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Narcotráfico cogobierna con las autoridades de México: José Gil Olmos

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 12 octubre 2011
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Mario CASASÚS/El Clarín de Chile

Oaxaca, México .- En entrevista exclusiva con Clarín.cl José Gil Olmos (1962), periodista del semanario Proceso, analiza al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad: “A través del dolor percibido en las dos caravanas -al norte y el sur de México-, de recorrer más de 8 mil kilómetros por carretera, me di cuenta con claridad que el país está desgarrado –del tejido social-, que hay zonas del país controladas por el narcotráfico en complicidad con las autoridades locales y federales –en una especie de cogobierno-, y que recuperar todo eso será una tarea de años. ¿En qué momento se jodió México?, la verdad es que fueron muchos momentos, es una suma de momentos y el resultado es una crisis institucional de muchos años. Recuerdo que Javier Sicilia me dijo: ‘a través del dolor se miran distintas las cosas, se ven más nítidas y profundas’, las dos caravanas me permitieron tomarle el pulso al país a través de las víctimas”.

Autor de los libros: Los brujos del poder: el ocultismo en la política mexicana (dos volúmenes editados por RHM, 2008) y La Santa Muerte, la virgen de los olvidados (Grijalbo, 2011), y coautor en antologías de crónica policíaca, de narcotráfico y del conflicto armado en Chiapas; en la actualidad, el prestigiado periodista José Gil Olmos escribe un libro sobre el Movimiento por la Paz: “Quiero ver los elementos más finos de sus personajes –no sólo a Javier Sicilia-, enfocarme en las historias de las víctimas, así como explicarlo en el contexto que vive el país. Creo que el Movimiento por la Paz trascenderá por años y esencialmente lo que quiero decir es: que la esperanza no vendrá sola, ni a través de un caudillo o un mesías, sino decir que la esperanza y la paz es un camino que se construyen, que la esperanza vendrá del dolor, y como dijo Gandhi: ‘No hay camino para la paz, la paz es el camino’”.

MC.- Pepe, si bien el semanario Proceso cuenta con la Agencia APRO, el ritmo de trabajo es distinto a lo que hacías en La Jornada; ¿cuándo te incorporaste al equipo de reporteros de Proceso?

JG.- Me incorporé al semanario Proceso después de trabajar 8 años en el periódico La Jornada, de los cuales pasé 5 años fuera de la redacción porque me dediqué a la cobertura de conflictos, desde la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, al nacimiento de las guerrillas del Ejército Popular Revolucionario (EPR) y del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI). Así que me fui especializando en este tipo de conflictos, hasta que llega un momento en que la cobertura te cansa, te agota, realmente ya no quieres trabajar la nota diaria, sino escribir cosas de fondo, reportajes y crónicas. En marzo de 2001, llegó una invitación por parte del semanario Proceso para hacer coberturas políticas, durante varios años hice trabajos más especializados en partidos políticos, campañas electorales y algunos de aspectos sociales. Pero una década después –a partir de la muerte de Juan Francisco Sicilia- mi perfil editorial cambió, retomé la parte social porque siempre me ha interesado este aspecto del quehacer periodístico, estoy convencido de que un reportero es el representante de la sociedad.

Así que cuando asesinaron a Juan Francisco Sicilia comencé con la cobertura de las protestas sociales por la violencia que hay en México, y miré la transformación de las primeras marchas y el plantón de Cuernavaca hasta convertirse en un movimiento social, el primero en los últimos años que aglutinaba a miles de familiares de víctimas de la guerra que el gobierno mexicano le declaró al crimen organizado y que ha costado más de 50 mil muertos y miles de desaparecidos en todo el país. Entonces comencé a darle seguimiento al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el primero que se organizaba en un país de víctimas. Mi cobertura en la Agencia APRO -para las noticias cotidianas- se transformó, ya no sólo para mirar lo inmediato sino darle una perspectiva de mayor alcance –de fondo-, detectando a los principales personajes: las víctimas de la guerra, la parte vanguardista de la Iglesia católica –adormecida por años-, las redes de las comunidades eclesiales de base, los intelectuales, poetas, filósofos, artistas y cineastas de Cuernavaca. Esto es, contar la historia del nacimiento de este fenómeno social.

