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Oaxaca en el inventario de pérdida de selvas originales de México

Publicado por @Shinji_Harper el viernes, 14 octubre 2011
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Oaxaca, México.- “En la actualidad, sólo sobrevive el 10 por ciento de las selvas originales de México, porcentaje que representa alrededor de dos millones de hectáreas”, dijo Mariana Chávez Pesqueira, estudiante de doctorado del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM.

De acuerdo con la universitaria, esos ecosistemas estuvieron prácticamente intactos en nuestro país hasta 1940, pero a partir de ese año, por las políticas gubernamentales de colonización y establecimiento de ranchos ganaderos, se empezaron a talar de manera masiva para convertirlas en potreros de pastoreo.

En la conferencia Selvas altas en México, en el auditorio del Centro de Ciencias Aplicadas y Desarrollo Tecnológico (CCADET), indicó que éstas representan siete por ciento de la superficie terrestre y que más de la mitad de ellas se encuentran en el continente americano, sobre todo en la zona del río Amazonas. En México, representan 10 por ciento del territorio nacional y se ubican en Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Veracruz y San Luis Potosí.

Se conocen también como selvas altas perennifolias, bosques tropicales perennifolios, selvas lluviosas o húmedas. Su principal característica es que poseen una vegetación en extremo exuberante.

“Para que un ecosistema pueda llamarse así, debe tener un clima cálido y húmedo, una temperatura media anual que oscile entre los 22 y los 26 grados centígrados, y abundante lluvia todo el año (una media anual de mil 500 a tres mil milímetros)”, indicó.

Las selvas altas se hallan a una altitud que va desde el nivel del mar, hasta los mil metros, y se localizan entre el trópico de Cáncer y el trópico de Capricornio. El término altas se refiere a que tienen árboles de gran altura; y lo de perennifolias, a que su vegetación no pierde el follaje en todo el año y siempre es verde.

Son los ecosistemas terrestres más biodiversos del planeta, únicamente comparables con los arrecifes de coral en los océanos.

“Los organismos más abundantes son los artrópodos (insectos, arañas y crustáceos, entre otros), a diferencia, por ejemplo, de las plantas, que solamente representan alrededor del 10 por ciento del total de los que las habitan, entre los que hay, además, hongos, algas, mamíferos, reptiles, aves y anfibios”, apuntó Chávez Pesqueira.

Se dividen en cuatro estratos: emergente, conformado por árboles de más de 40 metros de altura; dosel, donde se ubican otros de gran altura, muchas plantas epífitas y lianas; sotobosque, existen árboles y plantas más pequeños, así como helechos arborescentes y, finalmente, piso, donde se encuentran algunas herbáceas, helechos y una gran variedad de microorganismos.

La regeneración natural depende principalmente del proceso conocido como dinámica de claros, en el que debido a la caída de árboles (por muerte natural o viento) se abre un espacio en el dosel que permite la entrada de luz al piso de la selva (a donde sólo llega el uno por ciento de toda la que reciben los estratos superiores) y, por consiguiente, la germinación y el crecimiento de nuevas plantas.

Desde que se forma un claro en una selva, hasta que ésta vuelve a alcanzar la madurez pasan de 60 a 140 años, y aproximadamente seis por ciento de esos entornos es ocupado por claros en diferentes estadios de regeneración.

Chávez Pesqueira añadió que ese tipo de zonas en el país se vieron afectadas en la década de los 50 del siglo pasado, por la construcción del ferrocarril del Sureste y de varias presas hidroeléctricas, así como por la expansión de la red carretera y de la industria petrolera.

“Además, a partir de la reforma agraria, una vez que se agotaron las tierras agrícolas disponibles, el gobierno envió a la gente a las selvas”.

De este modo, regiones con estos ecosistemas como La Huasteca, en San Luis Potosí; Los Tuxtlas, en Veracruz, y Bonampak, en Chiapas, sufrieron un deterioro tan grande que actualmente viven lo que podría denominarse una situación de emergencia ecológica por su alto grado de fragmentación.

“Por ejemplo, 75 por ciento de la selva de Los Tuxtlas –donde la UNAM tiene una estación de investigación biológica– ha desaparecido, 20 por ciento está constituido por fragmentos aislados, y únicamente cinco por ciento por áreas grandes y protegidas”.

La investigadora afirmó que hoy, en México, la principal causa de desmonte es la ganadería, seguida por los incendios provocados por humanos, la agricultura y la tala ilegal. “La primera ocasiona que lo que antes era un paisaje totalmente selvático, ahora esté lleno de potreros, donde sólo sobreviven ciertas partes de selva en la zonas altas o inaccesibles para el ganado”.

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