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Reflexionan sobre los lenguajes ocultos del libro ilustrado

Publicado por @Shinji_Harper el sábado, 29 octubre 2011
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Oaxaca, México.- Al dictar en el Segundo Encuentro Internacional de Salas de Lectura, la conferencia La gramática del libro ilustrado, el especialista e ilustrador Javier Sáez de España, aseguró que la relación entre el autor y lector de los llamados “libros álbum” se convierte en un proceso cada vez más complejo en el mundo de la imagen.

“La palabra y la imagen dentro del libro es una larga tradición en la literatura, cuando tomamos un libro ilustrado se inicia un fenómeno en el que tanto la palabra y los dibujos se funden como una lectura tanto simbólica como imaginativa”.

Sáez afirmó que en el libro ilustrado la imagen no debe pervetir a la palabra y viceversa, debe existir siempre un equilibrio entre ambos lenguajes para hacer partícipe a la imaginación del propio lector.

“Se habla mucho de la magia de la lectura, pero en realidad la magia es un proceso mecánico en el que se mezclan unos ingredientes y se hace un hechizo, en realidad el libro va más allá de este proceso, porque cada historia puede despertar un mundo inimaginable de posibilidades”.

El ilustrador aseguró que el libro álbum cobra sentido en el lector al mirar la imagen en combinación con las palabras, un momento de duda en el que valora si la ilustración se adapta a eso que imaginó.

“Siempre debemos de tomar en cuenta que el libro ante todo existe en la imaginación del lector, quien construye una imagen propia de cada historia, este fenómeno lo vemos también en el cine, donde tenemos la sensación de que la realidad está impregnada de aquello que acabamos de ver en pantalla”.

Dijo que el autor e ilustrador tiene que tener una imagen central y unitaria del concepto que quiere plasmar en un libro, sin embargo debe tomar en cuenta que estos conceptos serán totalmente distintos a la hora que trasciendan a la mente del lector.

“Si el autor fuera un mero plasmador de conceptos totalitarios, mejor debería dedicarse a ser agente de tránsito y lanzar las señales que todos deben obedecer sin plantear cuestionamientos propios”.

Para ejemplificar sus conceptos, puso como ejemplo el libro de su autoría titulado Limoncito, un cuento de navidad, donde en su opinión se manifiestan los tres niveles del libro álbum contemporáneo: la imagen, la secuencia y el libro en conjunto.

En el libro, un hombre en la víspera de navidad se encuentra con su oso de peluche de la niñez, llamado Limoncito, a quien le cuenta las penurias de su vida y la manera como fue domado por la sociedad y sus prejuicios, convirtiéndose en un hombre adocenado.

Con ilustraciones de gran calidad proyectada en las pantallas del auditorio, Javier Sáez mostró la manera como se relacionan imagen y texto, narrando la manera como el oso Limoncito se dedicó a crear con tela y algodón a otros como él en el taller de la vieja casona para ayudar a las personas a no olvidar sus sueños.

El ilustrador afirmó que el libro ilustrado representa una de las formas de comunicación más antiguas de la humanidad y en este siglo de la imagen se ha integrado con una sorprendente actualidad a los lenguajes visuales y estéticos modernos.

Recordó que el libro de Limoncito lo comenzó a crear en 1986 cuando estudiaba en la Facultad de Bellas Artes, donde los conceptos que preponderaban era que el arte debe inclinarse hacia la vanguardia y el trabajo de los ilustradores era menospreciado.

“Pongo como ejemplo esta obra porque como autor yo también me convertí en lector y he ido descubriendo a lo largo de más de 20 años lo que significa, el personaje principal Elmer, tiene mucho de mí mismo, porque aborda el tema de cómo se enfrenta alguien a la infancia después de 40 años”.

Finalmente, dijo que en la ilustración contemporánea deben incluirse en cada dibujo simbolismos y señales que puedan ser descifrados una y otra vez por el lector.

“En Limoncito vemos muchas señales de la vida del personaje principal como un hombres descuidado, entregado al alcohol y a los excesos, vemos botellas de cerveza, cajetillas de cigarros, un gran sillón donde pasa sus días, todo eso es una lectura aparte para el lector”.

Y agregó: “El trabajo del ilustrador es también el de tener un imaginario. El libro ilustrado es uno de los pocos que tienen varias dimensiones, porque tanto el autor como el lector son los encargados de descubrir poco a poco su significado”.

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