MC.- Javier Sicilia forma parte del equipo editorial de Proceso; ¿cómo se discute al interior del semanario el papel del poeta y la democratización de las voces de otras víctimas?

JG.- Inicialmente, cuando nos enteramos del asesinato de Juan Francisco Sicilia, fue un sentimiento de solidaridad y tristeza; porque Javier Sicilia ha trabajado en Proceso durante varios años, sabíamos su perfil de poeta y novelista, era conocido por su conciencia y activismo social, por sus diferencias con la cúpula de la Iglesia, pero sobre todo por su formación en la resistencia civil pacífica, incluso recuerdo que Javier intentó publicar una entrevista con el Subcomandante Marcos en La Selva Lacandona. En el semanario Proceso somos como una familia, todos nos conocemos y nuestros hijos son amigos o por lo menos se conocen entre sí. Al enterarme del asesinato de Juan Francisco Sicilia yo me propongo para ir a Cuernavaca y darle un seguimiento a los acontecimientos que se derivaron de este asesinato.

En la revista Proceso el reportero propone algunos temas, lo único que te piden son fuentes confiables y que toda la información sea confirmada. Así que en un primer momento no fui al sepelio como reportero, lo más difícil de hacer es el desdoble, fui como amigo y compañero de Javier Sicilia –él estaba en Filipinas-, me presenté con la familia para dar el pésame, pero la familia me vio como reportero y me pidieron que me retirara del velorio –porque era una ceremonia íntima-, yo lo entendí perfectamente. La revista tomó el tema como algo propio, y a través de este caso hicimos la lectura de la tragedia que está pasando a nivel nacional, de las miles de víctimas de la guerra contra el narcotráfico, de la injusticia e indolencia de las autoridades, de la falta de una respuesta de la sociedad. Fue a través de la experiencia de Javier Sicilia, que la revista Proceso profundiza aún más en este tema de las víctimas, que gracias al trabajo de Marcela Turati ya se venían publicando, sin embargo la muerte de algún integrante de la revista por razones de la violencia y de esta orgía de sangre no había tocado a Proceso: algunos reporteros habíamos recibido amenazas, pero no nos había tocado una fatalidad como la muerte de Juan Francisco Sicilia. Entonces creo que la revista se sensibilizó más y le dio un espacio especial.

Expresé mis opiniones ante el Consejo Editorial de Proceso, en el sentido de que las manifestaciones en Cuernavaca se convertirían en un movimiento nacional de víctimas de desaparición forzada, de tortura, de feminicidios y de homicidios en el contexto de la guerra de Calderón, en la revista compartieron mi visión y comenzamos a dar el seguimiento informativo y de análisis, tratando de hacer un equilibrio, porque evidentemente Javier Sicilia es de casa y le dimos prioridad. Con el paso de los días fuimos descubriendo a otros personajes, porque insistí ante el Consejo Editorial: si sólo abrimos los micrófonos a Javier Sicilia, cometeríamos el mismo error de La Jornada con respecto al Subcomandante Marcos –concentraron la noticia del EZLN en su protagonismo-, en el caso de Javier no correríamos el riesgo de perder el interés en otras víctimas, personajes y liderazgos del Movimiento por la Paz. De esta manera se complementó el trabajo que desde antes ya venía haciendo Marcela Turati, los muchos reportajes con las víctimas de la guerra contra el narcotráfico: huérfanos, viudas, miles de familias impactadas por el terror de la violencia.

MC.- Recuerdo tus primeros reportajes a partir del asesinato de Juan Francisco Sicilia, eran cartografías del crimen en Cuernavaca; a seis meses de distancia, el país está a punto de la balcanización, ¿qué diagnóstico harías con las radiografías de México después de las dos caravanas?

