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Concluiye seminario con el tema el periodismo cultural en la arena pública

Publicado por @Shinji_Harper el sábado, 24 septiembre 2011
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Oaxaca, México.- La crónica entendida como una forma de narrar que permite darle sentido a cosas que parecen no tenerlo, fue el tema central de la conferencia “Itinerarios del ornitorrinco: el periodismo cultural en la arena pública” que se realizó este viernes en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, durante el último día de actividades del Seminario Nuevas Rutas para el Periodismo Cultural.

En ella participaron el periodista, escritor, dramaturgo y columnista Juan Villoro, el investigador y profesor de tiempo completo del departamento de Derecho del Instituto Tecnológico Autónomo de México Jesús Silva-Herzog Márquez como comentarista y Ricardo Cayuela, jefe de redacción y editor de Letras Libres de México como moderador.

La conferencia inicio con la participación de Juan Villoro que leyó su ponencia titulada “Itinerarios del ornitorrinco” que define a la crónica como un ornitorrinco de la prosa, es decir, como un género que se beneficia de muchos otros y que se encuentra en la arena pública, es decir, “en la realidad que nos rodea, en los desafíos del México contemporáneo o como diría Ricardo Cayuela, del México que nos duele.

“Así como el ornitorrinco parece un animal constituido por muchos otros animales posibles, la crónica de alguna manera recibe influjos de prácticamente todos los géneros a condición de que contribuyan a contar una historia verdadera, es decir, comprobable en los hechos. Lo interesante es que no es ninguno de ellos sino que encuentra una condición propia.

“Pocos géneros son más dúctiles y creativos. Sin tergiversar los hechos, el cronista genera una ilusión de vida como si hubiera estado ahí. La crónica muestra lo público y lo privado. Una noticia de interés general asume ahí la intensidad de los destinos singulares. De esta forma podemos decir que estamos ante el más intenso cruce de la información con la emoción”.

Comentó que Internet brindó una tecnología para aventar la piedra y esconder la mano, es decir, para practicar el ultraje protegido por el anonimato, que ha dado lugar a un nuevo oficio; el de los numerati, investigadores “que convierten cifras como los precios de lo que se compra o los teléfonos que marcan patrones de conductas”.

Añadió que el periodismo que se ejerce hoy está en una desconcertante e inédita encrucijada. En donde si una nota sangra puede ir a primera plana, ya que la sangre es la evidencia más rotunda de que algo sigue siendo verdadero. Esto provocado por la sociedad del espectáculo y del simulacro en donde impera un criterio forense que se agudiza en un país como México marcado por la violencia.

También expuso que para que una nota califique como información, debe ofrecer una explicación amplia de lo ocurrido y brindar un contexto de los hechos, es decir, debe procurar un  entendimiento.

“Al componer su texto, el periodista cultural debe asumir dos compromisos difíciles de conciliar: uno es tiránico, es decir, no alterar los hechos. El otro es una consigna liberadora; narrarlos como nadie más lo ha hecho para lograr la mejor versión escrita de la realidad.

“La realidad del periodismo no está en la realidad. Todo texto es una construcción. Ser fiel a lo que ocurrió no depende de reproducirlo en forma neutra e indiscriminada, sino de recuperarlo con verosimilitud narrativa. En este sentido, todo buen periodismo cultural es una pieza literaria trabajada desde el lenguaje”.

Y añadió que la primera obligación del periodista cultural consiste en reconocer que trabaja en el orden de la representación, es decir, en el sentido de no sólo por abordar formas del arte que son en sí mismas reelaboraciones de lo real, sino porque la sola contemplación de los sucesos implica valorarlos, seleccionarlos, entenderlos, es decir, aplicar la subjetividad.

“El lema de un periodista debería ser `La curiosidad pudo más que el miedo y no cerré los ojos´. Es decir, debe sobreponerse a los riesgos de la experiencia y documentarlos a pesar de los obstáculos.

“El periodista cultural no puede darle la espalda al público, está obligado a tomarlo en cuenta, a causar sentido. Su trabajo depende de esclarecer la realidad en el presente y de contribuir a formar un público para la cultura. No puede posponer sus efectos para que lo comprendan siglos después”.

