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Llama Corral a Gabino Cué a no olvidar gobernar con el pueblo

Publicado por @Shinji_Harper el domingo, 4 septiembre 2011
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De la REDACCIÓN

Oaxaca, México.- El diputado federal Javier  Corral Jurado, hixo un llamado al gobernador Gabino Cué depositar más poder a los ciudadanos  “para que los haga protagonista de sus propias decisiones, no solo será democrático sino más eficaz, la vigilancia, la crítica, la denuncia como instrumentos de esta participación ciudadana.

A continuación el texto integro leído durante este sábadoen el primer aniversario del fallecimiento del militante panista Guillermo Zavaleta realizado en el Teatro Macedonio Alcalá:

Quiero hablar un poco de la amistad, y otro poco de la política.

Hace un año y medio vine a Oaxaca a sumarme a la lucha por la alternancia, movido por una razón superior y por un sentimiento de amistad personal.

La convicción de que era el momento del cambio en Oaxaca y que desde aquí se podía enviar un mensaje de transformación profunda de la política nacional, e incluso, así lo ilusiono desde entonces, Oaxaca podría relanzar la idea de la transición democrática en el país, y había que contribuir a ello desde cualquier rincón del país.

Foto: www.quadratinoaxaca.com

Pero también el otro gran motivo de mi presencia por acá, fue el lazo de amistad, ese sí y hasta ahora indestructible a pesar de la muerte –  con Guillermo Zavaleta Rojas. A la política la atraviesan convicciones, pero también vínculos de afecto y de solidaridad personal, de admiración, y de confianza entre las personas. He dicho en varias ocasiones, para que las razones sean verdaderas, tienen que pasar por el corazón. Si no, no son ciertas.

Fue Memo el que me convenció de venir ayudar, y sí, lo hice con la convicción por delante pero con un afecto personal ya para entonces desbordado por él, en el vínculo más importante que la persona construye en la vida, para darle sentido a su vida y a la de los demás: el de la amistad. la amistad que es uno de los rostros sociales del amor, junto con el de la solidaridad. Y la amistad tiene tres grandes acuerdos que son,  aceptarse como es uno, no contarnos mentiras y querernos mucho.

Ese vínculo de la amistad fue entre nosotros de una velocidad increible y de una intensidad inimaginable. Lo conocí apasionado y franco, solidario y alegre, implacablemente ingenioso, signo inéquivoco de que habitaba en él una mente inteligente. Conocí sus hazañas anteriores, su valor y su arrojo desplegados desde muy temprana hora, porque siempre que me pedía que nos reunieramos con el pretexto de que quería conocerme más, en realidad lo que quería es que yo lo conociera a él. Por ejemplo, supe de él, y me reencendió la mía, de su fé por la virgen de juquila, no me imaginaba tan devoto a un espíritu tan libre, y ahí supe también que cuando un hombre es capaz de arrodilarse ante una morenita como ella, merece que le llamen hombre. Supe de él, según su palpitar, que finalmente le había llegado el amor, y luego me sorprendió: se casaría con una muy joven mujer, de nombre Keren, que no compartía su religión católica. Pero el amor todo lo puede. porque todo lo espera y todo lo soporta. Y así nos fuimos a huatulco y presenciamos una celebracionecumenica. Y en la boda civil me invito como uno de sus testigos. Habíamos cerrado el pacto de Huatulco, nos hicimos amigos.

Vino luego la visita a El tule, ahí donde pensó, planeó y construyó con gran ilusión la casa para él, keren y Nicolas.

Hubo en nuestra amistad, una prisa por empatar nuestras historias. Porque en realidad dimos la impresión, porque así era, que nos conocíamos de toda la vida.

A Memo me lo presentó Santiago Creel, en un momento en el que compartíamos una condición similar: eramos candidatos a Diputados de representación proporcional tras haber triunfado en las condiciones más adversas que al menos yo hubiera enfrentado en el partido, porque nos enfrentamos a mezquindades inauditas que llegaron al extremo bochornoso de trampearnos nuestras elecciones. Luego nos reconocimos en un dato que nos marcaría en el incio de la legislatura: nos sabíamos malqueridos por el Presidente de la República. Por distintas razones, pero a diferencia de otros, nosotros celebrabamos esa inquina como un acto de liberación , porque nos sentíamos realmente superiores.

Su pronta partida, su ausencia que tanto duele, nos confirmó su grandeza, su superioridad, por eso aun nos duele no tenerlo entre nosotros.

Pienso que una de las formas de recordar a Zavaleta. es ser fieles a su mejor motivación y a su mejor intención, y a su aportación a la alternancia en Oaxaca. Recordar cual fue el sentido de la singular participación ciudadana.

Recordar – como lo escrbí hace 9 nueve meses -, que el triunfo electoral del pueblo de Oaxaca esta precedido de muchas luchas, batallas y movimientos populares, también de un acumulado de historias de enorme valor civil que personas sin más armas que la vida misma llevaron a cabo en defensa de la libertad, la justicia, los derechos humanos. También es necesario recordar en este preciso momento que en medio de la esperanza que todavia subsiste por la renovación del gobierno estatal, subyace una amargura que es tristeza e indignación, la de los desaparecidos y los muertos que con su sangre regó las calles y plazas de Oaxaca. Sobre todo la represión, hasta ahora impune, del 2006.