JG.- En 20 años de reportero, las coberturas más complicadas y más vívidas han  sido las dos caravanas del Movimiento por la Paz de junio y septiembre de este año, por el sufrimiento que expresaron las mujeres y hombres que buscan justicia para sus muertos y desaparecidos. Para mí fue un descubrimiento, porque tampoco había sentido de forma directa la pérdida de un ser querido en esta absurda guerra. En la Ciudad de México vivimos una especie de cápsula mientras el país se está desgarrando, tenía antecedentes, había publicado historias sobre el narcotráfico, pero no me había puesto en contacto directo con las víctimas, no las había escuchado desde su lugar. Cuando inició la Marcha del Silencio –de Cuernavaca al DF, del 5 al 8 de mayo- mi sensibilización se amplió, se hizo profunda. Personalmente experimenté una nueva y dolorosa cobertura de un conflicto, era totalmente distinta a las coberturas de los conflictos armados en la selva, en la montaña o en la sierra que durante varios años hice, primero porque ahí sí podías identificar en quién confiar y los riesgos los podías identificar muy fácilmente. Ahora no, en esta guerra hay múltiples enemigos, no hay diferencia entre narcotraficantes y autoridades, entonces no sabes en quién confiar.

De hecho, pude constatar que en muchos lugares de México ya hay un cogobierno entre autoridades y las bandas del crimen organizado y tan es así, que en los comicios del 2012 habrán zonas donde no existirán las elecciones porque no se podrán instalar las urnas, nadie podrá votar porque los cárteles han decidido que la gente no participe en la elección del nuevo presidente de México.  Mientras que en las dos caravanas realizadas por el Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad, pulsé la profundidad de las tragedias que vive México al visitar decenas de ciudades, pueblos y comunidades dominadas por el miedo y el terror. En todo este tiempo como reportero, no me había ocurrido que al escuchar las historias de las mujeres en la búsqueda de sus desaparecidos me pusiera a llorar, y al voltear a mirar a los compañeros periodistas, también vi que estaban llorando detrás de sus grabadoras o cámaras de video.

Creo que los reporteros de la Ciudad de México descubrimos la gran tragedia que vive el país, palpamos cómo se transformó México sin darnos cuenta, y parafraseando el título de un libro colombiano: “En qué momento se jodió Colombia”, algunos periodistas nos cuestionamos perplejos: “en qué momento se jodió México” al ver a un país donde se juntan las miles de víctimas del terrorismo de Estado del pasado con las víctimas de la guerra de Calderón. A través del dolor percibido en las dos caravanas -al norte y el sur de México-, de recorrer más de 8 mil kilómetros por carretera, me di cuenta con claridad que el país está desgarrado –del tejido social-, que hay zonas del país controladas por el narcotráfico en complicidad con las autoridades locales y federales –en una especie de cogobierno-, y que recuperar todo eso será una tarea de años. ¿En qué momento se jodió México?, la verdad es que fueron muchos momentos, es una suma de momentos y el resultado es una crisis institucional de muchos años. Recuerdo que Javier Sicilia me dijo: “a través del dolor se miran distintas las cosas, se ven más nítidas y profundas”, las dos caravanas me permitieron tomarle el pulso al país a través de las víctimas.

MC.- Habemos todo tipo de periodistas en la viña del Señor, algunos no se sensibilizaron y publicaron nefastos reportajes desde los viejos vicios del oficio; ¿monitoreabas lo que escribían la mayoría de colegas en ambas caravanas?

