su propia capacidad fabuladora y su ironía emparentada a la escuela de Óscar Wilde y de Salvador Novo, pero también la lectura constante y erudita de la Biblia, que desde su niñez, fue pilar fundamental en su talento para la metáfora y la parábola.

     Resaltó además sus aforismos. “La obra de Monsiváis no se explica sin un ingrediente fundamental: su compromiso e interés por divulgar, analizar, apoyar y compartir los movimientos sociales en contraposición con la cultura dominante de los poderes religiosos, político, económico, o social.  La tercera vertiente que Villamil resaltó fue que Monsiváis fuera un compendio periodístico inigualable y el otro gran pilar “su enorme gusto por las expresiones culturales, en general, y en especial las de la Ciudad de México”

     En el texto que Elena Poniatoswka escribió Monsi después de Monsi, luego de asistir el viernes pasado a la ceremonia de colocación de las cenizas del escritor en una urna del Museo del Estanquillo, habló de dos gatos que rescató y adoptó: Monsi y Vaís, a los que padece “como padecí a Monsiváis porque amarlo era padecerlo”.

     Esos gatitos recogidos son para Elena Poniatoswka, la presencia total de Monsi en su casa: en la sala, en el comedor en las escaleras, en los pasillos, en el lavadero, “a todos horas en todo momento, día y noche. Digo ‘Monsi’ y ‘Váis’ diez o más veces al día, como un conjuro contra la ausencia, una pócima que disminuye la soledad. Imagino que Monsi era un hombre ciudad como lo llamó Adolfo Castañón.

     “Monsi se convirtió en el consejero aúlico de Martha Lamas, de Chema Pérez Gay, de Iván y de Nelly Restrepo. Hoy por hoy su risa matutina hace una gran falta, una falta horrible, lloraba de risa y su risa tenía mucho de gato, una risa única que ojalá haya quedado grabada, imitaba a unos y otros”.

     La urna de Monsiváis que hizo Francisco Toledo, la describió Elena Poniatowska: “…su redondez de tierra la convierte en un abrazo… Acoge, cobija. Lentamente pulida, brilla trabajada por las manos del buen alfarero, del creador y del artesano del que sí sabe hacer las cosas y sobre todo sabe rendirle homenaje al amigo… es un gato que se redondea sobre sí mismo para dormir su larga vida de siete vidas. 

     “Su gran entereza, su lucidez implacable, su inteligencia crítica, su falta de poder personal y su total ausencia de privilegio lo convirtieron en una defensor de los derechos civiles, en el intelectual que más y mejor supo protestar por las violaciones a los derechos humanos, en el ciudadano que mejor denunció la inmensa ineptitud y la codicia rampante de los políticos que nos gobiernan, el que le dio una buena bofetada a la demagogia monolítica. Por eso sus seguidores también somos en cierto modo un operativo a futuro al que se le unen todos aquellos sobre los que Monsi escribió, Salvador Novo y Chano Urueta, Ramón López Velarde y Carlos Pellicer…”

     En el homenaje a Monsiváis estuvieron presentes Teresa Vicencio, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, Carmen Gaytán, directora del Museo de San Carlos, Carmen Galindo, Javier Aranda, quien fue el moderador de la mesa y decenas de amigos del fallecido autor.

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