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La lectura, esencia de la condición humana: HGV

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 20 febrero 2012
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Oaxaca, México.- Hugo Gutiérrez Vega confiesa que celebrará su cumpleaños 78, este 20 de febrero de 2012, en compañía de sus libros, amigos y sus seres queridos, algo que con los años se ha convertido en un pleonasmo tripartita.

En la intimidad de su hogar, el escritor, poeta y periodista compartió con Conaculta sus opiniones sobre el gusto de la lectura y esos recuerdos vivos que lo han convencido de que a través de los libros ha tenido el privilegio de vivir muchas vidas en una sola.

—¿En qué cree que radica la riqueza de abrir un libro y de poder  cambiar nuestras vidas a través de sus páginas?

—Yo pienso que la lectura es una parte esencial de la condición humana. Un libro puede cambiar nuestra perspectiva vital, puede enriquecer nuestra actitud moral, nuestra solidaridad, reconciliarnos con la otredad, como decían los existencialistas, respetar al otro, quererle.

Un libro no sólo nos puede cambiar la vida sino que nos puede entregar lo que llaman los ingleses the meaning of life, el significado de la vida. Por eso la gente que no lee, que no se acerca a un libro, que no lo abre, que no lo goza, que no lo venera, pierde una libertad esencial de lo humano que es la lectura, el conocimiento de la humanidad.

—¿Recuerda alguna de sus primeras lecturas y en qué contexto la realizó?

—Yo empecé a leer muy pequeño, desde los cuatro o cinco años, en que ya leía con bastante soltura, recuerdo que tenía lecturas de cuentos de hadas con hermosas ediciones de Molino, una editorial española, con ilustraciones de Freixas, un catalán magnífico ilustrador de cuentos noruegos, suecos, franceses, alemanes, también me gustaban los cuentos de los hermanos Grimm, los cuentos de Andersen.

Mi generación estaba dividida en dos grandes grupos: los Vernistas, seguidores de Julio Verne, y los Salgaristas, seguidores de Emilio Salgari. Yo al principio me incliné por Salgari, leí toda la serie de Sandokan, el tigre de Malasia, El pirata negro, El pirata rojo, El pirata verde, La hija del pirata, después Verne con su libro Dos años de vacaciones me abrió sus puertas y entré al mundo del Viaje a la luna, Viaje submarino, Viaje al centro de la tierra, todo lo que Verne descubrió tantos años antes que los científicos, sus maravillosas premoniciones y la alegría de los descubrimientos.

Después, obviamente, Alexandre Dumas, una novela, que, tiene razón García Márquez, que es la más perfecta de las novelas, no digo la mejor sino la más perfecta, la mejor construida, la novela El conde de Montecristo.

Leí mucho a los franceses hasta que de repente a los once o doce años descubrí la Iliada y la Odisea, las leí como películas. Yo iba mucho al cine, siempre fui muy cinero (sic), para mí la pantalla es un educador sentimental en muchos sentidos. Y me puse a leer a los griegos con gran entusiasmo, de Homero pasé a los dramaturgos Esquilo, Sófocles, Eurípides, y luego una parte larga de mi vida, estoy hablando de mi vida de niñez, de mi vida de adolescencia, la llenó El Quijote.

A la obra de Cervantes, Hugo Gutiérrez Vega la define como el eje de su visión de la literatura y del mundo, no obstante definirse fundamentalmente como escritor de poesía.

“Leo mucha poesía, en aquella época de juventud me acerqué mucho a la generación del 27, a Alberti, a García Lorca lo leí íntegro, a Cernuda y a poetas mexicanos como González Rión y Plasencia, López Velarde y otros como Nervo. En realidad entré a la poesía inglesa de la mano de Elliot. Entonces fueron un poco caóticas mis lecturas, ya las ordené un poco más cuando estudié letras, pero fueron deslumbramientos, descubrimientos del mundo de la realidad, fui por lo tanto un niño muy libresco”.

—Y ahora, por lo menos desde hace una década, se discute entre los especialistas la manera de hacer que los niños encuentren el gusto por la lectura, usted ¿qué podría decir al respecto?

—En primer lugar, la gente debe tener libros en casa. Los niños no leen porque los padres no leen. Una casa sin libros es garantía de que los niños jamás se acercarán a los libros.

Eso empieza en casa, los padres leyendo, leyéndoles a los niños antes de dormirse, por ejemplo, la vieja ceremonia de leer un cuento de hadas para que los niños duerman plácidamente, y luego la instancia socializadora que es la escuela, pero hay que dejar que los niños lean lo que les gusta, no imponerles lecturas, que eso siempre resulta contraproducente.

Y de parte del Estado, procurar que los libros sean accesibles a los bolsillos de nosotros, “la prole”. Tuve el enorme privilegio de dirigir en  mi institución cultural la UNAM una colección que se llama Material de Lectura, libritos que los vendíamos a 5 pesos, y se vendían como pan caliente, con la venta de uno hacíamos el siguiente. El material de lectura llegó casi a los 200 ejemplares.

—Otra de las polémicas es el libro electrónico y el vaticinio de algunos  de la desaparición del libro impreso en papel, usted ¿qué opina sobre este tema?

—Definitivamente hay algunas cosas que, a pesar de los enormes avances tecnológicos, van a seguir vivas. Por ejemplo, en lugar de una pastilla que contenga 70 vitaminas, vamos a seguir comiendo chiles en nogada, vamos a seguir tomando café, vamos a seguir tomando chocolate, vamos a seguir yendo al cine y a cumplir el rito de las palomitas con la novia.

Hay ciertas cosas, decía Umberto Eco, que el hombre ha descubierto y no pueden morir mientras no muera el hombre, y una de esas cosas es el libro. Claro, bienvenido el libro electrónico, los chicos están ya acostumbrados a la pantalla de la computadora, se manejan perfectamente con esos extraños aparatos, entonces yo le doy la bienvenida y me parece muy bien que así sea, pero creo que el libro, el papelito, el olor a papel fresco, a tinta de imprenta, mientras la humanidad sea humanidad, va a seguir, aunque siga al lado de las nuevas tecnologías, bienvenidas sean, pero le aseguro que hagan lo que hagan, no van a remplazar al olor de la tinta de imprenta.

—¿Considera que a través de los libros ha podido vivir  muchas vidas?

—Así es, efectivamente, no sólo eso, sino que he comprendido el valor de la vida, he aprendido a respetar a los demás, los libros me han permitido en primer lugar abrir la imaginación, descubrir muchas cosas del mundo que sin los libros jamás hubiera descubierto, me han permitido reflexionar sobre la condición humana y me han dado un enorme gozo, porque uno goza mucho con la lectura. Yo soy escritor pero gozo más leyendo que escribiendo, por eso si algo agradezco a la vida es haberme dado los libros, que son fuente de placer y de gozo y de acercamiento al meollo más profundo, más íntimo de la vida humana. Y eso que ahora cumplo 78 años, que son muchos años.

—¿Qué proyectos está realizando ahora?

—Fundamentalmente el suplemento en La Jornada, que ocupa gran parte de mi atención, pero estoy preparando también una nueva colección de mis ensayos y columnas, que va a ser el Cuarto Bazar de Asombros. Estoy trabajando con grandes dificultades en un pequeño libro de poemas que espero… sea mi testamento.

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