JG.- Bien lo dices Mario, hay viejos vicios en el periodismo mexicano, sobre todo en su vinculación directa con los grupos de poder –desde sindicatos a partidos políticos-; el vicio consiste en informar a través de la declaración, del boletín o del comunicado oficial, olvidando la otra parte –a la que debemos responder- que es la sociedad. Lo que observé en cierto grado al hacer una cobertura del Movimiento de Paz, y ya lo había observado en Chiapas en 1994, era la importancia de publicar las historias de las víctimas, de la gente, y al mismo tiempo las ideas de Javier Sicilia por encima de la versión oficial. Para entender lo que está pasando en México es necesario no quedarse con la parte oficial, sino con lo que dice y vive la gente, que es lo más importante; creo que hasta los medios más institucionales y oficialistas estuvieron obligados a dar una mayor cobertura a las historias de las víctimas. Respecto a dar un seguimiento a lo que escriben otros colegas, con la tecnología te da tiempo de monitorear a los otros medios, de intercambiar impresiones con los colegas y hasta con los articulistas más conservadores –por ejemplo, Enrique Krauze se declaró simpatizante del Movimiento por la Paz- porque se dieron cuenta de la honestidad y transparencia del movimiento y de las caravanas de víctimas que recorrieron la mayor parte del territorio mexicano buscando solidaridad, justicia y paz. Creo que todos los periodistas nos conmovimos con los testimonios desgarradores de las viudas, de los huérfanos, de las madres de los desaparecidos, y de alguna manera nos reflejamos en ellos, en un juego de espejos, porque en los últimos años se registraron 72 asesinatos de periodistas y 11 periodistas todavía están desaparecidos, y eso nos atemorizó, haciéndonos ver la responsabilidad de una digna cobertura de las víctimas.

MC.- La revista Gatopardo publicó: “Conforme el movimiento se vuelve nacional, Sicilia amplia el abanico de personas a quienes consulta para sus pasos políticos”, destacando en su lista: “al editor Andrés Ramírez y Carmen Aristegui” (junio 2011). Sin embargo Gatopardo no te mencionó, y eres el periodista más cercano a Javier Sicilia, ¿te consideras asesor del poeta?

JG.- Te voy a confesar una cosa: mi relación con Javier Sicilia era de compañeros en la revista Proceso, no había la intimidad de una amistad cercana; lo fui conociendo y viendo como a otra persona. Es verdad que conversamos y compartimos interpretaciones de lo que va ocurriendo, pero por experiencia no quiero perder el lindero entre ser amigo y ser reportero; parte de la condición humana nos hace cometer pecados de protagonismos, eso no significa que los periodistas no seamos protagonistas, lo somos por la naturaleza de nuestro trabajo, algunos somos protagonistas con mayor o menor cercanía, pero en el caso del Movimiento por la Paz hay una percepción equivocada de que los periodistas somos asesores de Javier Sicilia.

Hay personajes que sí son asesores fundamentales en el movimiento, por ejemplo: un poeta del que casi nadie habla –por su bajo perfil-, se trata de Tomás Calvillo quien es amigo de Javier Sicilia desde los años mozos. Hace una década hubo un movimiento de resistencia civil pacífica en San Luis Potosí encabezado por el doctor Salvador Nava Castillo, el PRI orquestó un fraude electoral impidiendo que Nava Castillo asumiera como gobernador. En respuesta se organizó un movimiento civil pacífico, se realizaron marchas, plantones y una caravana por la democracia de San Luis Potosí al DF –la caravana se quedó en Querétaro porque les avisaron que ya había caído el gobernador impuesto por el PRI-; participaron cientos de mujeres y hombres quienes realizaron actos de resistencia civil pacifica, y no dejaron entrar a Fausto Zapata –gobernador impuesto por el PRI-. Uno de los asesores del Movimiento Navista fue precisamente Tomás Calvillo, quien es seguidor del movimiento pacifista de Gandhi.

En la actualidad el poeta Tomás Calvillo es uno de los principales asesores del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y se nota su presencia en todos los actos de resistencia civil pacífica, de no violencia. Por eso creo que hay una mala lectura al decir que los periodistas somos protagónicos del Movimiento por la Paz, en mi caso, yo no soy asesor, soy amigo de Javier, le puedo dar una opinión si me la pide; cuando entré a la reunión con los zapatistas en Oventic le dije a Javier: “no te olvides que soy reportero, yo voy por la información”, él respondió –en tono de broma- “le voy a reclamar a Julio Scherer porque todos sus reporteros van por la noticia” (risas).

