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Con libro, se atestigua el genio del pintor Pedro Friedeberg

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 9 septiembre 2011
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Oaxaca, México.- El Alcázar del Castillo de Chapultepec, de ambiente palaciego, abrió sus puertas al surrealismo y los sueños la noche de ayer jueves; pues fue el escenario de la presentación del libro Vacaciones por la vida. Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg, relatadas a José Cervantes.

La editora de Trilce Ediciones, Déborah Holtz y Julio Trujillo, titular de la Dirección General de Publicaciones (DGP) del Conaculta, fueron los encargados de dar la bienvenida a los asistentes.

Trujillo mencionó que la publicación es resultado de un trabajo de coedición, por lo que es importante apoyar a otras editoriales para que puedan publicar sus proyectos, como fue el caso de la propuesta de Holtz, quien narró cómo fue que conoció a Friedeberg hace ocho años, en una fiesta convocada por Florencia Riestra y el viaje mágico y místico que inició al lado del pintor y escultor nacido en Florencia, Italia en 1936.

        Astrid Hadad fue la primera en tomar la palabra para manifestar que se consideraba al igual que Friedeberg como una intérprete surrealista, portando un singular vestido plateado tipo halter en el que destacaban una serie de luces y un sombrero alto hecho en honor del artista que contaba con elementos propios de su obra como una mano, un hombre con cabeza de luna y unas mariposas.

        El escritor Nicolás Alvarado mencionó que fue en su infancia que conoció a Friedeberg a través de cuadros que le causaron una fascinación hipnótica, aunque no había tenido la oportunidad de conocerlo hasta el momento de la presentación de la publicación.

        “Lo que hay en este libro es una voz literaria para construir una vida que se ha empeñado en resignificar para convertirla en unas eternas vacaciones… Hay personas que nacen como genios de la vida y no queda más que admirarlos”.

        “Pedro Friedeberg quiso ser una cebra”, así fue descrito por la escritora Guadalupe Loaeza, quien recordó que desde hace 40 años sigue sus pasos. Describió la forma en que este animal comparte cualidades con el artista plástico ligado al surrealismo entre las que destacan su buen oído, una excelente vista y capacidad de observación, además de un agudo sentido del gusto y del olfato.

 En su intervención, Guadalupe Loaeza contó algunas anécdotas que aparecen en el libro como la amistad y desencuentro del artista con Leonora Carrington en una discusión sobre pintura y feminismo, sus charlas con la pintora Remedios Varo, su gusto por el cine y la música clásica, mientras Friedeberg escuchaba desde la primera fila portando una camisa animal print de cebra y una máscara alusiva a este género animal.

        “El espíritu y la fe en la vida le ha permitido encontrarse con las mujeres más hilarantes, las situaciones más desbordadas, las amistades más surrealistas y los hechos más apasionantes.”

        Por su parte la periodista y escritora Elena Poniatowska mencionó que Friedeberg se equivocó de siglo y habría sido más feliz en el siglo XVIII.

        “Nosotras las mujeres que admiramos a Friedeberg nos consideramos su corte, sus damas de honor, sus consejeras, sus bufones, sus Pitas Amor, y hoy en un momento como éste, se le rinde pleitesía porque es el más original de todos”.

        Agregó que se trata un libro festivo y antisolemne que plasma la vida de un filósofo y viajero que ha regalado a México 2 mil 500 obras de arte y cerca de 5 mil sillas.

        “Pedro es una gran trabajador, un artesano que nunca sería capaz de colocar una caja de zapatos sobre el suelo y decir que eso es arte”.

        Por último, el escritor José Cervantes, quien a lo largo de cinco años logró recabar todas las historias que conforman el libro, agradeció el apoyo y confianza de Friedeberg.

        “Fue un gozoso ejercicio de vocación siendo mi responsabilidad estimularlo para que contará sus experiencias”.

        El libro Vacaciones por la vida. Memorias no autorizadas del pintor Pedro Friedeberg, narra los encuentros con personajes de la talla de Mathias Goeritz, Antonio Souza, Kati Horna y Tamara de Lempicka, su influencia en el desarrollo artístico de Friedeberg y los lazos de amistad y admiración que los unieron, además de aspectos de su infancia y adolescencia, su salida de Italia ante la política impuesta por Mussolini, su llegada a México, anécdotas, viajes, descubrimientos personales y el origen y propuesta estética de su obra

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