Narró que hoy en día el jefe de redacción es un mártir agobiado por la información en línea, y que en este sentido, su principal deseo no es buscar la singularidad, sino que no se le escape la nota de la que otros ya están hablando.

“El 80% de la información cultural que publica un periódico está en otro periódico. En este contexto lo peor que podría sucederle es que su director tome un diario de la competencia y le pregunte ¿cómo se nos fue esto?”.

También dijo que reportear se ha vuelto un oficio progresivamente sedentario, en donde los periodistas engordan mientras los periódicos adelgazan. Y que esto se debe, a que las secciones de cultura tienen una hora de cierre anticipada “y lo que pasa en la noche que por lo general es lo más decisivo ya no entra ahí. Esto ha provocado que el periodismo cultural sea conocido como la sección de antier”.

Durante su intervención Villoro también pormenorizó que todo buen periodismo es cultural, en el sentido de que establece una representación convincente y bien escrita de los hechos, y que el recurso fundamental del periodismo impreso es la escritura.

“La vigencia del periodismo cultural depende, entre otras cosas, de distinguir lo que debe ser buscado. Se trata de una decisiva tarea de conocimiento no para eliminar lo múltiple, sino para hacerlo comprensible.

“El periodismo cultural custodia una tradición y establece valores y jerarquías. Para precisar su importancia al mismo tiempo debe ejercer la crítica, la independencia y también  investigar las formas de comportamiento contemporáneas sin perder de vista su compromiso con la tradición”.

Antes de finalizar su intervención, Villoro expuso que el periodismo cultural no puede ser ajeno a la noción de público, ya que difunde para crear lectores y al mismo tiempo debe preservar los derechos del público ante las ofertas que aspiran a la masificación, lo homogéneo, a la concepción del individuo como un sujeto que es típicamente televisivo.

“Al periodismo corresponde la crítica de la masificación, la homologación de las conciencias, pero lo más importante: defender y renovar la tradición, decodificar significados, llegar a la verdad, contribuir al debate en la arena pública. Podemos comenzar por eso, pero también por conseguir un cajón para colocar los textos que algún día saldrán de ahí y revelarán que la realidad existe para ser contada”.

Por su parte, Jesús Silva-Herzog, comentó que el texto de Juan Villoro es de una riqueza extraordinaria, porque es un retrato no solamente del periodismo cultural, sino del periodismo en general. “Es una reflexión sobre el momento en el que estamos, sobre el sitio que estamos habitando que no es el planeta que pisábamos hace unas cuantas décadas”.

Y agregó que el periodismo cultural no es una sección en un diario o un apartado de papel en un periódico, “me parece que tiene que ver con el tono de una curiosidad, con la forma de que esa fisgonería se ejerce en el mundo con una necesidad de cierta distancia de la realidad y sobre todo de una reivindicación del sitio de la imaginación en el periodismo”.

También dijo que tenemos una necesidad como especie de la lentitud, de la reflexión, de la pausa, de un cierto distanciamiento “ante una necesidad de contarlo todo permanentemente, de formar absolutamente cada detalle de la existencia a través de las redes sociales y de esta urgencia de encontrar referencias para darle significado a la vida”

Silva-Herzog también mencionó que el periodismo cultural tiene que ser un salón vital de la conversación pública, “un salón que en buena medida hemos olvidado por esta confusión de que el periodismo es exclusivamente el dato duro, la información fría, los números, las cifras, los datos comprobables o la rijosidad de las polémicas políticas”.

Finalmente explicó que quizá la gran aportación del periodismo cultural es que puede ser la ventana que nos recuerda que somos habitantes de dos ciudades.

“Me parece que el periodismo cultural nos recuerda que pertenecemos a otra ciudad en donde podemos ser contemporáneos de muchos muertos, de muchos que vivieron siglos antes de nosotros. Que podemos ser miembros del mismo país de quienes crearon y pensaron en lo humano, en otras órbitas del planeta.

“El periodismo cultural nos abre una ventana que va más allá de este país amurallado, con una condición dramática y trágica en este momento. Creo que no podemos comprender el drama mexicano si no nos acercamos a esa ciudad imaginaria en esta necesidad de pensarnos en otras vidas, de imaginarnos en otras existencias. En este sentido, creo que el periodismo cultural no es otra cosa que el periodismo bien escrito

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