MC.- La Caravana al Sur tenía varios significados para ti: de 1994 a 1998 viviste en Chiapas; además fuiste el primer periodista en publicar la historia de “La Bestia” con los migrantes centroamericanos; ¿cómo fue tu reencuentro con los rieles de La Bestia?

JS.- El ejercicio más claro para un periodista es la comparación de los temas en distintos tiempos, y a veces nos olvidamos de eso. Para mí fue un choque de nociones y sensaciones regresar a los dos lugares después de varios años. En el caso de los migrantes, en el año 2000 fui a Ciudad Hidalgo y me subí al techo del tren La Bestia, y fui porque vi el trabajo del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. En aquella ocasión, en mi artículo recurrí a la imagen de los salmones para describir la situación y los riesgos que enfrentan los migrantes centroamericanos que siempre “nadan a contracorriente”, van saltando los obstáculos hasta llegar a la frontera norte donde buscan un mejor mundo. Cuando hice ese trabajo y vi a los cientos de migrantes subiendo a La Bestia,  me di cuenta que las cosas estaban muy mal en Centroamérica porque la migración era masiva. También descubrí la existencia de los Maras Salvatruchas, desde aquellos años la diócesis de Tapachula ya había reportado la presencia de “paramilitares” –así definió el Obispo Felipe Arizmendi la mezcla de las pandillas con los desertores de las milicias centroamericanas-, a quienes llamaban: Maras. Me tocó hacer el primer reportaje en México sobre las Maras Salvatruchas, donde se mezclaron los militares y guerrilleros con las pandillas de salvadoreños de Los Ángeles (California), y al verlos me impactó por sus tatuajes de diablos y lágrimas que significan asesinatos.

Así que regresar 10 años después a ver el mismo lugar, me percaté claramente del avance del crimen organizado, de cómo opera y se ha extendido desde la frontera sur hasta el norte, con sus ejércitos de halcones (vigías) y sicarios. Todo esto es un ejemplo claro de la rápida descomposición del país, que ha afectado el tejido social y hasta el comercio controlado por el crimen organizado, provocando inclusive el control de ciudades donde hay especies de toques de queda a las 8 de la noche. En ciudad Hidalgo (Chiapas), por primera vez en muchos años, tuve miedo y atranqué la puerta de mi cuarto de hotel, porque percibí el gran peligro con el que vive la gente, tanto que hasta se mete en los sueños.

MC.- Durante la Caravana al Sur, fuiste el único periodista con acceso al Caracol de Oventic, ¿qué diferencias encontraste entre tu primera incursión informativa de 1994 al caracol zapatista?

JG.- El impacto en Chiapas fue ver los territorios zapatistas transformados, sin una fuerte presencia militar del EZLN sino de la parte civil. Constaté que por una cuestión de estrategia militar los zapatistas se han cerrado y fortalecido internamente. Hay que recordar que todo lo que hace el EZLN tiene un mensaje militar, por ejemplo, lo que hizo algunos años atrás: expulsar de sus zonas a quienes habían sido sus aliados nacionales e internacionales –franceses, italianos y latinoamericanos por igual-, todos pensaron que era una decisión visceral, pero para mí en realidad es una forma de protegerlos ante la posibilidad de que salgan nuevamente a la luz pública, reviviendo la declaración de guerra de 1994. No hay que olvidar que el EZLN es una organización militar clandestina, que saben el significado de la reorganización desde la secrecía. Creo que a partir de 1997 y 1998 cuando el EZLN se repliega, lo que seguramente están haciendo es reorganizarse para tener una presencia nacional. No sé si saldrán en el 2012, pero es una fecha clave porque se elige al nuevo presidente de México, y los zapatistas no necesariamente saldrán de nuevo en Chiapas.

MC.- En Proceso, hiciste la diferencia entre la parte civil y militar del zapatismo: “Ante la Junta de Buen Gobierno de Oventic, que no tiene ninguna representación militar ni partidista” (18/09/2011), ¿cuál fue tu interpretación ante la ausencia del Subcomandante Marcos en Oventic?