Ojalá que se recuerde que el triunfo del pueblo de Oaxaca, tuvo el carácter de un Plebiscito, entre una época obscura, simuladora, en la que el pueblo fue oprimido, a otra en donde existe la esperanza de que brille la luz de una nueva comunidad que toma en sus manos su destino, y con sus nuevas autoridades construye el edificio de la casa grande y amada que debe ser ejemplo de cordialidad y ejemplo de justicia.

De la épica gesta son titulares los ciudadanos de Oaxaca, no hay duda de ello, aunque aún escape a algunos miembros de la clase política que encabezó ese movimiento social, la comprensión del carácter plebiscitario de esa elección. Se cree que fue una conjunción de estrategas electorales venidos de distintos rumbos del país, una combinación de tácticas y recursos económicos suficientes, en una suma de partidos que formó una coalición de la que, no pocos de los que alzaron los discursos más encendidos a la hora del triunfo, fueron sus iniciales enemigos, permanentes socavadores.

Fue una lucha del pueblo de Oaxaca contra el gobierno de Ulises Ruiz – fase superior del despotismo priista de varias décadas en esta entidad-, en la que el mérito indiscutible es de los ciudadanos. 

Quien no quiera entender o comprender ese fenómeno, errará en enfrentar los retos y desafíos que supone el cambio en Oaxaca; si ello ocurriera, repetiríamos simplemente el modelo de territorio de alternancia, en donde lo que cambia son sólo los grupos políticos – con diferencias menores en la operación del gobierno, pero con mayúscula afinidad de intereses económicos -, y se dejaría intactas las estructuras que son la base de la injusticia social. No fueron llamados para ser administradores honestos del gobierno, o eficaces operadores políticos solo para desplazar al PRI. Están llamados a ser reformadores, a rajar la leña, fueron mandatados para cambiar Oaxaca, no para administrar los intereses creados. No se trata de gobernar al pueblo, sino gobernar con el pueblo.

Pienso que ahí está el mayor reto  de quienes hoy tienen la responsabilidad del poder estatal. convertir la acción de gobierno en una victoria social y cultural del pueblo de Oaxaca. La responsabilidad, ni más ni menos, es ofrecer al difícil momento mexicano un referente local de una autentica transición a la democracia, en el que el desmantelamiento de los ejes autoritarios – cacicazgo, corporativismo, corrupción e impunidad -, sea una realidad.

Esa posibilidad existe en Oaxaca, pero no se logrará solamente con el esfuerzo y la convicción que en ello depositen las nuevas autoridades. Nunca los cambios profundos han provenido de la tarea exclusiva del gobierno o de las clases poderosas, sino de la participación ciudadana responsable e informada, en la que participar no es tomar la parte que se supone nos toca, incluso si en justicia tuviéramos derecho a ella, sino poner nuestra parte para que las decisiones sean construidas en el consenso social más amplio posible. En la medida en la que el Gobierno de Gabino Cue deposite más poder a los ciudadanos, y los haga protagonistas de sus propias decisiones, no sólo será más democrático, sino más eficaz.

www.quadratinoaxaca.com

La vigilancia, la crítica, la denuncia deben ser instrumentos también de esa participación ciudadana. En esta etapa que viene, estoy convencido de ello, se necesita que el impulso social y la organización ciudadana no bajen la guardia, que no se aflojen los resortes de la exigencia, que no se echen las campanas al vuelo; toda clase política a la que se le flexibilizan los mecanismos de supervisión, a la que se le entrega un cheque en blanco o se le endosa la confianza a ciegas, se vuelve acomodaticia. Rápidamente se instalan en los privilegios, y se desatienden las obligaciones. La gente tiene que estar aquí y ahora, como apoyo al nuevo gobierno y contrapeso a los poderes fácticos, los intereses corporativos y clientelares, siempre magos para colocarse, diestros en reciclar sus lealtades y obtener los mayores beneficios.

Hay que darle tiempo al nuevo gobierno estatal, pero no hay que soltarlo de la mano, porque en los primeros pasos se pueden cometer errores garrafales.

Pienso y me abruman los retos que tiene el nuevo gobierno, enormes; pero anima saber de la reserva moral, la inteligencia colectiva, el dignísimo concepto de comunidad que tienen los oaxaqueños: eliminar la pobreza insultante de la mayoría de sus regiones, que hace al estado una de las regiones más desiguales de México; hacer de la educación un auténtico modelo de desarrollo humano integral; combatir la corrupción; dar plena vigencia al Estado de Derecho para la justicia, los derechos humanos, la libertad. Una política cultural para México desde Oaxaca; una división de poderes fundada en el respeto, la responsabilidad y colaboración. Y deseo, con la mayor emoción, que con todo lo anterior, sea el nuevo gobierno el que salde la deuda histórica con los indígenas de Oaxaca. Ojalá y que todo eso, siga estando presente en quienes hoy tienen la responsabilidad de esta transición. Lo deseo como chihuahuense que vino acá, como mexicano, pero lo deseo mucho más como amigo de Memo Zavaleta.

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