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Rosario Guerra: ambiguo discurso de género para llegar al GDF

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 22 febrero 2012
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Guadalupe CRUZ J. / CIMAC

 
Oaxaca, México.- 
Formada en el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por políticos como Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís, Rosario Guerra, precandidata a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal por el Partido Nueva Alianza (Panal), define su labor en la escena pública como la combinación de trabajo en temas económicos, políticos y “en menor grado de género”.
 
No obstante, la aspirante dijo a Cimacnoticias que como diputada federal en las Legislaturas 54 y 56 logró, junto con las priistas María Elena Chapa y Rosa María Sauri, entre otras legisladoras, abonar al avance de las mexicanas.
 
La también académica de la UNAM señaló que su aporte legislativo más importante en materia de género, fue la introducción del Programa Nacional de Mujeres a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, que dio pie a la creación del Instituto Nacional de las Mujeres.
 
Durante la 56 Legislatura (1994-1997), relató la politóloga, “nos unimos Dulce María Sauri, María Elena Chapa, la perredista Rosario Robles y la panista Cecilia Romero, y sin el consentimiento de nuestros dirigentes presentamos la iniciativa y logramos que se aprobara”.
 
En su segundo periodo como diputada federal, además de participar en comisiones económicas, la ex priista indicó que comenzaron los trabajos para crear una ley de cuotas de género.
 
Aclaró que en este tema hubo resistencia por parte de sus compañeros, quienes argumentaban que no había necesidad de cuotas porque lo que debía valorarse era “capacidad y no el género”.
 
La entonces diputada priista respondía: “Tenemos que meter cuotas porque ustedes a sus amigos sí les permiten aprender, equivocarse y seguir adelante, y a las mujeres no se les da esa oportunidad”.
 
CONTRA LA VIOLENCIA
 
Rosario Guerra también participó en la aprobación del financiamiento público de los partidos, de las coaliciones, así como la creación de tribunales electorales y del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe).
 
Mientras que en la 54 Legislatura (1988-1991) destacó que ganaron “mayor protección para las víctimas de violencia”. En ese periodo también abordaron el tema del hostigamiento sexual “que los compañeros veían como un escándalo que pudiera dar pauta a falsas imputaciones”.
 
En ese periodo, Guerra indicó que en trabajo conjunto con otras legisladoras se logró mantener el 1 por ciento de las cuotas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), para el rubro de guarderías, el cual estaba en riesgo con la reforma a la ley del instituto.
 
Su primera diputación, dijo, la ganó en una elección muy cerrada: “Soy de las pocas priistas que ganan”. En ese entonces, Manuel Camacho Solís, quien fue su maestro en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, era regente de la capital.
 
Rosario Guerra recordó satisfecha esa etapa: “Era una mujer joven y empoderada, poco común en el Congreso, y me dieron a coordinar a los diputados del Distrito Federal. No fue sencillo coordinar a gente como Joaquín Álvarez Ordóñez y Demetrio Sodi”. Sin embargo contó con el apoyo de sus compañeros de bancada.
 
FORMACIÓN SALINISTA
 
Su participación política inició desde la preparatoria y se mantuvo con interés exclusivo en la docencia, hasta que en la universidad recibió la invitación de militar en varios partidos políticos, pero eligió el PRI, acogiendo la reflexión de uno de sus maestros: “Si quieres hacer cosas entra al PRI, si quieres decir cosas da lo mismo cualquier partido”.
 
Guerra, quien en 2000 contendió por la jefatura delegacional en Coyoacán, consideró que su crecimiento en el tricolor se facilitó por su cercanía con Carlos Salinas de Gortari, un político que “buscaba reclutar mujeres, decía que quería brindar a la ciudadanía mujeres preparadas para gobernar”.
 
“Él sí dio la oportunidad de tener cuadros de mujeres en mandos medios y superiores; sólo en la Secretaría de Programación y Presupuesto (encabezada en su momento por Salinas) éramos 300”, entre ellas Rosa María Sauri, Laura Garza, María Elena Vázquez Nava, María de los Ángeles Moreno y Alicia Argüelles, enumeró la ex diputada.
 
SU PASO POR EL PRI
 
Sin embargo, quien fue consejera política del PRI nacional y capitalino, refirió que en general la participación de las mujeres en el tricolor “no es sencilla”.
 
“Cuando ingresé empezaba a verse mal que las fotos fueran sólo de señores; comenzaban a abrirse espacios para las mujeres. Decía María Lavalle Urbina (la primera mexicana en encabezar el Senado) que a ella ya le daban el asiento, aunque no el lugar”, recordó.
 
La falta de espacios para ellas “generaba una rivalidad terrible entre las mujeres porque como nada más había una en la foto, a codazos, patadas y mordidas competían para ocupar ese lugar”.
 
En la generación de Guerra “no era una sola mujer, ya había más”, por lo que le tocaron compañeras más solidarias, algunas interesadas en formar redes de apoyo.
 
Rosario, quien fue presidenta del Congreso y vicecoordinadora de su fracción parlamentaria, observó que además de la falta de espacios y la rivalidad entre mujeres, una “barrera fundamental” en la participación política de las priistas es el tema educativo.
 
Ahora, con las cuotas de género estipuladas en el Cofipe habrá más oportunidades, pero por la competencia “el PRI ha cerrado muchísimo la participación, desplaza a las mujeres por no ser competitivas’ y favorece a los hombres, ello ha ido mermando la participación de las priistas en la Cámara de Diputados y el sector público”, acusó.
 
A decir de la panalista, el tricolor adolece también de “cultura política y solidaridad de género”, por lo que decidió salir del partido, en el que la violencia de género es una práctica sin condena, afirmó.
 
Así se explica que después de tres meses de que fue agredida físicamente por uno de los “grupos duros” del PRI, encabezado por el diputado federal Cuauhtémoc Gutiérrez, durante el registro de planillas para el Consejo Político Estatal, ella no recibió el apoyo de su partido para sancionar a los responsables.
 
Por el contrario, contó indignada, sus agresores “se toman la foto con los dirigentes y candidatos nacionales y van a ser postulados a cargos de elección popular; estamos en la indefensión… mientras ellos están empoderándose y pueden llegar a tener fuero para quedar en la impunidad”.
 
Por lo anterior, Rosario Guerra se alejó del tricolor. Y con el interés de continuar con su “activismo político”, decidió aceptar la invitación del líder del Panal en el DF, Jorge Gaviño, para sumarse a las filas de ese partido y contender por la Jefatura de Gobierno.

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