JG.- Para mí fue evidente que la parte civil del zapatismo es la que apoya al Movimiento por la Paz, y lo ha mostrado en dos ocasiones: la primera fue el 7 de mayo en apoyo a la marcha por la paz de la ciudad de Cuernavaca a la Ciudad de México, que duró tres días y culminaría el 8 de mayo. Cerca de 20 mil zapatistas civiles marcharon por las calles de San Cristóbal de Las Casas (Chiapas), siendo la manifestación más grande desde su aparición en 1994. La segunda fue precisamente cuando el 16 de septiembre la Junta de Buen Gobierno de Oventic, recibió a una comisión del movimiento encabezada por Javier Sicilia. Fue un gesto muy  significativo de apoyo y solidaridad, pero sobre todo reconociendo la naturaleza pacífica del movimiento ciudadano. Si hubiera sido la parte militar –la comandancia clandestina- la que los hubiera recibido, el mensaje hubiera sido otro completamente distinto, hubiera sido contradictorio que el Ejército Zapatista, es decir, la parte militar del zapatismo, estuviese apoyando al Movimiento por la Paz, y eso para el gobierno hubiera sido una llamada de alerta. Creo que por esta posibilidad de poner en riesgo al Movimiento de Paz fue que los zapatistas reiteraron su apoyo en la parte civil. Muchos periodistas esperaban el espectáculo mediático, la recepción de indígenas encapuchados y una pasarela para las fotografías, pero no fue así. Quienes nos recibieron de una manera muy cálida fueron las autoridades indígenas de esta región autónoma zapatista y nos dijeron: “venimos a escucharlos, nosotros no vamos a hablar”. Y así fue, no hubo mensaje del Subcomandante Marcos quien conoce personalmente a Javier Sicilia.

MC.- Después de la Caravana del Consuelo, el fotógrafo Germán Canseco y tú, se quedaron en Ciudad Juárez durante una semana para trabajar en la Edición Especial #34 de Proceso: “La tragedia en el desierto”, ¿Proceso editará un número especial sobre el Movimiento por la Paz y sus caravanas?

JG.- No descartaría que se edite un número especial de Proceso sobre el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, porque es uno de los movimientos sociales más importantes de los últimos años, pero tenemos que esperar cómo decanta, todavía faltan algunos hechos históricos: la segunda Mesa de Diálogo con Felipe Calderón -14 de octubre-, la Noche de Muertos del 2 de noviembre, sé que para el 20 de noviembre –día de la Revolución mexicana- harán un pronunciamiento muy fuerte, y también están organizando un Congreso Nacional de Víctimas. Me parece que después del segundo encuentro con Felipe Calderón, el Movimiento por la Paz entrará en otra fase, quizás una etapa no tan mediática, donde Javier Sicilia ya no será el protagonista, sino que veremos a un movimiento con muchos liderazgos y de cara al proceso electoral del 2012, con sus propuestas del voto en blanco, revocación del mandato y candidaturas ciudadanas –figuras que no existen en la Constitución Política de México-. En síntesis, creo que veremos un Movimiento con mayor participación social y política, aunque no electoral.

MC.- Finalmente, sin perjudicar la cábala, ¿podrías hablarnos de tu próximo libro?

JG.- Tengo varios proyectos, uno de ellos es hacer un libro sobre el Movimiento por la Paz desde un punto de vista histórico, para tratar de entenderlo como parte de la evolución de la sociedad mexicana; quiero ver los elementos más finos de sus personajes –no sólo a Javier Sicilia-, enfocarme en las historias de las víctimas, así como explicarlo en el contexto que vive el país. Creo que el Movimiento por la Paz trascenderá por años y esencialmente lo que quiero decir, el mensaje que quiero dar, es que la esperanza no vendrá sola, ni a través de un caudillo o un mesías -que tiene que decirnos qué hacer para salir de esta profunda crisis en la que estamos metidos-, sino decir que la esperanza y la paz es un camino que se construyen, que la esperanza vendrá del dolor, y como dijo Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”.

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