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Indígenas dan la batalla por su derecho a votar en Oaxaca

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 20 octubre 2011
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Citlali LÓPEZ/CIMAC

Oaxaca, México.- En Santo Tomás Mazaltepec,  Adelfa se plantó con agallas frente al grupo de varones. Su voz no se quebró al exigir que las mujeres de esta localidad, cabecera del municipio oaxaqueño del mismo nombre, participaran en las asambleas comunitarias para tomar decisiones y elegir a las autoridades.

La demanda caló hondo en el orgullo machista de algunos vecinos, quienes replicaron virulentos: “¡¿Qué?! ¡¿Esa mujer no tiene metate?!”. Era el año 1999.

Fue el primer intento de Adelfa Menees Matías, maestra de primaria, por abrir brecha a la participación política de las mujeres de su pueblo. Pero no lo logró. No pudo traspasar aquella muralla masculina que ordenó la exclusión de ellas de la toma de decisiones para la comunidad.

“Cuando intenté participar en la asamblea los hombres gritaron: ‘A esa mujer mándala a hacer tortillas porque aquí las mujeres no participan’. ‘Sólo estoy ejerciendo mi derecho’, les contesté. Ya no volví a asistir, me sentí mal después de eso”, recuerda Adelfa con tristeza.

Hoy, ella tiene 48 años de edad, y dice que desde que tiene uso de razón no recuerda a alguna mujer que haya participado en las asambleas comunitarias de su localidad.

En 2002 vino un segundo intento. Acompañada por otras mujeres de la comunidad, Adelfa se apersonó en la asamblea comunitaria para presentar una propuesta contra el rezago educativo, con la construcción de otra escuela primaria para garantizar la asistencia de las y los niños que viven en las zonas más alejadas.

“No faltó quien nos chiflara, nos gritaron que nos fuéramos. Nuestra voz tampoco tuvo eco y las mujeres se intimidaron”, relata.

Sin embargo, ellas buscan reagruparse nuevamente, pues consideran que es necesaria y urgente su inclusión en las asambleas en beneficio de la comunidad.

“Es urgente porque las malas administraciones nos están llevando a mal camino y al final los que sufren son los hijos”, asegura Adelfa.

MUJERES SIN VOTO

Santo Tomás Mazaltepec pertenece al distrito de Etla, en la región de los Valles Centrales. Se ubica a menos de una hora de Oaxaca, capital del estado. Es uno de los 43 municipios –entre los 418 regidos por el sistema de usos y costumbres en el estado– donde a las mujeres no se les permite votar para elegir a sus autoridades locales.

En este lugar ninguna mujer ha ocupado un cargo público, ni como regidora o síndica, mucho menos como alcaldesa.

Los usos y costumbres varían de municipio en municipio. El derecho consuetudinario para elegir autoridades está protegido por la legislación electoral del estado de Oaxaca.

Así, en nueve municipios las mujeres pueden votar sólo si su esposo está fuera de la comunidad. En 34, ellas pueden asistir a las asambleas, pero no votan, y en 208 municipios se realizan asambleas de mujeres.

El derecho al voto sólo se les permite en las elecciones federales y estatales, pero no en las municipales.

Esta realidad en la entidad contrasta con lo que ocurre en las ciudades de otros estados, donde el pasado lunes se reflexionó sobre los derechos políticos de las mexicanas, como parte del 58 aniversario de la conquista del sufragio femenino.

TOMAR EL PODER POR ASALTO

Odona García, líder de un grupo de mujeres productoras de Mazaltepec, afirma que el poder debe ser tomado por asalto. “No solicitar, sólo ejercerlo”, precisa.

Hace 10 años, Odona soñó con ser presidenta municipal. “Quise ser alcaldesa… fue sólo un sueño”, dice con resignación. Narra lo que pasó en esa ocasión: “Dos hombres se levantaron en la asamblea y preguntaron ‘¿qué quiere esa mujer? En el metate debería de estar. Atienden a la señora o nos vamos’”.

Pero la indígena mantiene aún su convicción: “Si vamos organizadas y nos hacemos presentes, tendremos posibilidades de ejercer nuestro voto”.

Virginia Castellanos Ramírez, es otro ejemplo del poder femenino. Tiene 48 años, es comerciante y maneja un taxi desde hace tres años luego de que su esposo murió en un accidente.

Como parte de sus obligaciones comunitarias por ejercer una concesión de taxi, ella realiza labores de mantenimiento del camino. Lo hace sin falta y a la par de los varones.

“Muchas mujeres hemos querido traspasar más allá porque hay muchas cosas que no nos gustan de la manera cómo se toman acuerdos… Sólo falta vencer el temor a ser rechazadas ahí mismo en la asamblea. A la voz de ya tenemos que tomar esa decisión, pero se necesita la unión de las mujeres”, arenga.

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